Ven y enloquece

Ven y enloquece
Ven y enloquece apoya la campaña de Nino Ortea a favor de la lectura responsable y los sentimientos apasionados

domingo, 31 de enero de 2010

El Odio según Peter Bagge 3 de 4




--> ...pues en casa nunca ODIA dos veces


Pese a su título, Hate no es una obra impregnada de resentimiento, ofuscación o animadversión, firmada por un creador maldito. Para eso ya está este blog.
Tampoco estamos ante una creación que le sirve al autor para proyectar sus problemas personales y arreglar cuentas pendientes; algo que sí ocurre en muchos trabajos que sirven a sus firmantes para aliviar su resquemor social. Como es el caso de David Sim y su Cerebus, cuyo lector es en todo momento partícipe del día a día del autor.
Hate es un producto exitoso, creativa y comercialmente, donde Bagge –manteniendo su impronta gráfica y narrativa— refleja vivencias comunes a gran parte de los lectores, independientemente de su condición, edad o sexo. Junto a planteamientos disparatados, y habitualmente distorsionados, conviven reflexiones, normalmente disfrazadas de reflejos accidentales, sobre el lado menos amable de vivir en la sociedad del bienestar.
Ojeando los tebeos, uno puede quedarse con las escenas de sexo explícito, consumo de drogas o cabreos paternos. Leyendo las historias, puedes encontrar personas que ven en mantener una relación de pareja la única forma de escapar de su soledad, que encuentran en el consumo de alcohol un paliativo a su angustia, o que ven en la confrontación la única forma de comunicarse con sus allegados.
Bagge entiende el “odio” como una consecuencia de tener las ideas claras, y saber que no quieres tener nada que ver con mamones y mamonadas, por mucho que vengan fajados en la piel del éxito. Sus personajes son indiferentes a los mensajes de consumo convertidos en necesidades. No necesitan tener el último disco del penúltimo “triunfito”, sino disfrutar de un buen disco de una buena banda. 
Buddy no ambiciona nada ajeno; busca que no mangoneen lo suyo, y no duda en airear su inconformismo ante el vacío que lo rodea. Es esta condición de “joven airado” lo que lo convierte en “odioso”; tal y como le ocurriría en nuestro Mundo Real –constreñido por el blanco y negro que marcaron en las viñetas los primeros pasos de Hate– donde muchos califican de antisociales a los que defienden que OTRO MUNDO ES POSIBLE.
Bagge mantiene una actitud crítica y libre ante la vida. Principios que aplica al proyecto creativo. Aunque aborrece del ideario de las grandes editoriales, no duda en desaprobar la actitud de muchos de sus compañeros del cómic independiente, que con sus métodos convierten un universo creativo en camarote artístico. 
De hecho, sufrió ataques por preferir incluir publicidad en Hate a subir su precio, con el paso al color en el episodio 16; o por el cortometraje animado sobre ODIO que Steve Loter dirigió en 1995.

Afortunadamente, el lector español puede disfrutar en su lengua de esta obra, en una edición cuidadosamente acertada.
Lo que sigue es un somero acercamiento a ella. Si odias que te destripen las tramas, este es un momento perfecto para que te pongas a buscar por Internet fotos de Megan Fox, o videos de Mariah Carey embebida.

viernes, 29 de enero de 2010

Lucía Alonso Fernández: Pinturas.



Hola a todos:

De más de unos labios he oído que la admiración artística es una transfiguración de la frustración creativa.
Quizás sea así.
De hecho, no faltan hijos criados para cumplir las sueños de sus padres; ni artistas a los que, a falta de valía, nos sobra VANIDAD.

En mi caso, a mi exhibida vanagloria literaria se une una frustración pictórica que, quizás revele mi afición a La narrativa gráfica –vamos, a los tebeos–, al coleccionismo de carteles de cine y mi tendencia a dejarme ver por museos y salas de Arte.
El que os escribe –ese Marcelino que paternaliza a Nino– es un claro ejemplo de incapacidad para eso de la tinta y las texturas. Y no es que sea daltónico, o que mi condición masculina me ofusque ante esos colores imposibles que tiñen las telas –el día que alguna maniquí me bienexplique qué es eso de un color “roto”, me hará un descosido–.
No, la cosa es más clara y mi incapacidad para los lápices o pinceles es tan evidente como mi incontinencia ante la Belleza.
Cuando comencé párvulos, ya sabía leer. Cuando dejé la universidad seguía con una grafía de párvulo.
En primero de B.U.P., mi concepto de Arte Abstracto era merendar bocadillos de sustancias pringosas sobre las láminas de dibujo; y presentar las manchas como ejercicios creativos. Fui suspendido injustamente, pese a que Javi Nistal me había hecho todas las láminas de dibujo técnico. Llevé la asignatura pendiente hasta acreditar mi incapacidad para dibujar mi ordinaria mano izquierda en 3 convocatorias extraordinarias.
Mi madre siempre decía que me faltaba mano izquierda, nunca pensé que mi condición de manco afectara a lo artístico.
A los 18 años incumplidos, mi profesor en la Autoescuela San Esteban me preguntó la distancia de un extremo a otro de la acera, le contesté que unos 100 metros. Sorprendido, me indicó que eran unos 20. Tras obtener el carné de conducir, su sorpresa mudó a miedo y me aconsejó que adelantara en zonas de mucha visibilidad.
Hace poco, le dibujé con el mayor de los esmeros un conejo a un niño de 9 años. Buscaba impresionar a su ya crecida hermana. La que no sé si se impresionó o se presinó fue su profe, al saber que aquél esperpento lo había hecho “un señor”.

Desplegado lo anterior, debo aconsejaros que degustéis la muestra de diferentes pinturas firmadas por Lucía Alonso Fernández que cuelga en el salón de entrada del Ateneo Obrero de La Calzada, en Gijón.





 La exposición consta de 36 obras –desprovistas de título– que permanecerán expuestas hasta el 13 de febrero.
Estamos ante una artista capaz de captar lo extraordinario en lo cotidiano, y de capturar la fugacidad del momento en lo que se llegan a asemejar a instantáneas de polaroid.
En más de una ocasión, me he sorprendido cuando tras asistir a una muestra, recordaba más los marcos que los lienzos. En el caso de las telas de Lucía, la mayoría aparecen desenmarcadas o encuadradas por una enmarcación sobria. No faltando obras que, como la vida, se exceden de sus límites, lo que lleva a la autora a aprovechar cada resquicio pintable.

Un arte anónimo, al que cada par de ojos puede poner título, y que pese a su marcada inspiración localista trasciende lo costumbrista y profundiza en lo humano, en la belleza de lo que nos rodea. Belleza que sólo apreciamos cuando se convierte en recuerdos de lo que ya no existe. Sensaciones, que al igual que los cuadros de Lucía Alonso, puede presentar diferentes tamaños o intensidades
Hacía mucho tiempo que no presenciaba una muestra artística tan desprovista de ampulosidad y tan impregnada de tranquilidad.
Os aconsejo que disfrutéis, sin más razón que el hedonismo, de las pinturas de Lucía Alonso Fernández. A la que, de manera anónima y en vuestro nombre, deseo toda la Suerte y ánimo.

Y ahora, a vivir la vida; y a hacer de ello un Arte.

El Odio según Peter Bagge 2 de 4



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...Y si encuentra algo mejor, ÓDIELO. 


Peter Bagge nació el 11 de diciembre de 1957 –así que aún estás a tiempo de enviarle una de esas aborrecibles tarjetas de cumpleaños o de Navidad para felicitarlo en este 2010– en Peeksville, Nueva York.
Tras asistir a la School of Visual Arts de Manhattan, centró sus intereses en la Música –ahí están sus discos con The Action Suits, con portadas suyas– y en la Historieta. Medio en el que, junto a John Holstrom, desarrolló la revista Comical Funnies, donde nacen unos personajes llamados a las más altas cotas del rencor, los Bradley


Tras su trabajo en Weirdo –publicación creada por Robert Crumb– comienza su relación en 1985 con la editorial Fantagraphics, plasmada en los quince números de Neat Stuff; en cuyas páginas –desarrolladas en su totalidad por Bagge– comprueba la capacidad incordiadora de un grupo de historias de extensión variable que combinan elencos fijos con fugaces. Mundo Idiota –publicada por Ediciones La Cúpula, dentro de Brut Comix– recoge en sus trece entregas la totalidad de Neat Stuff salvo los dislates protagonizados por Los Bradley.
Concluida Neat Stuff, Bagge lanza Hate serie figurada por Buddy, hijo mayor de los Bradley. Hate alcanzó treinta entregas en los diez años en los que se mantuvo abierta (1990 - 2000) como colección serializada. Tras su decisión de cancelar la serie, Bagge ha regresado ocasionalmente al mundo de Hate, bien fletando especiales como Hate Jamboree, o en anuales, de los que ya van equipados cuatro. La Cúpula lleva publicados trece volúmenes de Hate dentro de la colección ODIO; viniendo a incluir cada uno tres episodios de la serie yanqui.

Bagge ha diversificado su producción, y ha bañado con su gracia otros medios como la TV o Internet. De entre su restante producción tebeística publicada en España, destacan las historias autoconclusivas que aparecían regularmente en la revista El Víbora —publicación que nos ha dejado justo cuando más la necesitábamos—, donde se presentó Hate.  
Si no eres de los que los odiables que a lo viejo lo llaman “clásico”, te sugiero que rebusques sus ocho episodios de Yeaah –escritos por Bagge y dibujados por Gilbert Hernández– y el relato arácnido Startling Stories: The Megalomaniacal Spider-Man, recogido en el Spiderman: El hombre araña nº 14 (edición de Planeta). Y ya puestos, repesca sus viñetas sobre The Matrix –ideada para la página web de la película o su colaboración con DC, Sweatshop, publicada in Spain por La Cúpula bajo la cabecera Sudando Tinta



Y si te encuentras entre los fatuos que no tienen problemas con el pérfido idioma inglés, podrás acercarte a algunas de sus obras más recientes, como su historia “The Incorrigible Hulk", esmeraldaza en la miniserie Strange Tales, con la que la editorial Marvel nos bendijo a finales de 2009.


jueves, 28 de enero de 2010

Esperanza



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Hay veces en que no vemos posibilidad de escape. En las que resulta dificil mantener la confianza.
Hay vidas cuya única esperanza es contar con que el ipad sea compatible con el ipod. Por lo que les sobra tiempo para descuidar a los demás o llenarlos de miedos.
Muchas veces se me dice que soy un hombre sin ambiciones, pues no deseo un trabajo estable, ni una vida cómoda.
Se equivocan, mi vida no es acomodada pero si confortable; y tengo una gran ambición: ser feliz.

Hay veces en que no vemos posibilidad de escape. Pero eso no quiere decir que no haya gente hay fuera intentando rescatarnos de la apatía que nos aprisiona.
Para vivir tenemos que sobrevivir a los caprichos del destino que nos maneja cual marionetas.

La chica haitiana de 17 años, Darlene Etienne, fue rescatada de entre los escombros de un edificio universitario este miercoles, 15 días después del terremoto que devastó la capital haitiana el 12 de enero.
Al menos otras 135 personas han sido desenterradas por equipos de rescate tras el terremoto.


Una vez más, gracias a todos los que confiasteis en mi cuando sólo sabía quejarme.
El ánimo es algo que se puede compartir. Recuerda que no hay mayor catástrofe natural que la soledad, seguro que al alcance de tu voz tienes a alguien víctima del desasosiégo.
Ayúdalo.
Con el tiempo, sólo recordará a quienes lo ayudaron y se habrá olvidado de los imperdonables.

El Odio según Peter Bagge 1 de 4




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Marcado por el ODIO

Desde pequeños se nos ha inculcado la idea de que odiar es algo muy feo, y lo que hay que hacer es “amar y ser desprendido”. No, no pongáis esa cara tipo Michelle Obama viendo su orondo reflejo en el espejo. Con lo de “amar y desprenderse” no os estoy sugiriendo que os despelotéis a la ligera, y menos con este frió eneril.
¿Os he dicho que odio el frío?
Sin embargo, uno es de los que piensan que eso del odio no está tan mal, dado que es una fina línea lo separa de esa tontería llamada amor; y además, por mucho que repaso los siete Pecados Capitales, no encuentro ninguna mención a la impiedad de detestar. 
Si todos aceptamos que “algo tiene el agua cuando la bendicen”, ¿por qué no admitimos que todos bebemos ocasionalmente de las acequias del odio, y nos dejamos de memeces como “envidia sana” o “indiferencia total”


Odio el brécol, odio trabajar, odio envejecer, odio que me toque quien no quiero, odio a los padres que dejan que sus monstruitos incordien a los demás, odio al que se acuesta con ella y despertarme solo.

Vivimos tiempos absurdos. En los que el matrimonio entre La Falsa Moral y El Remilgo Social ha tenido como descendencia silencios culpables disfrazados de buenos modales. La conjunción entre “Eso no se hace”, “Eso no se dice” y “Eso no se toca” ha originado una Sociedad donde quien mantiene una opinión crítica es un criticón, y quien no participa de las pautas globalizadas es un asocial.
El libre albedrío, el derecho al pataleo y al cabreo no tienen sentido en un Mundo donde las grandes corporaciones se han apoderado de todo aquello que no tenía derecho de propiedad y hacía de vivir un ejercicio de individualidad.
Cuando la llegada de las estaciones pertenece a una cadena de grandes almacenes, o la alegría de vivir está embotellada en una bebida refrescante, sólo nos quedan dos opciones: ponernos la piel de corderos y pastar felices en el redil del asentimiento, o clamar a voces en el rebaño del descontento.
¡Odio no tener televisión, para así poder lobotomizarme y tirar pa´lante!

El clamor de esos gritos de insatisfacción se convierte en Arte cuando brota de contados individuos que logran expresar lo que gran parte sentimos. Las diferencias creativas que distinguen a Pío Baroja, John Huston o The Rolling Stones, no les impiden coincidir en esa defensa del inconformismo y denuncia de la angustia vital que subyace en películas como Vidas rebeldes, novelas como El árbol de la ciencia, o canciones como Satisfaction.

El mundo de la Historieta no es ajeno a este “mecagontó” que nos desborda ante la infamia social. La genial obra de IVÁ, o la de Peter Bagge son prueba de ello. Las siguientes líneas se centrarán en la, hasta el momento, obra más representativa de Bagge, Hate, publicada en España bajo el título genérico de ODIO.
Pero antes de comenzar... unos consejos de nuestros patrocinadores.

domingo, 24 de enero de 2010

El fuego y la palabra



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El viernes 22 de enero –además de otros miles de personas– murió la actriz Jean Simmons.
Descansen todos en paz. 



Cada vez tengo más claro que nada es para siempre; y que por mucho que un beso te pueda hacer sentir invulnerable, no te convierte en inmortal. Incluso los dioses se acaban muriendo. Para matarlos no tenemos que escalar a ningún olimpo, donde desatar un ragnarok.
Encuentro fácil acabar con un dios. Basta con no creer en él.
En lo que siempre me revelo fallido es en recolocar, desde mi devocionario a mi bestiario, a aquellas que yo mismo endioso.


En ese sentimiento, como en otras cosas, me reconforta no sentirme solo.
Ayer mismo –cuando la noche calzaba finos tacones de aguja– me trasmitieron la decepción por que prefiriera odisear en pos de un sueño, a viajar en la realidad.
 Pero es que en el intento de llegar a conocerme, aprendo de lo que vivo, no de lo que los demás me previenen. Y me estimula mas la ilusión que la prevención. Aún así, gracias. Habría sido un placer compartir ese viaje.


También aprendo de la mayéutica que ofrece el Arte, principalmente del Cine.
Son muchas las veces en las que –al no recordar habitualmente lo que sueño– me ensueño con las películas que veo. Y siento como vivido lo que cuentan.


Me encantan las películas de amor. Sobre todo las  que nos hablan de esa pasión que hace que el corazón y el cerebro hablen idiomas diferentes.
Me atrapan esas historias en las que las tripas se me alteran, y las lágrimas se me escapan, al ver cómo otros son capaces de lo más sublime o de lo más indigno para aliviar esa quemadura que no se calma.


Mientras escribo esto, me vuelve al recuerdo la mirada de mi madre al ver mis lágrimas tras el resultado del duelo entre el vizconde de Valmont y Raphael Danceny. Pese a que ya había visto la película Amistades peligrosas (Stephen Frears) en el cine Robledo, esa escena volvía a emocionarme. Y aún me turba por lo irredento del sacrificio.


Otto Preminger es un creador que intermitentemente me obsesiona.
Sus historias se entremezclan con mis memorias, hasta llevarme a dudar de la autencidad de lo vivido. Al igual que Dana Andrews en Laura, también vi aparecer ente mí, mojada por la lluvia, a una mujer que me obsesionaba sin haberla conocido. Ella se llama Marta. Es rubia y a su lado descubrí el discreto encanto de la burguesía.

-->Ocurrió en otros tiempos, pero –al igual que ocurre con las mujeres de los cuadros–, los sentimientos cobran vida en el momento menos esperado

Otto Preminger no dejaba que la realidad maculara sus películas. En el filme Cara de ángel (1952), Preminger no estaba contento con el resultado de una escena en la que Robert Mitchun abofeteaba a Jean Simmons. Hizo repetir la escena hasta llevar a Simmons a llorar de dolor. Entonces ordenó cortar. La toma era perfecta.

Jean Simmons solloza en más momentos de la película, atrapada por una pasión enfermiza y criminal hacia alguien que no pertenece a su mundo. Simmons interpreta a una burguesa obsesionada con un proletario. Quizás mi mujer en la lluvia pasaba ahora a ser una hija de Electra, y yo había trasmutado de policía desencantado  a conductor atrapado en una relación destructiva de la que no quiere salir.
Aunque en teoría prefiero las ligazones en blanco y negro, me acabo desviviendo por ese gris que tan bien retrata Preminger.
Mi condición fetichista se manifiesta en mi pasión por el coleccionismo de carteles de cine.


En una entrevista que me realizó el diario La voz de Asturias el 22 de noviembre de 1992, hablo en un momento dado de los que son mis carteles favoritos, y destaco la ilusión que me haría conseguir un programa original de la película Cara de ángel. Con el paso del tiempo, lo tuve frente a mí en una plaza porticada de Bilbao donde los domingos se mercadea con quimeras.
No compré el cartel.
Creo que es bueno tener siempre un sueño que me haga seguir buscando. Pues al buscar, aprendo.



Ha muerto Jean Simmons. Su sueño de inmortalidad seguirá vivo mientras hablemos de ella.

Cuidaros en este domingo de color tan especial.

© Nino Ortea. Gijón. 24/I/2010
  


The vinilos are back. Aaaarg!

No, si ya sabía yo que eso de que la Ciencia avanza que es una barbaridad es una falacia. Como lo de que "Mi novio no me entiende", o "Contigo pan y cebolla".





En realidad, vamos para atrás.




Usándome como objeto de investigación, a mis 44 años veo que:



-Soy más pelón que cuando gateaba.




-No es nada raro que me desplace a 4 patas tras abusar de los biberones.




-Me sigue cayendo la baba ante lo que me gusta.




¡Y, encima, van y vuelven los discos de vinilo!



Así que, me temo que desacordes como estos son los que nos esperan en menos tiempo del que yo tardaré en desandar a tu lado.












Así que, en medio de esta vuelta al pasado:

¡Mañana, cuando me despierte, quiero volver a hacerlo contigo!





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© Nino Ortea. venyenloquece@hotmail.es Gijón. 22/I/10





viernes, 22 de enero de 2010

Interludio 011



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Hola a todos:

Ya hace tiempo que he llevado, a la sección de correo electrónico, el apartado de comentarios sobre los textos colgados en el blog. Como creo haber reconocido, vuestras consideraciones me sorprendieron y no supe tratarlas en la manera que se merecían.

Desde septiembre del año pasado, llevo remitiendo a los lectores cum animus exponendi a una dirección de correo desde la que la relación es más personal.

La mayoría de los días no recibo ningún mensaje relativo al blog; ni tampoco de amor. A no ser que incluyamos en ese apartado las apasionadas cartas de mi ignoto amigo Enlarge Your Penis.
Otras veces me comentáis sobre textos escritos hace tiempo, lo que me lleva a releerlos y sonrojarme al revisar mis contestaciones a los comentarios.

Es curioso cómo, tras privar a los comentarios del componente público, hay personas que han desaparecido –quizás en pos de nuevas oportunidades de exhibicionismo– y otras que se han animado a escribir después de meses de lectura silenciosa.


Lo que sí que se ha establecido es un flujo comunicativo que me resulta bastante reconfortante y, debo admitirlo, en ocasiones útil, pues utilizo la confidencialidad para sondear aspectos del blog.

Recientemente, he realizado una encuesta entre los comentaristas. Mi intención era saber los 10 textos que más gustaban a los lectores habituales; pues los resultados del Google Analytics –un programa que en teoría informa de las páginas que se leen en los cuadernos de Blogger– son bastante peregrinos sin sin ser martires. De hecho, en cuanto esté menos embrollado, planeo retomar la sección del consultorio basada en esas búsquedas, para que veais cómo esa cifra de lecturas que tanto os llama la atención –ahora superamos las 52.000– bailan ocasionalmente la música del azar.


Mientras os escribo ando algo liado en lo creativo, así que suelo colgar un número de entradas simultaneamente y secuenciar su publicación. Mientras que antes, era todo lo contrario y primaba la escritura automática, como en el caso de este posteo.


El caso es que, dado el reducido número de respuestas con las que conté en mi encuesta –ésta no era la votación de los TP de oro–, la lista de magni labores se reduce a 7 textos, pues decidí no tener en cuenta entradas que hubieran obtenido menos de 3 sugerencias. Aún así, es llamativa la preeminencia de algunos textos, pues uno de los artículos ha sido sugerido por 14 de los 16 comentaristas.

Si bien me halaga la lectura detallada del blog que connotan las respuestas, éstas también denotan que Ven y enloquece vivió sus mejores momentos creativos en el pasado. De las 7 sugerencias, 5 tienen más de 1 año.
Confío en que tanto en el blog como en mi vida, lo mejor esté por llegar. Ante todo, y una vez más: gracias por dedicarle vuestro tiempo a este sueño. No sabéis cuánto os debo.

Os dejo con la selección, pues quizás le sirva de guía rápida de lectura a ese lector que justo ahora descubre el blog.
La numeración de las entradas obedece a la fecha de publicación. Salvo la última, que es una prueba más de mi egocentrismo.


La verdad es que me ha sorprendido encontrarme con este texto entre los seleccionados, pues me temía que su tono y ritmo eran fallidos 1.

Me honra la presencia de esta parte de mí 2.


Sí, a mí éste soliloquio también me gusta mucho, aunque no entendí el aire de tristeza que muchos le confirieron 3.

Éste fue un momento muy especial, y quizás en el que más deseé que los deseos se hicieran realidad 4.

Sorprendido estoy. Lo enfoqué como un mero ejercicio de estilo y como una forma de silbar sin usar los lábios 5.

Esta fue la primera entrada que escribí por completo en un cuaderno en la playa San Lorenzo, Gijón, entre La escalerina y La escalerona. Probablemente, los castillos de arena que construí en mi niñez seguen asentados allí 6.

Al igual que los Beatles tienen su Yerterday, yo tengo este texto quizás más Lennon que McCarney en el que, llevado por mi Imagine, ilusioné este espejismo 7.

Y, fuera de toda duda, la entrada que más he disfrutado escribiendo fue ésta.

Y el mundo marcha. Os invito a apagar el ordenador y encender los sentidos. comienza el fin de semana. 
¿No sentis un cosquilleo?


Salud y suerte

© marceNino Ortea. venyenloquece@hotmail.es Gijón. 22/I/10

jueves, 21 de enero de 2010

El Pato Donald por Don Rosa





Dibujo original realizado en Gijón por Don Rosa, invitado por el salón Internacional del Cómic del Principado de Asturias.

Tengo que agradecerle a mi hermana su paciencia, pues fue ella la que hizo cola para solicitarle a Don Rosa el dibujo.

lunes, 18 de enero de 2010

Albert Camus et moi (Je suis Nino) 1/3



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En estos últimos días, la figura de Albert Camus ha sido desempolvada, y su crédito renovado. Pues dada su actitud crítica con el ser humano y con las ideologías, su vida y obra siempre han intentado ser espolvoreadas por los defensores del pensamiento único.

Uno, en su unidad, puede entender –que nunca aceptar– esa actitud por parte de una Iglesia que defiende que su dios es el verdadero y eleva a dogma incuestionable lo que con sólo cruzar un río se convierte en superchería. Pero, encontrar ese rezume mezquino y nihilista en quienes defienden el Internacionalismo y la Igualdad, es algo que me ofende.

Aunque, ya sabemos que la Libertad es un derecho muy defendible, siempre y cuando no lo ejerzas para pensar libremente.

Desde mi reducido punto de mira, lo que diferencia a unos y otros adocenados es que los cerúleos visten de camisas de imitación; y los bermellones de camisetas exclusivas.

Pero bueno, quizás en la lucha final, nos agrupemos todos. 
Al contrario que el italianizante de Dante, yo mantengo toda esperanza.

En lo que sí que coincidimos urbi et orbi es en seguir venerando la necrofilia cultural: hace falta morirse de hambre, de asco o de un accidente paradójico para que tu cuerpo creativo decore estanterías, paredes o carpetas de adolescentes. Y es que lo de la loa post mortem, no es algo nuevo…

Ahí tenemos, por ejemplo, el caso de Voltaire; cuyo exquisito cadáver fue vejado por detractores y acólitos, hasta  su reclusión en el ilustre panteón al que Sarkozy quiere llevar los restos de Camus. Si Voltaire sufrió en vida los desprecios de Montesquieu, y Camus los de Sartre; ya muertos los cuatro, se han visto igualados tanto por la Parca –que no diferencia entre patricios y plebeyos–, como por afrontar el usufructo de su figura por los vivaces políticos.

Por fortuna, en el caso de Albert Camus no estamos ante otro Franz Kafka; pues se sintió amado y apreciado en vida, e incluso recibió un premio Nóbel, cuando ese reconocimiento tenía sentido (In ille tempore, adhuc Obama milites ad Afganistan Irakque non praeberebat)

Muchos califican de absurda la muerte de Camus –un 4 de enero de 1960–, por oficiar en ese momento de copiloto de un coche y no de timonel de su destino. Pero, ¿no son absurdas todas las muertes? ¿O hace falta haber escrito El extranjero para que se te considere un hombre rebelde?

Toda muerte es el absurdo comienzo de la NADA. Y, en caso de que hayas sido famoso, marcará el desemboce para que una serie de meretrices fabulen con la cama que nunca calentaron; y para que una legión de vanidosos hable de su estrecho vínculo con el indefenso difunto.

YO también tengo una vivencia compartida con Albert, ¡y estoy aquí para contarla!




Albert Camus et moi (Je suis Nino) 2/3



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Corría el año 1985 –pongamos que finales de octubre–, cuando en los pasillos de la universidad vi una convocatoria para formar un grupo de teatro. No tenía ninguna vocación escénica, ni el género me gustaba como lector o espectador. Pero –llevado por el desmedido aburrimiento que mi segundo año universitario ya provocaba en mí– decidí asistir a la convocatoria, donde quizás encontraría té y compañía.

Sería injusto culpar a otros de mi falta de entusiasmo estudiantil; pues la razón por la que había optado por cursar esa titulación era del todo espuria.











Pese a que el director que fue del Colegio Público Jovellanos, Don Rufino, desaconsejó que siguiera estudiando, asistí al Instituto Jovellanos –como veis, mi falta de originalidad es compartida por los prohombres de mi ciudad a la hora de bautizar centros– donde en la primera evaluación cateé 8 asignaturas, y la tutora citó a mis padres para aconsejarles que me mandaran a un centro de educación especial.

Mi padre necesitó de toda su fuerza para que mi madre no desdentara a aquella simple. A partir de ahí, me esperó un vía crucis de asignaturas pendientes, expulsiones temporales del centro y la repetición de 3º de B.U.P. Hasta que, al ver que mis padres persistían en lo de que tuviera una educación, decidí estudiar otra manera de salir de allí.

Sorprendentemente, avanzaba septiembre de 1984 y me encontraba con una nota media que me permitía matricularme en cualquier carrera –sic transit gloria mundi–. Pese a lo avanzado de la fecha, este indecente seguía soltero y entero en lo docente. .

Yo quería estudiar periodismo en Madrid, pero mis padres temían que acabaría apareciendo en una peli del incipiente Almodóvar; así que no pude bailar esa canción en los bailes de Marte.

Mi madre soñaba con que preparara Derecho. Mi padre, Económicas –pese a que había cursado Letras Puras–. Y yo pedía información a la embajada de Canadá, para irme a vivir allí y no hacer la mili.

Una mañana, caminando cum mia mâter por la ahora desmoronada calle Los Moros, nos encontramos con una amiga suya. Elena le comentó su preocupación ante mi resistencia a seguir estudiando, y la señora le dijo que su hija estaba haciendo algo llamado Filología –yo ni siquiera sabía que eso existía–; y que además, como la mayoría del alumnado eran chicas, el ambiente era muy agradable.

¿Chicas? ¡Filología, allá voy! ¡Mami, quiero ser filólogo!








Mi primer año de carrera fue tan satisfactorio que, al finalizarlo, mis padres me ofrecieron ir a estudiar Periodismo a Madrid. De aquella, ya ni me planteaba ser reportero: ¡Quería ser maharajá en aquél janah de huríes en que se habían convertido los aledaños a la Plaza de Feijoo! Así que mi respuesta fue algo así como: “¿Ir a Madrid? ¿Allí donde los pájaros visitan al psiquiatra y las estrellas se olvidan de salir? ¡Si voy, enloquezco!

Además, yo no quería estudiar. Pero no me atrevía a dar ese disgusto a mis padres, ni brindarle una excusa a mi madre para desenterrar su zapatilla de guerra. Y, dado que al estar matriculado se me concedía la prórroga militar, decidí sacrificarme y seguir filologeando.

Pero bueno, no estoy aquí para hablar de mi vida; si no de mi relación con Albert.




Albert Camus et moi (Je suis Nino) 3/3



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Habíamos quedado en el momento en que, de camino a la cafetería, me enteré de que se planeaba formar un grupo de teatro en la facultad.

Esa tarde había llegado tarde para asistir a clase –lo de ser feo, y hacer auto-stop tenía sus problemas–.
De aquella, mi mayor inspiración entre horas era quedar con Zapa para ir a un parque cercano –El Campillín– a beber de una botella de vino que escondíamos entrada la tarde en una de las cisternas de los urinarios. Así, cada vez que alguien tiraba de la cadena nos hacía un favor, al refrescar nuestro morapio. Pero, el muy garbancero, no me esperaba en el patio; así que tuve que entrar al centro y subir los 3 pisos hasta la cafetería.

Recuerdo muy bien esa tarde de lunes, pues mis compañeros –aprovechando mi ausencia– me nombraron subdelegado; lo cual conllevó el comienzo de mi personal Coniuratione Catilinae.
Pero, ésa es otra historia, y temo que estoy divagado en exceso.

Ya de viernes, se celebró la reunión teatral. El número de  asistentes fue tan bajo que no sólo parecíamos Torrebruno and friends, si no que los organizadores no creyeron necesario celebrar un proceso selectivo. El futuro directorJosealgo–, comentó que los que tenían experiencia actuarían, y los novatos desempeñaríamos funciones técnicas y de figuración, para así profundizar en los misterios de El Teatro.

Protesté. No estaba allí para mover lucecitas, poner musiquita o hacer de figurante. ¡Yo quería ser actor, no electricista!

Tras la reunión, la innombrable profesora que coordinaba el grupo nos dejó en paz, así que nos fuimos a cervecear con el dire. Resultó que Josealgo también vivía en Gijón, y se ofreció a traerme de vuelta a casa. En algún momento –nunca le hice mucho caso– dijo que mi protesta le había parecido muy teatral, y mi argumentación convincente; así que la oportunidad de actuar quedaba abierta a todos.

Comenzaban tiempos nuevos, tiempos salvajes.

Mientras profe y dire decidían qué obra representaríamos, iniciamos nuestra ¿formación? en un proceso que resultó ser un bostezo: caminábamos despacio fingiendo convulsiones, hablábamos con la barriga y nos dejábamos caer de espaldas confiando en que un compañero nos cogiera. Yo había imaginado algo al estilo Fura dels Baus, y me veía haciendo gimnasia para embarazadas.

Cuando ya estaba pensando en dejarlo, cansado de esperar al godot creativo, me subí al tranvía llamado deseo. A ése que crees que sólo pasará una vez, aunque he acabado mareado de subir y bajar del caprichoso carricoche.Vamos, que me enamoré cual Romeo de Julieta… bueno, llamémosla Eva.






Cerca de Navidades, se decidió que representaríamos la obra Calígula, de mi leído Albert Camus. Y se procedió a una declamación conjunta de escenas, para seleccionar el elenco. Resulté elegido para el papel de Helicón, mientras que a Eva la marcaron de secretaria del director. Esto fue un viernes 13 de diciembre, y yo estaba de lo más yeison: se acababan las clases, y mis opciones de verla.

A la salida de la escabechina, me adelanté para hablarle. Me llevaba unos pasos de distancia, dos años de edad y varias reencarnaciones de ventaja. No recuerdo qué le dije, pero sí que rió con ganas. No me habría importado quedarme ciego allí; pero, como soy muy mirado para lo mío, la observé fijamente y le propuse quedar el día siguiente para hablar de la carnestolenda que le habían hecho.

Siempre he defendido las ventajas de no vivir en oviedo. Aquel sábado me aproveché de ello, al aparentar perder un último autocar que nunca quise coger. La noche se nos hizo corta.

Esas Navidades fueron inolvidables…

…sobre todo para mi señora madre.

Resulta que le había hablado con ánimo renovado de la obra –“Calígula, ya sabes, como el emperador”–. Ella, una tarde en el videoclub, vio una peli homónima –la de Tinto Brass– y la sacó. Después descalzó la zapatilla a mi espera. Me costó dios y ayuda convencerla de que aquello no era lo que yo representaría, bueno en realidad lo hizo el texto de Camus que la invité a leer.

Recuperada la paz, en un momento errático le hablé de EVA. Craso error, amigo Sancho, pues Eva es carbayona. “ ¿No hay neñes bastantes en Gijón, para que andes con una de oviedo, pazguatu?”

Eva resultó ser una compañía sugerente, pero una secretaria deficiente. Así que, al poco de retomar los ensayos, la echaron del grupo. En ese mismo momento, nos fuimos dos por el precio de uno. Nadie me pidió que me quedara.

El 1º de mayo, me dejó por primera vez. Creo que la última ocasión en que la vi fue el día de mi boda, a la salida de la iglesia. Estaba de pie, en la esquina de la cerrajería El candado. Poco después se fue a vivir a Canarias, vox populi dicendi.

No la he vuelto a ver.

Tampoco he vuelto a leer ninguna obra de Camus. Siempre me hablan de lo que nunca fue.


“Con él, he aprendido que puede tenerse toda la razón y ser vencido; que la fuerza puede derrotar al espíritu, y que hay tiempos en los que el valor no es su propia recompensa”.



© Marcelino Ortea. venyenloquece@hotmail.es Gijón. 18/I/10