Ven y enloquece

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martes, 25 de agosto de 2009

Swamp Thing: Un grito en el pantano 1/7



un grito en el pantano



Cuando se acerca el cuarenta cumpleaños de La cosa del pantano no está de más un repaso a su cenagosa trayectoria.
Este estudio, se centrará en el ciclo escrito por Alan Moore, —etapa publicada, hasta el momento, en España por tres editoriales: Zinco, Norma y Planeta—; y su propósito es ayudar a los que lleguen tarde a la serie, a decidir si perdura la gloria cantada en el pasado. Los que atesoren las anteriores ediciones de los episodios, tal vez decidan que éste es un buen momento para releerlos. Independientemente del grupo al que pertenezcas, te invito a que me acompañes en esta visita a las pantanosas tierras de la imaginación.




Oscura génesis
El descontento del dibujante Berni Wrightson con el trato dado por Marvel a su obra, aumentó al comprobar el coloreado de The Skull of Silence, aventura de Kull publicada en Creatures on the Loose # 10. Su enfado lo llevó a regresar a DC, compañía para la que había realizado sus primeros cómics de terror; desarrollando entonces el relato de Len Wein, Swamp Thing (La cosa del pantano). La historia apareció en House of Secrets # 92 (junio/julio 1971), con portada de Wrightson; relato publicado en España tanto por Toutain, en el álbum La cosa del pantano, como por Zinco, en el segundo episodio de la segunda colección del personaje.
El éxito del relato permitió que en octubre/noviembre de 1972 aflorase una serie que contaba con Wein y Wrightson, coordinados por Joe Orlando —quien trabajaba para DC como editor desde 1966—; siendo la recuperación de la atmósfera E.C. —editorial en la que Orlando había destacado como guionista y dibujante— uno de los aspectos más destacables de su aportación.
La serie presentaba cambios en el campo gráfico donde el monstruo abandonaba su amorfo aspecto del pasado, adoptando la apariencia que se ha convertido en clásica. Se recicla el origen de La cosa, pasando los protagonistas, antes Alex y Linda Olsen, a llamarse Alec y Linda Holland. En el primer relato Alex —víctima de una explosión provocada en su laboratorio por un tal Damian, envidioso de su genialidad y lujurioso de su mujer— reaparecía para impedir que Damian eliminase a Linda, quien dudaba de la catadura moral de su nuevo marido.
El nuevo relato incorporó el tema de científico víctima de los intereses de una organización secreta, El Cónclave. La sugerencia de un grupo más poderoso que el propio Estado, entroncó con una sensación extendida en la sociedad, que veía como en su seno se asentaban trusts, que para favorecer a sus intereses asesinaban Presidentes o derrocaban gobiernos; y englobó a la serie en una línea que alcanzó su paradigma en La Patrulla X; firmando Wein junto a Chris Claremont los primeros guiones de los renacidos X-Men.
La referencia a Norteamérica se acentuó con el transvase geográfico e histórico del relato de un lugar y momento inconcretos, al actual Bajou Country, USA. La tragedia del personaje se acrecentó al no poder evitar la muerte de su esposa. Aparece el teniente Matt Cable quien persigue obsesivamente a La cosa al culparlo de la muerte de los Holland; en una especie de remedo de la serie televisiva El Fugitivo.

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Primeras desventuras



El equipo Wein-Wrightson-Orlando se mantuvo hasta el número 10 (junio 1974) en que Wrightson dejó la serie. Wein permaneció hasta su paso a Marvel en 1975.
David Michelinie y Gerry Conway escribieron la colección, dibujada por Néstor Redondo hasta su cierre en el episodio 24 (septiembre 1976).
En el número dos, La cosa entra en contacto con el científico loco Anton Arcane, quien lo había llevado a sus dominios centroeuropeos donde le ofrece recuperar su aspecto físico si le permite habitar su monstruoso cuerpo. En el tres aparece Abigail y su frankensteiniano padre, naciendo su relación con el incansable inquisidor Cable. En el cuarto episodio continúa la revisitación de los mitos del terror, en unos neblinosos páramos escoceses habitados por un hombre lobo. En el quinto Swampy salva a una bruja de la hoguera; para encarar en el sexto a unas copias mecánicas de los Holland.
Tras retar a Batman en Gotham, recala en Perdición, pueblo dominado por un ser de reminiscencias lovecraftianas M´Nagalah. Ya en Lousiana, noveno episodio, protegerá a un extraterrestre de la incomprensión humana. Anton Arcane con un ejército de zombis impregnará de vudú la despedida de Wrightson de la serie.
Desde el episodio 11, el antihéroe afrontó variados peligros: de criaturas hijas de vertidos radioactivos, a dobles surgidos de un brazo perdido; el despropósito se adueñó de la serie en su etapa final, apareciendo un hermano de Alec, que devolvió a éste su aspecto humano. Errante sin colección propia La cosa vagó por los páramos de la DC. Apareció del 83 al 87 de Challengers of the Unknown; en el 8 de DC Comics Presents; o en el 176 de The Brave and the Bold. Tanto Toutain como Zinco —en la revista Dossier Negro—, ofrecieron estos episodios.
Recientemente, la editorial Planeta ha recogido en un tomo de 240 págs —Génesis oscura— las 10 páginas de House of secrets y las 10 primeras entregas de la serie.




Segunda Génesis
El personaje contó con una segunda serie de 171 números (mayo 1982/octubre 1996); cuyo título inicial, Saga of the Swamp Thing, pasó a Swamp Thing (ST) desde el capítulo 33. En 1982 se estrenó Swamp Thing, película escrita y dirigida por Wes Craven; seguida de The Return of the Swamp Thing (1989) dirigida por Jim Wynorski; y llegaría incluso en 1990, una desafortunada serie televisiva que alcanzó los 72 episodios en sus tres temporadas.
Tras regresar a DC, Wein optó por relanzar la serie con el guionista Martin Pasko y el dibujante Tom Yeates, contando con el coloreado de Tatjana Wood. Yeates se mantuvo hasta el número 13, con la excepción del 9. Tras el paréntesis del 14 y 15 —por Dan Mishkin y Bo & Scott HamtonPasko firmó los tres guiones siguientes, ilustrados por Stephen Bissette y John Totleben; a los que se unió Berni Wrightson en el 18, coguionizado por Len Wein. Pasko se despidió de la colección en el 19, coescrito junto a Bissette.
Alan Moore redactó del 20 al 64 —salvo el 59, que Bissette guionizó sobre ideas de sus compañeros, y del 62, desarrollado por Rick Veitch— junto con el segundo anual de la serie, y el DC Comics Presents 85.
Veitch escribió y dibujó —con la ayuda de Alfredo Alcalá la mayor parte de la siguiente etapa, del 65 al 87. El episodio 77—escrito por Jamie Delano— y el 78 —por Bissette— fueron ilustrados por Tom Mandrake; al igual que del 83 al 85. La vuelta de Yeates por cuatro episodios, 86-89, coincide con la salida de Veitch de la serie. Éste había situado a La cosa en un viaje temporal; y el número 88 albergaría un pasaje con referencias al martirio en la cruz de Jesucristo.
Pese a que el guión había sido aprobado, elaborando Veitch una portada con un Swampy crucificado, y Michael Zulli había finalizado el dibujo, DC rechazó el tebeo provocando la marcha de Veitch, lo que supuso un silencio de dos meses en la serie.
Doug Wheeler guionizó del 88 al 109, salvo el 101 de Andrew Helfer. El dibujo fue realizado principalmente por Pat Broderick y Mike Hoffman; Alcalá abandonó la colección, en la que había estado colaborado intermitentemente desde el número 30, en el 101. Nancy Collins escribió del 110 al 139 —menos el 116 y el 126— ambos de Dick Foreman.
Tras un baile inicial de dibujantes: Yeates, Mandrake o Shawn McManus; Scot Eaton se convirtió en el ilustrador habitual. En el número 110, Kim DeMulder se incorporó a la serie entintando todos los episodios, salvo seis, hasta su cierre. Mark Millar guionizó los episodios restantes, del 140 al 171, ilustrados habitualmente por Philip Hester.
Actualmente se está editando un tercer volumen de la serie, centrado en Tefé —la hija de Swampy y Abby—, siendo Brian K. Vaughan y Roger Petersen el equipo regular de la serie.



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A su manera




Zinco publicó en 1985 una colección, de tamaño ligeramente superior al original yanqui, con los diez primeros episodios de la serie. Mientras que en Norteamérica el proyecto presentó hasta su número 13 un complemento de Phantom Stranger, aquí se optó por Night Force de Marv Wolfman y Gene Colan.
En 1987, Dossier Negro (del número 207 al 214) nos acercó en sus páginas —tamaño revista, en blanco y negro y con viñetas ampliadas— del 21 al 28 usa. En 1988, Zinco continuó el periodo de Alan Moore con una serie de cuatro números (ST 29 al 31) y el segundo anual. Respetando el formato original, y conteniendo una información en forma de artículos que me ha sido muy útil de cara a realizar este estudio.
Esas navidades de 1988, apareció un anárquico especial que ofrecía el número 34, y luego el 32, ignorando el 33. En 1989 en doce números se recuperó el ST 21, y del 35 al 50. Un nuevo volumen de doce tebeos en 1991, ofreció del 51 al 64 usa, y el cuarto anual, de Bissette y Broderick.
El tomo En el pantano, publicado por Norma para iniciar su triste edición de la serie, alberga del 21 al 27 de la serie original. En realidad recoge del 1 al 7 de Essential Vertigo: Swamp Thing, edición en blanco y negro que ignora el premiado coloreado de Tatjana Wood, en el que muchas veces se apoya narrativamente el guionista. El que DC haya publicado recopilatorios a color con estos episodios —por citar los que poseo: Saga of the Swamp Thing recoge del 20 al 27, contando con un texto de Moore; Love & Death, alberga del 28 al 34 y el segundo anual; The Curse recoge del 35 al 42— hace dudar de que la razón de optar por la edición Essential se deba a la no existencia de otros materiales.
A la falta de color, se une la ausencia de la mayoría de las premiadas portadas originales.
Una edición muy recomendable —pese a su reproducción en pantanoso blanco y negro— fue la de británica Titan Books. Al uso de un papel de gramaje perfecto, y a una exquisita reproducción, se une que se encargó a autores como Stephen Bissette o Neil Gaiman la redacción de introducciones para los once volúmenes en los que se recogió la etapa de Moore.
Desde aquí os animo a que o bien optéis por los tomos recopilatorios de DC, u optéis por sondear en Internet la compra de los volúmenes de Titan; en su defecto siempre podéis leer la caprichosa edición, en 14 entregas, que Planeta ha sacado de esta etapa muriana.


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¿Cómo te enfrentarías a un vegetal que no te puedes comer?


Ése fue el problema que afrontó Alan Moore tras invitarlo Len Wein a guionizar la serie. Disyuntiva que solucionó al mezclar elementos presentes en la colección con aspectos constantes en su obra.
A la vez, supo escuchar las opiniones y sugerencias literarias de los ilustradores del cómic, los cuales en muchos momentos colaboraron activamente en el argumento. Colaboración definida por los implicados como una placentera experiencia de sexo comunitario. Tampoco conviene olvidar a la editora de la serie, Karen Berger, quien ofreció Sandman a Neil Gaiman y lanzó el sello Vertigo.



En enero de 1984 Moore desembarca en la serie con Loose Ends, atando una serie de cabos sueltos narrativos.
No faltan voces que definen la vida en la Inglaterra post Segunda Guerra Mundial, como la de una Norteamérica en las sombras; lo que explicaría la seguridad con la que los británicos opinan sobre la sociedad yanqui —casi la misma vanidad con la que las mujeres prejuzgan a los hombres—. El siguiente capítulo, La lección de anatomía, marca el comienzo de su estrecha relación con Bissette y Totleben. El guionista calificó su trabajo posterior como un lento descenso, al coronar con La lección... su cota narrativa en la serie. La condición vegetal de Swampy —planteada en el segundo episodio del primer volumen, al descubrir Arcane sus características vegetales y la no-funcionalidad de sus órganos humanos—; o su carácter vengativo —mostrado al liquidar a los asesinos de Linda— fueron avivados por un personaje olvidado en la DC: El hombre florónico. Esta recuperación de elementos ajenos se plasmó en el homenaje de Bissette y Totleben al trabajo del ilustrador Saul Bass para la película Anatomía de un asesinato (Otto Preminger, 1959).
DC Comics ofrece de manera gratuita este ejemplar para su descarga en formato pdf, así que quizás te apetezca leer el tebeo digitalizado.


Los episodios posteriores enraízan al personaje en el Universo DC, al incluir a La liga de la justicia en unas desventuras que transmiten la necesidad de respeto al ecosistema, recurriendo a la amenaza de una respuesta agresiva de la naturaleza a nuestras constantes acometidas medioambientales. Del 25 al 27 asistimos a un enfrentamiento de Swampy con los monstruos de la razón, contando con la ayuda de Demon —el cual escudará en futuros entuertos al triste caballero de la ciénaga—; a la vez que vemos como la relación entre Abby y La cosa florece.

Tras el ST 28, dibujado por Shawn McManus, con el simbólico entierro de Alec; nuestro Orfeo baja a los infiernos en búsqueda de su Eurídice a la que su tío Arcane —utilizando a Matt Cable— había llevado al reino de Hades. En su descenso dantesco (del 29 al 31 y el segundo anual), Swampy cuenta con la ayuda de varios virgilios —Deadman, Phantom Stranger, Etrigan y Spectre— logrando la salvación de su Beatriz, y la paz de espíritu, plasmada en el encuentro con los Holland.
En Pog, ilustrado por McManus, aparece un sentido homenaje al personaje Pogo creado por Walter Kelly en 1942 como tira de prensa dominical. Moore aprovecha para plasmar su teoría sobre la inexistencia de utopías pero la necesidad de buscarlas— ¿se acuerdan de un artículo, presente en este blog, sobre los WildCats?—. En el 34 Abby desoirá a su cerebro, y deja que, con la primavera, aflore el amor en su corazón. El 35 y 36 presentan un alegato contra los vertidos radiactivos. La denuncia del ficticio narrador múltiple —asistimos al deambular de una especie de Chernobil andante y su interacción en las vidas de personajes aparentemente inconexos— fue apoyada en recortes reales de prensa. La indefensión frente al peligro nuclear se manifiesta en la muerte del héroe, la persistencia de la amenaza en un final abierto.

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El corazón de las tinieblas


Los restantes episodios hasta el 50 constituyen la saga American Gothic, surgida al anunciar Bissette y Totleben su intención de dejar la serie en el número 50. Comenzaron a intercambiar ideas, recurriendo a todo tipo de fuentes —noticias actuales, monstruos clásicos, constantes de la sociedad yanqui, o lacras mundiales, referencias culturales (de Lovecraft a Clive Baker, pasando por Brian Eno) o a la historia de la serie— resultando en un viaje turístico guiado por las miserias de EE. UU.
El guía, John Constantine, rompe la imagen de investigador de lo oculto. Es un hombre de la calle desencantado ante la situación que le rodea; desencanto convertido en una coraza de cinismo y sorna, que le otorga seguridad para moverse con paso firme en el plano físico y el espiritual, tal vez guiado por ese somos espíritus en un mundo material que cantaron The Police.


En éste viaje iniciático, Swampy deambula de un confín a otro del continente, aprende más sobre sus habilidades y su misión en el planeta, sabe de su condición de elemental y contacta con un Parlamento de los Árboles poblado por seres de su especie. ¡Ah, de paso salva a la humanidad de un nuevo Armageddon y casi besa a su chica!
Después de que Constantine marcase las normas de su relación con Swampy, actuando el piadoso John como todo buen seductor —al hacerse el interesante, dar a entender que sabe más de lo que cuenta, hacerse de rogar y de esperar en sus citas, y mostrar alguno de los mimbres que formarán el cesto narrativo de su fruta prohibida— comienza la acción.
En el 38 y 39 La cosa volverá a Rosewood —pueblo que había inundado en ST 3— para impedir una amenaza vampírica transformada ahora en vampiro-acuática. A la vez se plasmará el descuido y ceguera con que muchos padres crían a sus hijos. Greg Irons, fue un dibujante underground al que Bissette y Totleben dedicaron, ST 39. La casualidad hizo que el escenario de su muerte —según las autoridades de Bangkok, un accidente de autocar— coincidiera con la escena final del episodio en una parada de autobús. Rick Veitch descubrió que tras muchos de esos accidentes se ocultaban ataques de la guerrilla.


En The Curse, una mujer se enfrenta a tres maldiciones: el ciclo menstrual, su condición de licántropa y la condena de ser mujer en un mundo machista. La vigencia de esta denuncia en una sociedad en la que la hombría se demuestra a palos, se afianza con su conclusión: La mujer-lobo prefiere suicidarse a recurrir a la violencia del hombre.
En su viaje para frenar las manifestaciones del Mal, La cosa vuelve al hogar. El origen de ST 41-42, está en una noticia sobre un proyecto televisivo, a la estela de Lo que el viento se llevó, para el que se buscaban negros del lugar al considerar que los actores negros no parecían esclavos. Resultando una plasmación del vínculo presente-pasado, de la imposibilidad de vivir el hoy sin solucionar las grietas del ayer, de la debilidad del liberalismo frente al racismo... o del personal ideal para los trabajos basura.

ST 43 guarda una reflexión sobre la muerte y un acercamiento a las diferentes consecuencias, no siempre negativas, del uso de las drogas. El concepto de asesino en serie es abordado en ST 44, presentando al criminal como una mera herramienta del Mal, impersonalizado y alejado de los excesos que el real Ed Gein ha alcanzado en la ficción.
El cameo de Batman o las referencias al color celeste nos preparan para las crisis venideras.
El episodio 45 es el último enmarcado en el terror social. El tema lo facilitó Jim Wheelock, amigo de Bissette y Totleben, que les habló del terror de Sarah Winchester hacia los espíritus de los muertos por las armas desarrolladas por su familia.
El genocidio de los indios, el derecho a tener armas y la tentación a usarlas se entremezclan con el deseo por la pareja ajena, y la sucesión de amistades traicionadas.

Revelaciones supone un cruce obligado con Crisis en tierras infinitas —megarelato pergeñado por entonces como un intento de poner orden en la continuidad del Universo DC—. El diálogo de La cosa con Constantine y Phantom Stranger revelará los derroteros de la saga. ST 47 recoge el encuentro con El parlamento de los árboles en el que la primera Cosa del pantano del cómic, Alex Olsen, actúa de anfitrión. Aparece un guiño a Heap de —Hillman Periodicals— considerado primer ser cenagoso del Cómic.

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Swamp Thing: Un grito en el pantano 6/7


Con más dudas de las que tenían al comienzo, Swampy, Constantine y su cuadrilla se enfrentan a La Brujería, la encarnación del Mal en la Tierra; a la vez contemplamos los primeros brotes del siguiente arco argumental en una denuncia del vouyerismo-puritanismo que caracteriza a Occidente.


Al igual que Eva en La Biblia, es un personaje femenino el seducido por la maldad. Si la Judith evangélica salvaba a Israel al cortar la cabeza a Holofernes, el personaje de tebeo pondrá en peligro a la humanidad, al serle cortada la cabeza como premio a la traición a que sometió a sus amigos en ST 48. En el mundo que pretenden salvar, Abby es detenida por mantener relaciones contranatura, acusación agravada por su condición de mujer casada y educadora infantil. Ya en el 49, los equipos astral y psíquico de la DC, convocados por Constantine, se enfrentan al Mal.
El fin —número doble que requirió el concurso de Bissette, Veitch, Totleben y Mandrake— cierra esta saga con una idea constante en Moore: el sinsentido del maniqueísmo. Si todo se redujera a una lucha entre el Bien y el Mal, ¿dónde habría espacio para nosotros? Las legiones de los héroes se pueblan de demonios temerosos del pensamiento único; la amenaza unificadora provoca alianzas momentáneas de intereses contrapuestos; la Obscuridad, sin el contraste de la Luz, se convertiría en Vacío.
El héroe ha cambiado, tomando mayor conciencia de sus poderes, viendo como las respuestas a sus preguntas le llevan a más dudas. Al protegernos a todos ha descuidado a la que más quería; ahora luchará por su derecho a amar y ser amado.



La mujer y el monstruo
Abby siempre se refiere a La cosa como Alec, aunque sabe que su amado no es una fangosa encarnación de Holland. Su acercamiento al monstruo es paralelo al distanciamiento de su marido. Lo que atrae a Abby en Swampy es la ternura, afecto, e intimidad que alcanza a su lado. Los placenteros pasajes junto al lago, basados en la tranquilidad de compartir risas y confidencias, son contrapuestos a la crudeza de vivir en la sociedad del bienestar; en la que el asfalto se convierte en barro que dificulta el devenir vital; las relaciones se convierten en arenas movedizas y el lugar de trabajo en un pantano sin fondo.
Al igual que cualquier enamorada Abby disfruta descubriendo aspectos de su amado, le atrae en él lo que a otros repele, y asimila sin prejuicios todo aquello que los demás consideran inhumano.
Esta pasión —que había sido el principal substrato temático de algunos arcos argumentales— lleva a La cosa a convertir la jungla urbana de Gotham en selva vegetal; como forma de presionar a una sociedad farisea que no aplica las mismas normas a todos sus miembros.



Se denuncia la desigualdad de los ciudadanos ante las leyes, que llegan a ser utilizadas para castigar relaciones de apareja.
En un mundo sobrado de seres no humanos, ¿cuál es la razón para perseguir al pantanoso y no al kriptoniano?
En nuestra sociedad finisecular, ¿qué razón justifica el que la misma institución que anula matrimonios para facilitar otros, niegue el sacramento a los que no han pasado por su aro recaudatorio?
Moore, conocedor del caos que supone todo enamoramiento, suele presentarnos en sus relatos —Watchmen, WildCats,...— a personajes que hallan en el enredo del amor la seguridad para afrontar los peligros que les rodean. Es esta plasmación de situaciones por las que cualquiera que haya tenido corazón ha pasado, lo que convierte la lectura de estos pasajes en una emotiva reflexión sobre esa tontería llamada amor.


En ST51, se aborda el tema de amor y prejuicio, tan querido para Jane Austen. Querer a la persona que otros consideran equivocada tiene un precio, y Abby será procesada por amar a un alien. Swampy comienza una batalla por liberar a su compañera, mostrándose más decidido que en sus anteriores luchas por salvar a la Humanidad. Libre de la guía del honorable Gordon Sumner —Constantine (de físico inspirado en el cantante Sting) reaparecerá al estar llamado a misiones más altas en la serie, como prestar su cuerpo para la consumación del matrimonio vegetal-mujer— La cosa pasará del desconcierto a la ira al comprobar el rapto de Abby.
Rick Veitch se ocupa del dibujo, combinando barrocas reminiscencias de su pasado underground con el hábil uso de las texturas y una precisa plasmación de la ambientación; ayudado por el detallado entintado de Alfredo Alcala, a quien Totleben consideró su sucesor natural en la serie, y por las sugerencias de Bissette quien se resiste a abandonar la colección, para la que realiza las portadas hasta ST63.
Totleben dibuja el número 53, que se cierra este arco argumental. Destaca su trabajo con Batman, al que dota de gran fuerza y dignidad, recuperando su aire de criatura nocturna. Es curiosa la presencia de Batman quien pese a saber que no tiene nada que hacer frente a Swampy no cesa en su intento de defender a Gotham. Asistimos a un enfrentamiento de enamorados, uno lucha por su chica, el otro por su ciudad. Batman —tal vez inspirado por ese L.A. is my lady, de Sinatra— no duda en hacer lo necesario por defender a su amada, aunque ello le lleve a encarar al orden establecido y denunciar su doble rasero.
Su figura es reforzada al ser el primero en abrazar y consolar a Abby, siendo el único superhéroe que acude a las exequias por La cosa. Ni Superman, ni ningún otro miembro de La Liga de la Justicia honran el recuerdo del héroe caído. Sólo Batman posee la dignidad para llorar la pérdida del que hace poco era su enemigo; y junto con Constantine y Phantom Stranger asiste al funeral por un amigo, tras cuyo sepelio denuncia el desinterés de las autoridades por investigar quién asesinó al monstruo.
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Swamp Thing: Un grito en el pantano 7/7

Cabos sueltos



Capítulo aparte merece ST 54, donde reaparecen dos personajes convertidos en sombra de lo que fueron: Liz Tremayne y Dennis Barclay.
Liz apareció en ST2, como una activa y decidida reportera; Dennis lo hacía en el número 5 como un físico de la compañía Sunderland.
Tras la masacre de ST20 no supimos nada de ellos... hasta ahora.



Moore realiza una escalofriante disección de las relaciones humanas, sobre cómo podemos acabar convirtiéndonos en lo que combatíamos, y a cerca de cómo el miedo puede anquilosarnos emocionalmente y hacernos confiar ciegamente en otra persona. Dennis justifica su anulación de la personalidad de Liz en su amor hacia ella; para “protegerla” —en realidad para conservarla y sentirse alguien importante, no duda en inventarse un mundo basado en la fría realidad de estadísticas y noticias. Tristemente todos conocemos personas que confunden amor con obsesión —en mi caso me basta mirarme al espejo—, y protección con sumisión.
El peligro de las mentiras es que acabarlas creyendo, y una de las peores falsedades es esa de que todo vale en el amor y la guerra. El amor puede ser un juego, es una búsqueda y siempre será una emoción. Pero NADA tiene que ver con la sumisión, el dominio o el desprecio. Nada en absoluto.




Moore se inspiró en lo sufrido por una allegada que tras morir su marido recibió la visita de sus familiares. Estos daban por sentado que los quince años que llevaban sin verla se debían tanto al hecho de que había mantenido su activo ritmo de vida, como al reajuste social que supone el matrimonio. Hallaron una señora incapaz de utilizar ningún equipamiento doméstico, que carecía de prendas íntimas y cuyo marido la había convencido de que él era su único refugio en un mundo hostil y peligroso.



De ST 56 al 64 asistimos a la despedida de Moore de la serie; presentando el vagar de La cosa por diferentes mundos, y su posterior vuelta a casa.
El gusto del británico por presentar a sus personajes en paisajes desolados —Watchmen— o en viajes espacio-temporales —final de From Hell son pasajes cuya lectura siempre me ha alejado del discurso de Alan Moore.
Los episodios finales en Swamp Thing, no son una excepción, y aparece un exceso literario, que lleva a Moore a plasmar la mayoría de los diálogos transcurridos en Rann —tierra de Adam Strange— en un idioma ficticio y no traducido; o a capítulos como el 60, en el que el uso de los cuadros de texto se convierte en abuso.
Aún así, son innegables los aciertos del bardo. Volviendo a su ambientación en Rann, el chantaje del pueblo de Thanagar para apoderarse del rayo Zeta que permite el viaje interestelar, fue recuperado en la macrosaga Invasión. El encuentro de La cosa con Dark Seid tuvo su repercusión en posteriores relatos de los New Gods; o su logro de ampliar el universo DC al optar por un Green Lantern antropomorfo, en lugar de Hal Jordan, o unos Thanagarianos diferentes a Hawkman aun es aprovechado por antropófagos de sus ideas.
Es el trabajo gráfico de Veitch, Totleben o Alcala lo que logra mantenerme fiel al relato, lo mismo que ocurre en From Hell con el dibujo de Eddie Campbell.
Para un futuro artículo dejo el comentario sobre los diferentes ilustradores que pasaron por la serie a lo largo de los cuatro años de permanencia del guionista en ella. Destacar que el dibujo, pese a mostrar diferencias que marcan la autoría de cada uno de los creadores, guarda una gran uniformidad gráfica. Tal vez la razón se encuentre en que —salvo Alfredo Alcala—, todos cursaron estudios en la escuela de dibujo de Joe Kubert. A lo largo de los años han sido numerosas las colaboraciones entre Moore y sus compañeros en La cosa... reencontrándose todos en la serie 1963.
Bissette editó los primeros pasajes de From Hell. Veitch colaboró en Supreme, ocupándose normalmente de las historias complementarias, y creó junto a Alan el personaje Greyshirt para Tomorrow Stories. Totleben quien recientemente ha ilustrado en el número 50 de The Dreaming a algunos personajes de su etapa en Swamp Thing, baraja la creación de una serie junto a Moore, Pearl of the Deep. Las aventuras submarinas de este personaje aparecerían en Tomorrow Stories si Veitch finalmente abandona la serie en el número 12 —debido a su negativa a continuar trabajando para DC—, o en Comics Cascade, publicación donde aparecerían trabajos del guionista con dibujantes que no se pudieran comprometer a realizar series continuadas.
La lectura de los episodios del libretista británico para La cosa supone un ameno viaje a las pantanosas tierras de la imaginación. Te invito a que no te quedes sin visitarlas, aunque corres el riesgo de quedarte atrapado en sus cenagosos pasajes.




© Nino Ortea. Gijón, 24-VIII-09.
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viernes, 21 de agosto de 2009

De oficio... ¡descubridor!


Este mes de agosto se está caracterizando por ser un período de reencuentros. De viejos compañeros de estudios a antiguas aficiones de alcoba, me paso el día recuperando vivencias y placeres.

Para mi sorpresa, un comentario, opinión u extrañeza bastante repetido, es el de

-->¿Cómo es que no tienes pareja estable?

No deja de ser curioso que me hagan esa observación quienes de haber sido observadores repararían en que nunca he tenido novia, compañera o yunta.

Pese a haber estado casado y haber cohabitado, nunca he estado ennoviado. De hecho, cuando le anuncié a mi madre que me iba a casar en apenas tres meses, no pudo evitar preguntarme con quién.

Volviendo a este agosto y no al de 1990, como os comentaba sorprende ni irredenta soltería —a la que yo oculto su carácter forzado— que todos creen originada en mi componente enamoradizo.

Como a estas alturas, y con estos pelos, no estoy por dar explicaciones sobre mi perenne soltería, opto por responder con la pavada que creo que mi interlocutor busca oir. De hecho, como buen histrión, si el momento es apropiado y la compañía propicia, declamo al libreto del deseo la siguiente historia que alguna vez leí y hoy he encontrado para compartir con vosotros.

A seguir bien, queriéndose y compartiendo.










Cristóbal Colón pudo descubrir América sólo porque ¡¡ERA SOLTERO!!

Si Cristóbal Colón, hubiese tenido una esposa, habría tenido que oir
:

- ¿Y por qué tienes que ir tú?
- ¡Nunca vas a ver a tu madre y vas a ir a ver a las Indias!
- ¿Y por qué no mandan a otro?¿tú eres el mas tonto?

- ¡Todo lo ves redondo! ¿Estas loco o eres idiota?

- ¡No conoces ni a mi familia y vas a descubrir el nuevo mundo!


- ¿Qué escondes? ¡Ni siquiera sabes adónde vas!
- ¿Y sólo van a viajar hombres?. ¿Quién se lo va a creer?

- ¿Y por qué no puedo ir yo si tú eres el jefe?.... ¡ a mi nunca me
llevas de viaje!
- ¡Desgraciado, ya no sabes qué inventar para estar fuera de casa?

- ¡Si cruzas esa puerta yo me voy con mi madre! ¡Sinvergüenza!

- ¿Y quién es esa tal María?¿Qué Pinta?

- ¿Y dices que es una Niña?... ¡Vete a la mierda!... ¡Salido!


- ¡Todo lo tenías planeado, maldito! Tu has quedao con esas putas indias.


- ¿A mí me vas engañar? Siempre te han gustao las morenas sudacas.


- ¿Qué la Reina va a vender sus joyas para que viajes? ¿Me crees tonta o qué? ¿Qué tienes con esa vieja?


- ¡No permitiré que vayas a ningún lado! ¡ siempre te las apañas para dejarme sola!


- No va a pasar nada si el mundo sigue plano. Así que no te vistas ¡que no vas!

miércoles, 19 de agosto de 2009

El dolor va de vacaciones


El dolor va de vacaciones
En una realidad como la actual —que llevó a un director tan “personal” como David Lynch a vender café a través de su página web, con el fin de conseguir fondos para la distribución de su última película, Inland Empire— es esperanzador poder disfrutar de producciones tan enredadas como esta Babel del “visceral” Alejandro González Iñarritu, producida y distribuida por una multinacional —Paramount— y exhibida en su momento en las mejores salas de multicines donde compitió de tú a tú con dragones (Eragon) y mazizas (Casino Royale).


No deja de ser curioso que la distinta suerte de ambas obras—Inland Empire y Babel— ya quedara reflejada en el chauvinista festival de Cannes, donde el “tequilero” Iñarritu se alzó con el premio al mejor director, mientras que el “cafeinómano” Lynch vio su infusión cortada por la mala leche de una crítica gustosa de hacer leña del árbol que ayudó a crecer.
Babel no nos cuenta los trasuntos de una prima del puerco protagonista de Babe, el cerdito valiente (1995, George Miller); sino que reflexiona sobre el dolor, la incomunicación, la soledad, la familia, la compasión, el silencio, el egoísmo, el miedo… confeccionando un duro puzzle emocional con piezas extraídas de nuestro día a día, con situaciones cotidianas, vividas a escasos metros, o kilómetros, de distancia. Rompecabezas que plasma una introversión desoladora sobre la incomunicación, quiebra inherente al ser humano independientemente de su raza, credo o situación económica.


Y es que en poco se diferencian el adulto norteamericano que no conversa del dolor por la muerte de su hijo con su esposa, o la adolescente japonesa incapaz de comunicarse con su padre, de los niños marroquíes aterrados ante el tener que hablar con su progenitor. Puesto que, cual seguidores de Depeche Mode en su Enjoy the Silence, todos parecemos pensar que las palabras son innecesarias y tan sólo pueden herirnos; por lo que únicamente recurrimos a la comunicación cuando no sabemos qué decir, aterrados por la proximidad de la muerte, el abandono o la violencia estatal.
Desgraciadamente, los padres de la criatura —Iñarritu y su guionista Guillermo Arriaga— parecen haber caído presas de esta incomunicación que denuncian, y entre los dos se ha establecido un desencuentro creativo que amenaza con poner fin a su fructífera relación, plasmada brillantemente en sus dos obras anteriores: Amores perros (2000) y 21 gramos (2003).
En su ¿última? película firmada conjuntamente, ambos retoman una estructura narrativa basada en historias cruzadas, alejadas de los cánones clásicos de unidad de tiempo, espacio y acción. Desarrollada en Marruecos, Japón y la parte fronteriza entre EE.UU. y Méjico; hablada en cinco idiomas y protagonizada por un reparto babélico en el que conviven megaestrellas —como Brad Pitt y Koji Yakusho— con actores no profesionales —como los que encarnan a los niños marroquíes—, Babel muestra una estructura formal igualmente dispar: adecua el formato fotográfico a la historia ambientada en cada continente, en su música conviven Chavela Vargas, Earth Wind & Fire y Ryuichi Sakamoto con la empática banda sonora de Gustavo Santaolalla.
Siendo el resultado texturas, sonidos, encuadres y sensaciones muy diferenciados.