Ven y enloquece

Ven y enloquece
Fotocomposición a partir de una imagen de Eva Green en la película “The Dreamers”

miércoles, 28 de enero de 2009

Me hicieron criminal


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Tengo que encontrarla, ¡Tengo que encontrarla!
Sólo ella puede probar mi inocencia, pues la lleva prendida en cada pliegue de su piel.
No fui yo quien mató a Laura Palmer, fue el “otro”, fue Bob. ¡Qué el fuego camine con él y lo consuma!
Lo conocí mirándome al espejo, no podré olvidar nunca cómo le apesta el aliento. Un día salió de mi cuarto de baño, mientras yo estaba ordenando por colores mi colección de airgamboys, y del susto me tragué el arco del “indio aguerrido”, que aún se me clava cuando me siento bocabajo.
El caso es que al vislumbrarlo se me quedó el pelo blanco; y, dado que el negro es mi color, desde entonces llevo mi cráneo rasurado pues prefiero que me llamen calvo a blanquito, que me suena a nombre de gorila albino. Y yo soy Kong, ¡King Kong!

Por entonces, el bueno de Bob sólo venía a verme por las noches. No sé cómo se las arreglaba para seguirme, pero siempre lo acababa encontrando en el cuarto de baño de algún bar, tras haberme tomado unas cuantas copas.
Al principio su comportamiento no era muy llamativo: les quitábamos las bebidas a las parejas aprovechando el momento de pasteleo, marchábamos de los bares sin pagar, o cogíamos alguna cazadora si en la calle estaba frío. Nada que un adolescente tardío que supera la cuarentena no haga para asentar una amistad.
De repente, Bob se empezó a mostrar agresivo, máxime si había alguna pellejuda cerca ante la que pavonearse. Ya no me divertía con él, pero seguía empeñado en llevarme a La Casa Negra, aunque yo me negaba a ir a un lugar que me sonaba a templo de la salsa, pues al final los porteros siempre acababan echándome cuando me ponía meloso con las mulatas.
Durante un par de meses, pareció haberme olvidado, y mi vida era aburridamente feliz. Créanme, no hay nada más aburrido que una vida monótona, ni mayor felicidad que quedar con Eva para despabilar mi aburrimiento.
Pero, pese a que en su momento fingió no darle importancia, en cuanto Eva descubrió lo de mi prótesis las cosas nunca fueron igual… y finalmente me dejó por un butanero serbio-bosnio de nombre tan impronunciable cono inabarcable son sus músculos.
Y allí estaba yo, alone again, en la solitaria recepción de un hotel en un Gijón desértico. Y de repente, como en una toma involuntaria de cámara, vi su reflejo. Cerré los ojos, pero oí su carcajada y olí su aliento fétido diciéndome: Fuego, camina conmigo.
Afortunadamente, en ese momento, sonó el teléfono y al otro lado escuché la voz de una desconocida: Marina. Zambullirme en las aguas de ensueño que me bañaban con su voz, fue tan irresistible como lo es la cotidiana tentación de desnudarme en cuanto enciendo el microondas.
Para mi sorpresa, esa corriente cálida que bañaba a este golfo resultó fluir de una compañera recepcionista que me llamaba desde la continental Salamanca. Poco a poco, con la excusa de facilitar el desplazamiento a clientes de nuestros respectivos hoteles, la fui llamando con frecuencia; hasta que le acabé reconociendo que esos “huéspedes” nunca se alojaban en su hospedaje pues no existían: eran meros personajes que me inventaba para hablar con ella.
Dijo mi nombre, el verdadero, el que no admite apellidos, y se rió. No había sido el único que en alas del deseo había fantaseado la realidad.
Acabamos quedando en vernos la pasada noche del viernes, pues yo acababa el contrato, ella tenía unos días libres y le apetecía conocer Gijón.
Recuerdo haberla ido a buscar a la estación de autobuses, solazarnos por el paseo marítimo, perritos calientes, un bar muy oscuro, Bob mirándome fijamente… ¡y a la policía llamando a golpes a mi puerta!

La fortuna de vivir en una caseta de obra es que si saltas por la ventana no te espera una caída muy dura; así que me arrojé por la ventana aprovechando un momento en que los polis hicieron coro con los albañiles para soltar unos despropósitos calenturientos a unas monjas de clausura que llevaban el hábito subido de tobillos।

Tras cubrirme mis partes nobles con un cromo de Pikachu, llegué a la entrada de un centro comercial, donde el vendedor de la O.N.C.E. me confundió con el hombre anuncio enviado por una agencia publicitaria; y desde entonces no me he atrevido a quitarme mi traje de danoNino para sorpresa de mis compañeros bajo el puente, que se preguntan si el azul de mi piel se debe a un consumo excesivo de bourbón.
Por fortuna esta mañana, me he podido escapar de la sección de refrigerados del súper y acercarme a mi caseta. Los muy impresentables de los polis, lo habían dejado todo en orden y en su sitio, con lo que a mi me había costado encontrarle el punto exacto a mi desorden. El caso es que, en mi mesita-escritorio-tocador, al lado del retrato enmarcado de ¡Megan Fox!, y un bollycao caducado, encontré la foto que había imprimido de Marina junto a dos de sus compañeras de recepción.
Ahora sólo me queda saber cuál es de las tres, encontrarla, y que le diga a la policía que soy tan indecente como inocente।

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Ah, quisiera recordarles la increíble oferta que disponible en Supermercado El Colmado: al comprar un paquete de danoninos, le regalaremos otro y le cobraremos los dos.
Y ahora, creo que me tengo bien merecido saborear mi bollycao caducado. Os ofrecería, pero seríais capaces de aceptar.
114’.
©Nino Ortea Gijón, 28-I-09

8 comentarios:

  1. Como ves, Marina, no me había olvidado de mi promesa; ahora sólo falta que tú cumplas la tuya.
    Cuídate

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  2. Ahora nos llevas de viaje a Twin Peaks? No sé si serán los bollicaos caducados o los golpes que te das al saltar por las ventanas pero tienes una imaginación muy retorcida

    Que vendas muchos danoninos, Nino

    Besos con sabor a fresa

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  3. Siempre lo he dicho y tu relato no hace más que confirmarlo: Los servicios de los bares son lugares peligrosos a partir de ciertas horas, hay gente muy rara por allí, gente que te pide cosas. Cosas que tú no puedes darles

    Hace un tiempo al ir a salir de uno de ellos me encontré con un extraño individuo que me ofreció una rosa.

    Para ti me dijo, a cambio sólo tienes que.., sólo tienes que....

    Joder Nino, tanto tiempo después aún me cuesta ponerlo por escrito.

    Ssólo tienes que votar al PSssssOE, PSssssssOE esss tu amigo, te traerá PAZzz.

    Horrorizado intenté escapar por la ventana, pero el extrtaño ser me agarró por una pierna y sin soltarme repetía:

    PAZzzz esss tu amiga, poder tener un puesssstín en Cajassstur, mucho dinero. Sssssí, VotaPS...

    No pude seguir escuchando por más tiempo, vomité, me tapé los oídos con papel higiénico e introduje su cabeza en la taza del vater, pero seguía escuchando su voz ya casi extinguiéndose: Cajasssstur, 30.000 Eurosss al año, No catasssstrazo.

    Comprobé que no respiraba y vomité una vez más antes de irme. Fue espantoso.


    Glorioso regreso Nino, no sólo por el relato sino también por el tono puro Lynch. Me he divertido de lo lindo.

    Por cierto: Twin Peaks fuego camina conmigo me parece una de las mejores películas de los 90, y posiblemente de las más infravaloradas, aunque sabes que con David no soy objetivo.

    Sssssalu2

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  4. Ay, que recuerdos. La risión!!!

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  5. Desde luego, Nino, si ésta es tu idea de subcultura tenías que ver a lo que me enfrento a diario y no precisamente en boca de los alumnos. Me esperaba algo más noir y no este rendido homenaje a David Lynch con toques bufos (lo del azul del dinosaurio y el borbón es antológico) que me ha sorprendido. Eso sí, confío en que no abandones tus textos personales y las reflexiones en voz alta ahora que te adentras donde los ángeles no se atreven a morar
    Felicidades a Marina por haberte inspirado
    Un abrazo

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  6. Muy buenas, Juncal!

    Debajo de su uña, allí es donde está la mitad de mi corazón partido. Pero... ¿cómo lo sabes? ¿no tendrás también visiones con Bob?

    Y respecto a lo que he hecho, ahora mismo lo arreglo, que ya me he descubierto un par de faltas.

    Nos vemos

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  7. Verás, Vega, ya que te ofreces, me encantan los danoninos duo con sabor nata-fresa. No importa si están caducados, no se me va a caer el pelo por comerlos.

    Twin Peaks, ni se me había ocurrido, ¡yo me había inspirado en ¡Ay, qué calor!

    Cuídate

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Hola, gracias por tu tiempo de lectura.