Ven y enloquece

Ven y enloquece
Fotocomposición a partir de una imagen de Eva Green en la película “The Dreamers”

miércoles, 13 de enero de 2010

Skreemer


Skreemer.
PeterMilligan, Bret Ewins, Steve Dillon.
Planeta-DeAgostini. Libro cartoné, 176 págs., color. 15,95 €


1992 fue un año de muertes: fallecieron héroes –La muerte de Superman–, se esfumaron espejismos olímpico/expositivos, y languidecieron sueños editoriales. El comienzo del largo velatorio de la editorial Zinco coincidió con la publicación de Skreemer. Obra que había sido publicada de manera serializada por la norteamericana DC, de mayo a octubre de 1989. La temática de Skreemer guardaba similitudes con la trayectoria que vivía Zinco: la editorial se resistía ante una realidad adversa, emprendiendo una fuga hacia delante, en la que la inercia de la caída la mantenía en movimiento.
        La muerte de Skreemer lo convirtió en mito entre los supervivientes a su opresión. El cierre de Zinco en 1997 promovió su leyenda, olvidando los aficionados las controversias que rodearon el último periodo de una editorial a la que el miedo a caer no le impidió intentar volar.
        El guionista Peter Milligan –X-Force– y el dibujante Brett Ewins –Robohunter– cuentan con el entintado de Steve Dillon –Preacher– para esta historia post-apocalíptica. En ella, nos encontramos una Norteamérica sumida en la obscuridad de un regreso a la sociedad feudal, con caciques trastocados en gángsteres escondidos bajo el eufemismo de “presidentes”; siendo la única luz de esperanza la elección de un monarca, “presidente de presidentes”, de entre unos mafiosos investidos en “nobles”. Veto Skreemer —señor del mayor clan— es reacio al cambio estamental, e intenta frenar la evolución social.
Alternando la voz de un narrador omnisciente con el retroceso narrativo, se nos cuenta la historia de Skreemer: éste ascenderá de raterillo a jefazo mafioso; ya adulto comprenderá que por el camino se despojó de lo que le mantenía sujeto a la vida, y que nada frenará su caída al vacío.
En este relato —de planteamiento similar al Érase una vez en América cinematográfico— tienen voz las consecuencias de estas luchas sobre las clases humildes, concretamente tres generaciones de los Finnegan.
        Debajo de una trama de guerra de bandas, repleta de acción y violencia, subyacen múltiples enfoques e interpretaciones, más allá de las alusiones literarias. Esta riqueza posibilita el juego favorito de Milligan: contar una historia a la que cada lector añade su percepción.
        A las referencias al Medievo, se une una reflexión sobre el Poder y su organización: los cambios sociales son propiciados por los hambrientos de Mando o impulsados por la Venganza. La Justicia sobrevive en el corazón de las Víctimas que no transmiten a sus vástagos Odio, sino deseos de Libertad.
Nadie es ajeno a la Violencia aunque sea para defender a los suyos o Sobrevivir. Los Finnegan —pese a su recurso a ella— redimen sus crímenes, y garantizan un Futuro a su progenie. La Esperanza nunca debe ceder ante la violencia.
La Predestinación con la que se justifican comportamientos, se enfrenta al Libre Albedrío. La imposibilidad de escapar a la Fatalidad, hace de algunas vidas un velatorio de sentimientos y sueños inmolados en el altar del Destino. La libertad de elección, aunque conlleva sufrimiento, garantiza mejoras. El Determinismo impide toda mejora, el secreto de la vida no está en saber qué va a pasar, sino en luchar por que ocurran las cosas.
El Nacimiento nos acerca a la Muerte a través de un viaje llamado Vida. La forma en que algunos desaprovechan sus existencias, aunque estén ornamentadas con poder y gloria, hace de ellas un velatorio de muertos en vida.
Por otro lado, son innegables los paralelismos entre Skreemer, y la última novela de James JoyceFinnegans Wake—. Paralelismos que se hacen evidentes al haber decidido el guionista Perter Milligan, titular la sexta entrega de su historia como la novela “El velatorio de Finnegan”.


Vivir bien no es sinónimo de buena vida. Obras como Skreemer nos ayudan a recordarlo.


Nino Ortea.      Gijón, 12/I/2010.

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