Ven y enloquece

Ven y enloquece
Fotocomposición a partir de una imagen de Eva Green en la película “The Dreamers”

miércoles, 30 de julio de 2008

Lección de anatomía narrativa07



Sin lugar a dudas la Inglaterra Victoriana obsesiona a Moore. Y es que esta era que cubre desde 1837 a 1901, ha marcado profundamente a la sociedad británica. Al producirse entonces toda una serie de cambios sociales que obligaron a los artistas a tomar posición frente a cuestiones inmediatas. Los nuevos avances científicos, La teoría de la evolución, La masonería, El marxismo,... tendrán su variante artística. Autores como C. Dickens, T. Hardy, las hermanas Bronte o R. Kipling reflejan en sus obras esta opresiva e innovadora época de consolidación del Imperio Británico.

Simultáneamente se produjo una renovación en el género fantástico, personajes como Drácula, Sherlock Holmes o Frankenstein cobran vida a lo largo de este fértil periodo.
En esta serie limitada de 6 episodios ambientada en 1898, de la que se anuncia una continuación, Moore agrupa personajes muy dispares Nina Murray del Drácula de B. Stoker, EL capitán Nemo de J. Verne, El hombre invisible de H. G. Welles, Allan Quatermain de H. R. Haggard y el Dr. Jekyll de R. L. Stevenson. curiosamente esta selección de antihéroes está llamada a defender los intereses del Imperio Británico frente a una ignota amenaza.

La trama parece sacada de un primerizo guión de Claremont para La Patrulla-X.:
Un desgastado héroe, ahora opiómano; una agresiva mujer de obscuro pasado; un científico invisible que abusa de sus poderes sin remordimiento, un doctor con doble personalidad temeroso de perder el control y un convencido rebelde contra toda autoridad componen la formación llamada a proteger nuestros sueños. Lo que les mantiene unidos no es un espíritu de grupo, sino el saber que luchar por el bien común es la única solución para resolver sus respectivos problemas. Esta momentánea supeditación de los intereses individuales ante los comunitarios, no hace que los personajes pierdan sus rasgos individuales, lo que provoca que afronten los problemas de una forma lúcida y personalizada. Esto podría llegar a ser considerado como una extrapolación de la sociedad actual en la que personas de diferentes razas, creencias e ideologías nos vemos obligados a convivir buscando un fin común que satisfaga nuestras necesidades.

Tanto Moore como O'Neill, nos presentan a los “ligueros” lo más antipáticos posibles. Quatermain es mostrado como un yonki, Jekyll como un sanguinario monstruo, Nina como una desagradable engreída. La caracterización más sorprendente es la de El hombre invisible. Aprovechando su invisibilidad se refugia en un estricto internado, regentado por una directora gustosa de aplicar la “disciplina inglesa” a sus alumnas. En este vergel dará rienda a sus bajos instintos, contándose entre sus víctimas una Pollyanna de sospechosa semejanza con la figura fílmica.
Aprovechando sus conocimientos sobre los personajes, Moore realiza una especie de deconstrucción con ellos. Allan Quatermain antaño ejemplo de héroe colonialista, es ahora presentado como un débil anciano aliado a uno de los mayores enemigos de la corona el capitán Nemo, el cual también traicionando su leyenda se ha unido al Servicio Secreto de su Majestad o Wilhemina Murray, que no se libera de su bufanda para evitar hacer públicas las marcas de su pasión vampírica.
No duda a la hora de entremezclar historias y el resultado es brillante. Tras un viaje a Paris a bordo del Nautilus, descubrimos que los crímenes de La Rue Morgue relatados por Poe e investigados por un Auguste Dupín hacía 47 años, son continuados por el Mr. Hyde creado por Stevenson y convertido por Moore en un monstruo antropomórfico.

La actualidad de la época como los asesinatos de Whitechapel, el sufragismo o el Taylorismo, se cruza con reflexiones sobre cuestiones eternas como la drogodependencia o la eterna enemistad anglo-gala.
No faltan referencias al fantástico más actual. El Dr Xavier de este grupo, Campion Bond, presenta un apellido coincidente con el del personaje de Ian Fleming, a esto se une el que el referente de su superior se limita a una huérfana M, casualmente nombre clave del jefe de 007.
Obviamente había que buscar un enemigo que justificase tan extraordinaria alianza. Tras sopesar varias alternativas, entre las que se encontraba el Jack el destripador de From Hell, Moore optó por un malvado exótico, inteligente, despiadado con capacidad de iniciativa y alejado de los ambientes sofisticados, que habitará la obscuridad de fumaderos de opio y abandonados embarcaderos. Rodeado por un ejército de juramentados que sacrificarán su vida por su perverso señor. Ante los problemas legales para disponer del Dr. Fu-Manchu, recurrió a un remedo del personaje al que se apodó Doctor. Su primera aparición, escribiendo con ácido sobre la piel de una víctima aún viva es totalmente definitoria.

¿Pero es este Doctor que ansía apoderarse de un material que le permita crear una gigantesca aeronave de guerra el único malvado al que se enfrentará La liga? Parece que no, pues al final del cuarto capítulo descubrimos que el misterioso M. se llama James. ¿Ha dicho alguien el nombre de James Moriarty? ¿Quién es el misterioso personaje que en la publicidad aparece con una interrogación por cabeza?. El tiempo lo dirá querido Watson.
El realista dibujo de Kevin O’Neill imprime gran verosimilitud a la narración. Al evitar el efectismo y actuar como ilustrador de lo cotidiano, como los dibujantes de sucesos para los tabloides de la época, nos posibilita asistir directamente a las escenas, sumergiéndonos en la narración desde la primera viñeta.
Aunque dibuje imágenes impresionantes como la 1ª aparición del Nautilus o la presentación de Edward Hyde en la serie, O’Neill busca transmitirnos la sorpresa o el terror que invadiría al espectador directo de la escena y no impresionarnos con viñetas bien dibujadas pero nada expresivas Su estilo aparentemente descuidado y tendente a la mancha capta la atmósfera de los sórdidos ambientes reflejados en la serie.

Su cuidado trabajo con los personajes presentados con aire melancólico, privados de embellecimiento, nos transmite la languidez y tristeza de unos seres que jugaron fuerte en la vida, por caminos diferentes buscaron alcanzar el máximo de libertad y ahora se ven reducidos a meras marionetas.
Destacar el uso realista de la iluminación. En una época en la que la luz nocturna procedía de tenues lámparas de gas y la luminosidad diurna era más bien escasa en los lúgubres ambientes en que se mueven los personajes, O’Neill logra que, aunque rodeado de sombras, su dibujo transmita fuerza, sea completamente visible y conserve su enorme naturalidad.

Nos encontramos con unos impagables anuncios, que a la usanza de la época publicitan desde muñecas hinchables a tabaco contra el asma. Por desgracia la lenta producción, hace que a la intriga de la trama se añada la incertidumbre de su finalización.

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