Ven y enloquece

Ven y enloquece
Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

jueves, 26 de febrero de 2009

¿ Y si yo hubiera sido Emilio Gutiérrez ?


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"Si tuviera un martillo, golpearía en la mañana, golpearía en la noche, por todo el país.

Alerta del peligro, debemos unirnos para defender la paz.
"


El martillo, letra de Víctor Jara adaptando la canción If I Had a Hammer de Lee Hays y Pete Seeger


La verdad es que creo que todo lo relacionado con Emilio Gutiérrez se está sobredimensionando, y sacando de contexto. Así que entono en primer lugar un mea culpa.
Me aterroriza, no encuentro otra palabra, la facilidad con que este guipuzcoano ha pasado a convertirse en protomártir invocado por muchos como ejemplo de héroe.
Bueno, creo que mejor me explico:

Basta con leer mi perfil, o el título de este espacio, para saber de mi carácter impulsivo y mi tendencia a los arranques de rabia ante los miserables. Comprendo, que este ciudadano, quizás sintió en la actitud de los matones que frecuentaban el figón fascista, el ultraje final tras una larga serie de vejaciones por no encontrarse entre los ungidos en la intransigencia; siendo la actitud chulesca de los intolerantes la que actuó de bebedizo que —como antaño a los berserkers de las tribus pictas— lo imbuyó de una enajenación destructiva.

A mí también me ha dado en más de una ocasión el baile de San Vito frente a los sayones; y en esos zapateos a destiempo basan mis detractores mi fama de colérico. Aunque esos endogámicos liberticidas ya se cubren de gloria por sí solos, con despropósitos como su reciente campaña contra el concierto de la cantante israelita Noa en Gijón. Pero bueno, ¿qué esperar de gente que comercia con lo justo?

A lo que iba, no era, ni es, mi intención, justificar su respuesta a mazazos al apedreamiento continuo que sufrió por parte de los integristas de la exclusión. Emilio manifestó que su picapedreo fue la única solución que vio al problema de ser diferente ante los ojos de quienes no creen en sus semejantes. Con lo que no voy a ser tan faltón como para proponerle una mejor solución.
Sólo decirle que, en mi condición de prosélito del dios Thor, me adhiero a su recurso al martillo para expulsar a los pecadores del templo. Y como admirador del promiscuo Zeus, le podría aconsejar por dónde meterles unos cuantos rayos.

Básicamente, mi lema vital —y así lo he escrito en este blog— es : A los miserables ni agua. Así que no me voy a desdecir de lo dicho, ni a defender a tanto malbicho que defiende su libertad de subyugar a los demás.
Emilio ha hecho lo que ha podido y, como toda víctima de sus impulsos, se ha metido en un lío. La Ley —esa misma ¿justicia? que hoy mismo ha condenado en Barcelona a la cárcel a un indigente por robar una barra de pan— tendrá que decidir si lo suyo fue falta o delito. Lo cual, en una sociedad en la que no faltan delitos por juzgar, ni jueces que se estresan por hacer su trabajo, tiene su intríngulis.
Lo que me llevó a colgar mi posteo —y a mostrarle mi solidaridad a él y a todos los Gutiérrez víctimas de los sandios— fue, es y será mi tristeza al ver cómo por no perder su honra, perdía su morada, y, cual Cid, se autocondenaba al destierro. Como creo firmemente que, sin Libertad, de nada nos vale el consuelo de un Dios o la protección de un Estado; me conmovió que fuera consecuente con su libre albedrío, sin encomendarse a protección divina o humana.
De ahí mi apoyo a quien prefiere perderlo todo antes que su dignidad. De ahí mi solidaridad con Emilio Gutiérrez.

Pero, no quisiera que se me malinterpretara.


No apoyo su canonización, ni subirlo a los altares de la Democracia. Para mí no es un héroe, ni un justiciero o un vigilante.
Héroe es el protagonista de una epopeya, y él lo es de una tragedia. Un justiciero busca el bien común, Emilio vengaba afrentas personales. Un vigilante es… alguien que ha visto demasiadas pelis de Charles Bronson.


Se han abierto cuentas bancarias para recaudar fondos en su ayuda, cuando no la ha pedido. Lo han convertido en líder de una Cruzada por unos vascos lugares, para los que él desea la paz no más guerras. Los medios de comunicación, tan bienintencionados ellos, han divulgado su imagen buscando ayudarlo… a convertirse en proscrito de las calles por las que le encantaba callejear.

Mendigo sin postular.
Héroe a la fuerza.
Personaje público por ser persona.
Muchos han visto en su actitud una gesta, otros una afrenta. Algunos han encontrado la evasiva que buscaban para demonizar a todo lo que huela a independentismo o a vasco.
Yo, simplemente, veo a un nuevo odiseo condenado a vagar por el mar egeo de la soledad, como consecuencia del capricho de los endiosados del Odio.
Suerte, Emilio. A diferencia de ti, yo esta noche dormiré en mi cama, cerca de mis seres queridos.

Marcelino José Ortea Suárez. Gijón, 26-II-09

miércoles, 25 de febrero de 2009

Me solidarizo con Emilio Gutierrez

Es inadmisible callar ante ciertas cosas; pero ante todo es indigno tolerarlas.
Emilio Gutiérrez —quien se encuentra pendiente de comparecer ante un juez tras los destrozos que causó en una taberna del movimiento abertzale— ha decidido abandonar su localidad natal ante las amenazas de estos “liberadores del pueblo vasco”.


Desde aquí mi absoluta solidaridad con Emilio.
Una cosa son las consecuencias penales de sus actos —legalmente enjuiciables— y otra tolerar que una panda de matones fascistas impongan su ley.


Marcelino José Ortea Suárez. Gijón, Asturias.




martes, 24 de febrero de 2009

Eu sei que vou te amar , por Caetano Veloso

Quizás, no sea el momento ni el lugar para colgar esta canción.

Hoy, martes de carnaval, por alguna razón todo, incluso lo silencioso, me habla de ti. Como el recuerdo de un Rimini que nunca compartimos.
Quizás, el volver a sumergirme en el tremendo desencanto que
Federico Fellini plasma en Los inútiles, no fue la opción más acertada.

Aunque el reflejo distorsionado de su esperpento me ha acercado a lo que no quiero reconocer, también me ha hecho ver que siempre hay una esperanza en el mañana, un mañana en el que llegaré a amar.




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Si todas fuesen iguales a ti

Al igual que hay otra manera de vivir el carnaval, sin necesidad de disfrazarse; hay otra música brasileña más allá del estruendo de la samba.
Una de mis debilidades musicales es Vinicius de Morales.




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domingo, 22 de febrero de 2009

TdAp: Skizz 1 de 7


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Hola a todos:
En más de una ocasión, me habéis trasmitido vuestras dudas respecto al porqué de mi desencanto con el mundo editorial; más en concreto con la Industria del Tebeo en España.
No falta quien, de entre vosotros, piensa que en el fondo es una mera pose inconformista que me da cierto aire decadente o dadaísta. También hay quien afirma que lo que me gusta es investirme de un aura de maldito, para desvestirme de ella a la hora de la seducción. Por faltar —y en ese caso la hace al respeto y a la verdad— no falta quien cree que todo es una gran mentira, resultado de mi resentimiento.
Bueno, os propongo un juego:
Comparad las páginas que voy a colgar de mi traducción de la obra Skizz (escrita por Alan Moore y dibujada por Jim Blaike) que en su momento apareció publicada en la revista DX4, con la que aparece en la edición que poco después comercializó Otakuland Distribuciones (la podéis encontrar para su consulta en Taringa.net)


Veréis que, como diría el gran Drolo-drolo, las coincidencias son pasmosas. Aunque, quizás en mi caso, el hedor amargo a luxato quemado me impida concentrarme…
Es más, leeréis que ambos tienen en común el nombre del “coordinador editorial” Andrea Parissi.
Si embargo, no os esforcéis, no encontraréis mi nombre, pues el cortabolsas de Parissi no tuvo a bien:
Pagarme por mi trabajo.
Acreditarme en la obra.
Avisarme de su publicación.
Enviarme un mísero ejemplar de la tirada.



Bueno, y como ésta tengo más historias que me llevaron a la histeria. Poco a poco, cuando el recuerdo me queme, las iré publicando.
Ahora os dejo con el principio de un relato en cuya traslación volqué lo mejor de mí.
Obviamente, me corrijo y aprendo cada día. Hoy, traduciría ciertas cosas de manera diferente, pero no mejor.
Salud y suerte.
Gracias por estar ahí.
© Nino Ortea. Gijón, 22-II-09

TdAp: Skizz 2 de 7




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TdAp: Skizz 3 de 7




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TdAp: Skizz 7 de 7








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viernes, 20 de febrero de 2009

Interludio 10a


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Huyendo del frío, busqué en las rebajas de febrero, y hallé una morena bajita que no estaba mal,
Como otras parejas tuvimos historias de celos, historias de gritos y besos, de azúcar y sal.
Apenas llegó, se instaló para siempre en mi vida, no hay nada mejor, que encontrar un amor a medida.



Bueno, una vez leída esta entradilla confío en que no penséis que me he convertido en ese adulto —maduro y anquilosado— que se me presupone leyendo mi fecha de nacimiento en el d.n.i.
No, ese capítulo en la novela de mi vida continúo saltándomelo, por previsible y aburrido. Ventajas que tiene eso de ser cristiano por bautismo forzado —creo que fue entonces cuando este Marcelino decidió que lo suyo no era el agua, si no el vino—: recurro a mi libre albedrío, y decido cómo vivo lo que vivo. Con ser un eterno gorila adolescente, decadente en su estilo, desastrado en su aspecto y descerebrado en su intelecto ya tengo bastante. ¡Cómo plantearme eso de hacerme mayor!… ¡Pero si aún no he completado mi colección de cromos de Vida y color!
Bueno, el caso es que he sobrevivido a un breve invierno nuclear que me ha tenido bastante atómico las últimas semanas.
Sin saber el porqué, y eso que me había duchado, me convertí en el centro de las miradas de un redil de ciegos al dolor ajeno.
Fue acabar mi periplo hotelero, y, como quien no quiere la cosa, un grupito de desarrapados que me habían ignorado en mi lamento, empezaron a estar pendientes de mi divertimento.


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Curioso.
No sé si será por su eterna condición de vampiros del brillo ajeno —con verlos, basta para saber que ni el jabón, ni la imaginación, figuran en su manual de uso y costumbres— que esta panda de ignorantes dejaron de ignorarme.
Es más, de entre estos creyentes verdaderos destacaba la figura de mi otrora María Magdalena reconvertida en abanderada de la reconciliación, pues a su edad, y en su estado ajado, es tan creíble de virgen como yo de mártir.
Mandar a la bollita al lupanar correspondiente, y a sus correligionarios a las pocilgas donde chapotean entre las heces que tienen por ideas, me requirió algún que otro hipogrito huracanado. Y no es que uno vaya perdiendo voz, ni aceite, si no que no hay peor sordo que quien no quiere oír y, encima, no se lava las orejas.
Aceptar la amarga broma que me había gastado el destino, fue más difícil.
Eso de que al final el Tiempo, que no la Historia, me hiciera justicia, pensé que iba a requerir un lapso mayor, y no unos escasos meses. No me lo esperaba, al igual que no cuentas con que nieve en abril o con que te devuelvan lo prestado.
Sé que hay múltiples principios budistas, taoístas o simplistas que hablan de eso de “Cuanto menos buscas a alguien, pequeño saltamontes, más fácil es que te lo encuentres de bruces”. Pero, la verdad es que no me esperaba una conversión de sentimientos tan rápida. ¡Si me habían lapidado cual rijoso y despreciado cual leproso!
Yo —como buen apóstata del catolicismo— comulgo con eso de quemar a las brujas en la hoguera de la indiferencia, y en espantar a los filisteos a latigazos de desprecio. Pero, creedme, fue más fácil cualquier misión de las que encomendaron a Hércules que alejarme de los que nunca me quisieron, especialmente de ella.


ADELANTE

Interludio 10b



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Por si fuera poco, durante dos semanas no he tenido mi ordenador. Hace dos jueves, la maquinita se debió de cansar de cometer delitos en mi nombre y decidió ignorar mis arranques informáticos. Como el aparato está en garantía, lo llevé a grupas de este burro —en mitad de un tiempo que invitaba a tomar algo caliente, y no a andar saliente— hasta la tienda de Pc Box en Gijón. Graso error, amigo Sancho, con la Iglesia de la desgana había topado.
El ¿técnico? me dice a los dos días que aquello no tenía nada, con lo que de sábado me lo llevo, pues confiaba más en su certeza que en mi torpeza. Ya en casa, enciendo el aparatito que me vuelve a dejar deja colgao, como una vulgar prellejuda.
Cabreo monumental a la espera del lunes. Vuelvo a Pc Box, Gijón, donde ante el desinterés del personal, mi amigo Kong entonó el aguanbabaluba balám bambú. Al final, lo que no era nada, se convirtió en una avería de mother borard y muy señor mío.
Tras tres visitas, hoy he recuperado la cpu; he tenido que acabar de montarla pues me la devolvieron con piezas sueltas, y acabo de poder funcionar con normalidad. Bueno, yo no, el ordenador que es el que manda.
Así que mañana, a hacer otra visita al nefasto servicio técnico de Pc Box, Gijón; pues, de no tener una mínima idea de informática, a estas horas seguiría escribiendo el blog en mi bloc.
Y de no tener mi lado Kong… seguiría adorando a becerras de oro.
Ahora, espero recuperar el tiempo perdido en el blog, aunque sin los excesos publicatorios de antaño, vamos de hace dos meses.


Acabo de colgar en Ven y enloquece: Flash, un texto sobre la situación en guinea, me apreció interesante aunque quizás forme parte de una campaña publicitaria del libro escrito por Gamboa.
No obstante, sin la publicidad de la denuncia, toda injusticia permanecería ignorada.

Llega, el carnaval. Ya la liamos.

© Nino Ortea Gijón, 19-II-09.

domingo, 15 de febrero de 2009

BaUt: Prólogo 1/ 4


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BaUt
PRÓLOGO


Es curioso cómo muchas veces la necesidad de cariño nos lleva a entregarle nuestro corazón a la primera persona que nos embruja con una sonrisa.
Máxime cuando, normalmente, somos bastante reacios a ampliar el espacio que en nuestras entretelas guardamos para aquellos que de verdad nos quieren, y cuyo único defecto es estar allí cuando los necesitamos.


Lo curioso se convierte en triste cuando uno se da cuenta de que tras ese supuesto enamoramiento se esconde en realidad una tremenda soledad; y de que el paso del tiempo, con el incremento de inteligencia emocional que teóricamente conlleva, no nos hace más intuitivos ante el embrujo de unos ojos, o el encanto de una sonrisa.
Lo peor viene después, cuando descubres que esa hechicera que infló tus ilusiones como un globo —al que pinchó con la espina de su indiferencia— se sorprende al ver tu dolor, y alega que fue tu tristeza, al ver cómo te excluía, la que te alejó definitivamente de ella.



ADELANTE

BaUt: Prólogo 2 / 4


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Y todo ello pese a que hay nombres cuya mera mención pone sobre aviso incluso al hombre más memo; por eso, las mujeres portadoras de ciertos patronímicos suelen ocultarlo bajo un apodo, mote o alias.
Vamos, que no es lo mismo que una chica te diga “Me llamo Dolores”, a que te susurre “Hola, soy Lola”.
En el primer caso te estaría avisando de lo que te espera si finalmente te animas a competir con su cigarrillo por rellenar la comisura de sus labios; en el segundo ocultaría, bajo el velo de su apodo, el doloroso final que te traerá intentar convertirte en el cinturón que bordea sus caderas.


Obviamente, dada su condición de depredadora de la especie, utilizará el señuelo del alias. Tú, mientras, quedas absorto por el sensual espectáculo que adopta su boca al pronunciar tan redondo nombre, y desistes de intentar saber qué apelativo real se esconde tras su sobrenombre.
¡Pensar! ¡Coño ni que eso hiciera falta en algo tan sencillo como la selección natural de pareja! ¿Es que acaso piensan los perros mientras se acercan, menando el rabo, a su perrita? ¿Por casualidad alguien ha visto a un elefante preguntarle a su elefantita el nombre, antes de ponerse a balancear sobre la tela de una araña? ¿O es que alguno cree que, si nos parásemos a pensar, abandonaríamos la seguridad del yo para adentrarnos en la quimera del nosotros?





BaUt: Prólogo 3 / 4



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El corazón es algo curioso; y ahora mismo no me estoy refiriendo a lo sorprendente de su función física, sino a la terquedad de su ceguera emocional.

Todos nos hemos sentido pasmados, avergonzados o decepcionados al comprobar como nuestra colección de sueños rotos, no nos impide volver a esos reinos de la ilusión y el deseo, limítrofes con la obsesión y la pasión.

Uno de los mayores problemas que tiene la revelación de la existencia de otra persona, es que del contacto pueden surgir unas chispas que encienden una hoguera que se convierte en un fuego difícil de controlar, y llegado el caso, sofocar.
Ni el tifón del desconocimiento, el extintor de la distancia, o los cortafuegos del silencio, sirven para contener ese fuego que te lleva a aventurarte en el lance del descubrimiento de lo que anida en el corazón de la que te hizo desear ser mejor.
Esa avidez por descubrir y compartirlo todo con aquélla de quien no sabes nada, hace que te aventures en el recorrido de distancias kilométricas —que montado en tu caballo de cartón se convierten en ciclópeas— habiendo empaquetado previamente tu maleta de esperanza con todos los atavíos que componen tu vida.
Te plantas irreflexivamente en la urbe del corazón ajeno —tan desorientado como Paco Martínez Soria cuando visita la gran ciudad— pero confiando, al igual que éste, en que el hecho de que ir guiado por tus buenas intenciones, impedirá que regreses a tu morada decepcionado con la mitad de la población humana.
Al final, cautivo y derrotado, sólo te queda consolarte pensando que al igual que hubo un rey, que ante el fracaso de su intento de conquista sólo pudo alegar que él no había mandado sus naves a luchar contra los elementos, tú emprendiste un viaje por las inseguras aguas del deseo creyendo que ibas a saber más sobre una persona, y no a chocar con un muro de indiferencia.