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Nada ha sido probado

viernes, 10 de abril de 2009

Cine y Cómic: la extraña pareja. 6 de 9






-->Una pareja moderna





El Superman que en 1978 rodó Richard Donner marcó un punto de inflexión en la adaptación de tebeos al cine. Está a años luz de anteriores tebeopelículas y supuso un intentó de realizar una producción cuidada. El esfuerzo económico fue más allá de sus innovadores efectos, premiados con un Oscar especial, o del elevado salario de Marlon Brando. Se plasmó en un diseño de producción pulido, un reparto acertado, y un guión sólido coescrito entre otros por el novelista Mario Puzzo y el cineasta Robert Benton (Kramer vs Kramer). Richard Lester firmó Superman II (1978) —que incluía escenas rodadas por Donner— y Superman III (1983). La segunda parte, que mantiene a Puzzo entre sus guionistas, es una obra entretenida, con un uso climático de la acción. La tercera es una broma sin mucha gracia más allá del chiste inicial.
Recientemente, a raíz del intento de recuperar la gloria fílmica perdida del kriptoniano con Superman Returns (Bryan Singer, 2006) hemos podido disfrutar de una edición en dvd de la segunda entrega según Donner, quien ha continuado nuevamente las andanzas del hombre de acero tal y cómo finalizan en la peli, en sus guiones para los tebeos.
La serie tuvo un triste epílogo en Superman IV (1987) donde los productores anteriormente nombrados, Golam y Globus con su omnipresente The Cannon Group Inc., convierten al héroe en propagador del espíritu de la Glasnost. Supergirl (1984) fue un intento de los Salkind, productores de los primeros Supermen, por diversificar la serie; aunque el director parece más pendiente de la falda de la heroína que de la interpretación del reparto. Tal vez su nefasto recuerdo llevó en 1985 a Marv Wolfman y George Pérez a dar muerte a Supergirl en su trascendental miniserie de 12 cómics, Crisis en tierras infinitas.




Tim Burton rodó en 1989 una versión de Batman de impresionante estilo visual y un diseño de producción muy anguloso. Su éxito conllevó una revitalización de la línea de cómics, e impulsó a Warner a asumir en solitario la producción de Batman vuelve (1992) donde Burton mostraba una apasionante evolución narrativa, salpicada de humor perverso. Al decidir Burton y Michael Keaton, quien había encarnado a Batman, abandonar la increíble máquina de dinero que era la serie, el estudio tomó una solución arriesgada confiando a Joel Schumacher la dirección en las siguientes entregas. Batman Forever (1995) –de enfoque cercano al Arte Pop, muy alejado del eco del Expresionismo Alemán de las anteriores– fue un éxito; no ocurriendo lo mismo con Batman & Robin (1997) dislate donde la memez se adueña de situaciones que desaprovechan la riqueza de los personajes.
El catálogo de tebeopelículas inspiradas en personajes DC, llevó a un baldío dominio de la editorial en este apartado durante casi 20 años. La desatención creativa se plasma en disparatadas adaptaciones, como las de La cosa del pantano o Steel, y en que obras de su fondo editorial, como Camino a la perdición (2002), fueran explotadas por otros estudios.







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