Ven y enloquece

Ven y enloquece
Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

domingo, 29 de agosto de 2010

Ven y enloquece: Reprise

En el perfil del blog me defino como caminante. Eso no quiere decir que nunca me desoriente. Ni que no me guste sentarme a ver pasar la vida de los demás, que nunca serán Los Otros, pues El Otro soy yo.

Mi definición es, simplemente, el resultado de desear que —en este paseo con el Amor y la Muerte que es la Vida— nada me estanque. Detenerme lo mínimo y dar los rodeos justos, suele ser mi forma de enfrentarme a un problema. Procuro atajar con mis armas los nudos gordianos que se cruzan en mi camino. Hay formas mejores, pero no son las mías.

Hacer camino puede darnos miedo. El mismo miedo que me dio pasar de la seguridad del pedaleo sobre cuatro ruedas a intentar mantenerme en equilibrio sobre dos. Caí. Me levanté. Y, para mi sorpresa, disfruté más de mis vagabundeos en bici.

Ahora me toca comprobar si he retomado el equilibrio de mi vida.

He necesitado algo más de seis años. Aquella tarde, al igual que ésta, brillaba el Sol. Espero que ahora no me deslumbre.

Como no sé cuándo voy a volver aquí de palabra, os doy ahora mi palabra de que sin vosotros seguiría perdido en mi bosque de lamentos. Gracias por haber venido y rescatarme de mi verborrea opiácea. Es recurso cobarde el de culpar a los demás de tus equivocaciones. Al igual que es recurso de cobardes el quedarse a la seguridad del fuego, sin salir a comprobar si hay luz más allá de las sombras.

Lamento la rabia y frustración que volqué aquí. Ahora que el ayer no duele, podría decir que haría las cosas de manera diferente. Pero, cuando sonó la música, intenté mantener el ritmo y guardar la compostura. Di traspiés. No soy Fred Astaire y mis zapatos no los impulsa Mercurio. Bailé como pude. A trompicones, según los ojos ciegos a mi declive. A destiempo, según los oídos sordos a mis lamentos. Si pisé, empujé y me abrí paso a codazos no fue buscando ser más que nadie. Con ser yo, tengo bastante. Pero, si hay veces en que ni yo mismo me aguanto, entiendo que otros no me quieran a su lado. No voy a decir que no saben lo que se pierden. Lo acabo de escribir.

Estoy contento con lo logrado y esperanzado ante lo que puedo lograr. Tenía muchos planes para este blog. Ahora tengo muchas ilusiones en la vida.

Todos hemos salido ganado.

Esto no es una despedida. No sé tú, pero yo tengo pensado seguir viniendo y enloqueciendo.

Quizás mantener la ilusión sea un mero número de escapismo sobre el escenario de la vida. Yo veo como un placentero acto de ilusionismo eso de maravillarnos ante lo que puede salir del sombrero, por mucho que se empeñen en darnos gato por liebre.

Fue y es un placer y un privilegio compartir contigo este viaje. Gracias.

Nos leemos pronto, si es que no nos vemos antes.

¡Salud y suerte!

Nino