Ven y enloquece

Ven y enloquece
Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Alea iacta est

Supongo que debería haber prestado más atención a las lecciones de Filosofía. O, al menos, haber ido más a clase.

Quizá así tendría clara la diferencia entre lo conveniente y lo correcto. Quizá así sabría cuanto hay de razón y cuanto hay de excusa en lo que hago. Quizá en Sócrates, Descartes o Hegel encontraría esa reflexión que me ayude a diferenciar un acto egoísta de un comportamiento altruista.

Hace poco un gran amigo —con quien compartí muchos ceros en conducta— reflexionaba que a la hora de jugar en “Las grandes ligas vitales” conviene adoptar una actitud estoica. Como bien le dije, yo recurro a la táctica de Stoikov: luchar agresivamente todo el partido.

Así me va.



Supongo que debí prestar menos atención en las clases de Latín. Pero no podía evitar querer sentarme junto a Eneas, Catilina o Plauto. De ser capaz de soportar la prosperidad con mayor autocontrol y la adversidad con mayor fortaleza, quizás no me sentiría ahora merecedor de una filípica. Quizás debería haber leído más a Catulo y menos a César. Quizás ahora no me sentiría como un césar que, con un gesto de su mano, ha decidido el destino de una persona que quería seguir luchando en la arena.


Es curioso el que me acuerde de mi pasado ahora que me he desprendido de parte de él. Es desasosegante la facilidad con la que, en una semana, he tomado control de una vida que no es la mía. Soy imperator de destinos ajenos, mientras que el mío se cuida de los idus de marzo.

La suerte está echada. La rueca de Las Parcas hila nuestro destino.

Nino