Ven y enloquece

Ven y enloquece
Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

viernes, 1 de octubre de 2010

¿Quién era ese chico?

El pasado miércoles (29 de septiembre de 2010) falleció el actor norteamericano Tony Curtis.

Siempre me pareció un gran intérprete: versátil tanto en libretos trágicos como cómicos, dotado de un físico grácil que lo hacía creíble en películas de aventuras y un atractivo que lo equilibraba entre lo galante y lo pícaro.

Hablar de la mirada de Tony Curtis, de su capacidad para transmitir emociones, nos habla de un ser vivo que transmite vida. Como tal. Como hedonista que optó por vivir lo propio frente a representar lo ajeno, fue maldito por la misma industria que había engrandecido. Su carrera de más de 100 películas se ha visto reducida a su participación en una única producción, convertida en mítica por la suma entre la calidad técnica y la magia interpretativa.

Triste me ha parecido encontrarme ayer con referencias de su trayectoria limitadas al eco de un “Nadie es perfecto” que ni siquiera llegó a pronunciar. Y a imágenes sobre una aclaración en una lancha rápida en la que nunca llegó a navegar.

A este restringir su carrera a una única referencia. A ese referirnos a esa referencia usando referentes ajenos a él, unámosle un último agravio. Tony Curtis no guardaba buen recuerdo de esa película, en concreto de su relación con la —para otros, que no para él— icónica Marilyn Monroe. Curiosamente no es el único.

Ni como persona, actriz o amante logró en vida Norma Jeane Mortenson provocar un interés prolongado en quienes la convivían. Una vez muerta, la evocación de su personaje de Marilyn aún embruja nuestros sueños.

Al final Tony se vio atrapado en el laberinto de Hollywood. Siendo un Teseo a la fuerza, que combatía al minotauro de la memoria selectiva para acudir al rescate de la memoria de una Ariadna cuyos labios no busca besar.

Me revolví al pensar que, posiblemente, mi vida tenga un paralelismo con la de Tony Curtis. Y al vistazo de ojos ajenos, mi trayectoria se reduzca a un único viaje. El problema es que soy el Dédalo que construye mi laberinto, el Minotauro que acecha en él y el Ícaro que, para huir del tamal, se acerca tanto al Sol que sus alas de libertad se derriten al calor de la realidad.

Ha muerto Tony Curtis. Descanse en paz.

Niño