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domingo, 5 de abril de 2009

Cine y Cómic: la extraña pareja 2 de 9


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El 7º y el 9º arte llevan intercambiando cromos desde su nacimiento. Las cinepelículas pioneras presentan un defecto en el que muchos encuentran su virtud: su concepción como producto de segunda clase. Ejemplo claro es el primer serial de Universal sobre Flash Gordon de 1936 Pese a su elevado presupuesto, la serie está completada con fragmentos de otras películas y su banda sonora presenta orquestaciones de Tchaikovsky. El desinterés por diferenciar estas producciones que coinciden en el tiempo con el afianzamiento del formato de comicbook, se refleja en el recurso a los mismos elencos para interpretar series diferentes. Búster Grabbe encarnó de 1933 a 1939 a Tarzan, Flash Gordon y Buck Rogers.
Esta dejadez creativa se aprecia actualmente. Las editoriales ceden alegremente, para despropósitos fílmicos o publicitarios, los derechos de personajes por cuya explotación se enfrentan judicialmente a sus autores. El Capitán América —cuyo control creativo le han vuelto a negar a su cocreador Joe Simon— y las patentes de los restantes personajes Marvel fueron dados a 21st Century, productora de Menahem Golam, a finales de los años 80. La película Capitán América (1989) es un monumento al mal uso del látex y el cartón piedra. Esta decisión de conceder la explotación a una compañía cutre —implicada en el blanqueo de dinero sionista— arrastra hoy en día (3-IV-09) sus consecuencias:
Golam, junto a su primo Yoram Globus, anunció una película sobre Spiderman. El proyecto pasó por cientos de manos, hasta llegar a Sony en una negociación que implicó a otras productoras como MGM/UA, y a personajes como James Bond. El éxito de Spiderman (2002) ha dado pie a un torrente de pleitos, donde Stan Lee demanda a Marvel, y ésta a Columbia. Es comprensible que Lee, encargado otrora de la línea multimedia de Marvel, y la editorial se enzarcen en disputas legales por las migajas de unas franquicias que nunca creyeron rentables. De hecho, anteriormente habían cedido sus patentes a Roger Corman, cuya aversión de Los 4 Fantásticos flota en la Zona Negativa de Internet.
El caso de DC es más elocuente. La editorial pertenece al grupo de comunicación más poderoso del Planeta, y parece incapaz de explotar debidamente sus personajes, salvo en el caso de Batman. Cuando ha acertado, ha sido de la mano de productores independientes: Peters y Guber en Batman (1989) o Alexander e Ilva Salkind en Superman (1978).
Normalmente las editoriales han centrado sus intereses en la televisión. Medio donde las series de animación e imagen real han tenido mejor fortuna; viendo algunas sus episodios pilotos estrenados en el cine: Spiderman, el hombre araña (1978) o La Masa, un hombre increíble (1978).

El caso no cambia mucho si analizamos productoras independientes, o películas de las nacionalidades más diversas. De Lucky Luke (1991), del risible Terence Hill producido por Silvio Berlusconi, a Las aventuras de Zipi y Zape (1982) firmada por E. Guevara —habitual del cine S más lúbrico— lo normal es encontrar títulos que aprovechan el reclamo del tebeo, descuidando la valía fílmica.




1 comentario:

  1. ¡Muy buenas, Albertus!
    La peli de Flash Gordon la vi en el cine Robledo de Gijón con mi madre, que había sido una voraz lectora de las viñetas del personaje.
    Es una petardada (vale la tengo) tremenda. Pero, yo le encuentro no sólo un valor camp, si no un ejemplo del arte a destiempo. Estrenada 3 años antes, probablemente habría sido espectacular, pero, entonces, resultó desfasada pues el cinede aventuras y fantástico cambió mucho entre 1978 y 1979.
    Probablemente te refieras a los eeriales en blanco y negro. yo tengo un par de ellos que se editaron de manera barata.
    Series de animación hay varias, habitualmente aparecía con otros personajes de King Features como Mandrake o el hombre enmascarado.
    tú busca, y si encientras algo interesante avisa.
    Un abrazo

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Hola, gracias por tu tiempo de lectura.