Ven y enloquece

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martes, 21 de octubre de 2008

María Antonieta y el Heliocentrismo


¡Hola a todos!
Lo siguiente viene a cuento a raíz de un desencuentro surgido tras visionar —recostado en los brazos de mi mujer inmadura— María Antonieta, dirigida por Sofía Coppola.Acabada la peli, le propuse que picáramos algo, cuando mi mente estaba en pecar bastante. Y de ahí vino el problema… de lo dicho, no de lo callado.

Mientras apuraba el tente en pie, para tumbarme a sus pies, empezamos a hablar de lo vacía que nos había parecido la obra. En un principio, no quise entrar mucho en el tema, pues el visionado había sido en su patio de butacas y me temía que el filme figurara entre los 10 que se llevaría a una isla desierta en lugar de empaquetarme a mí.

Pero mi Wendy abrió el ventanal de la opinión crítica, y entré alborozado por él: “Nada, suelto cuatro generalidades pretenciosas, y pasamos a las palabras a los lechos”

Quizás puedo aducir que en ese momento mi mayor concentración de sangre no estaba en el cerebro, que el escuchar sus susurros me había impedido oír los diálogos, o que sólo a un degenerado se la habría ocurrido ver la peli en la pantalla pudiendo admirarla reflejada en sus ojos. Vamos, que si en vez de María Antonieta, hubiera reproducido María Estuardo, ¡como que no me habría enterado!


Embebido por el deseo, fantaseé y critiqué denodadamente el filme que no había visto: narrativa caótica, abuso de planificación forzada, diálogos incoherentes… en fin, toda una serie de generalidades que disimularan mi embriague con el bebedizo de su aroma.
Ella, en su reflexión, criticaba detalles estéticos: que si una reina de la época no haría tal cosa, que si el uso de música pop era anacrónico, que si los movimientos de cámara le restaban realismo…

¿Realismo?, podría haber dicho cualquier palabra —incluso esternocleidomastoideo— que yo habría seguido absorto escuchándola, pero… ¿realismo? A mí, que sostengo que la Vida es algo sórdido que hay que embellecer, no me vengáis con autenticidad, ¡que me pongo atómico!

Le propuse que en lugar de realista, el enfoque fuera costumbrista con retazos naturalistas. Vamos, que lo ideal habría sido que el rodaje transcurriera en los escenarios reales, con luz natural, música de cámara y hablada en un francés obsoleto.
En mi ironía, le sugerí sustituir su tabaco por rape para acompañar el visionado.

Sabido es que la ironía no funciona cuando ellas tienen la sartén por el mango, y amenazan con apretarlo. Así que, antes de que me mandara a dormir a la caseta del perro, le conté la siguiente anécdota, tristemente verídica.

Hace muchos años, en una academia cercana, estaba explicando a los alumnos de Graduado Escolar las Teorías Heliocéntrica y Geocéntrica.
En un momento dado, les comenté a los chavales la importancia de la Astronomía en culturas como la Egipcia o la Romana.
Para mi sorpresa, una chica de más de 18 años resolvió que no eran teorías tan antiguas. En ese momento —con Parque Jurásico II arrasando en taquillas— me imaginé que me saldría con alguna milonga sobre los dinosaurios y la prehistoria de nuestro planeta.
Pues no, la pobre dijo que no eran tan viejas pues ¡ya había películas hechas por los latinos! La inocente pensaba que las pelis de romanos las protagonizaban romanos.


Su comentario provocó risas entre sus compañeros, pero no muchas. Recuerdo que entre sus adjuntos figuraba un chaval —violado por su padre— que se creía un vampiro, y al que dejábamos que siguiera la clase desde un anexo en penumbra; un par de pastilleros con el cerebro borrado por los tripis; y una anulada que ante cualquier muestra de aprecio, te correspondía ofreciéndote sexo como compensación por el exfuerzo docente.

La triste autenticidad de esta historia sobre una persona que pensaba que toda película era un documental, nos llevó a tratar otra serie de temas.

No podía evitar comentaros este sucedido tan desunido. Por alguna razón, el estreno de la película Camino, me ha llevado a preguntarme por el paradero de esta alumna de salud quebradiza, cuyos padres militaban en una secta religiosay no tardaron en sacarla del centro.
Respecto a si mi María Antonieta me guillotinó, sólo deciros que esa noche no.
Anoche, sí.

Es decir, últimamente produro disfrutar de la vida, falsearla barnizando de belleza sus detalles sórdifos y apreciando la grandeza de lo cotidiano.
Para recrearse en su crudeza están los miserables.

Venga, una vez más, pero esta vez con sentimiento, hagamos de lo cotidiano algo festivo; pues llegarán momentos en que añoraremos lo que hoy relegamos por prosaico.



©Nino Ortea Gijón, 20-X-08

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