Ven y enloquece

Ven y enloquece
Fotocomposición a partir de una imagen de Eva Green en la película “The Dreamers”

viernes, 20 de abril de 2012

Al pan, peich; y al vino, ¡handerr!

Lo reconozco: soy un cobarde. Quizá también sea un gallina; lo que tengo claro es que –yo que soñaba con ser El Capitán Trueno– me he convertido en un capitán de la sardina. Eso sí, de la enlatada; que, tal y como está la situación, uno prefiere conservar a arriesgar.

Lo de mi cobardía viene de lejos. Aunque intento acercarme a ella, para domarla con pequeños gestos que vendo como grandes gestas. Para vencer el miedo a la pérdida, me hago trampas al solitario. Para dominar mi aprensión al fracaso, relleno crucigramas tras leer las soluciones. Para llenar mi temor al estómago vacío, como yogures caducados. Pero mi miedo a la página en blanco sigue ahí. Haciéndome embutir la papelera con quieroynopuedos creativos.
Lo de las Pussy Riot ha llevado que me vuelva a asustar hasta de mi sombra. Y más al temer que la consecuencia de mis temeridades puede llevarme a pasar eternidades a la sombra.
Yo lo que quería ser tan valiente como El Capitán Trueno; y escribir una reflexión sobre “el demonio de las armas”. Recalcar sus efectos letales; y más cuando la mano que las carga no es la del Diablo, sino la del Regente. Pero, por eso de la intocabilidad de la coronidad, mejor memeto con Rajoy. Pues incluso su votante lo trata de tunante. Y de la sardina al atún, la diferencia sólo es el tamaño. Así que, ¡allá voy, Rajoy!

Pero no. No me parece prudente meterme con el Presidente. A las Pussy Riot las van a enlatar en la cárcel por cantarle en cirílico a un político ruso. Resulta que, a las muy punkis, no se les ocurrió otra cosa que montarle un cirio a Putin en un templo ortodoxo. Y el muy rencoroso del presidente ruso amenaza con tenerlas en presidio hasta que Manolo Escobar encuentre su carro.
Así que mejor me olvido del Señor Rajoy y de la familia de los Borbones y me dedico a comer bombones. Quizá así logre tener una dicción parecida a la del bien parecido héroe de acción africana, gran simulador cameral y mejor orador en los pasillos. Aunque,al compararme con él renacen mis miedos. Y al oírlo, que no escucharlo, mis inseguridades se hacen verdades:no hablo el mismo idioma que el monarca. ¡No soy español! ¡Soy chiquitistaní!
Ese señor, con traje y muletas, habla de manera diferente. Mi problema es que, en mi pretenciosidad, me suena a leísta, casi vulgar en su uso de los participios. Y no puede ser. Es imposible. Pues esa persona corona la máxima representación del idioma de Cervantes; así que vuelvo a lo de antes: mi miedo a que no me entiendan, hace que yo desatienda a lo que dicen los demás. 
Un jefe del estado no puede hablar con descuido el idioma que cuida y da esplendor; ya que eso sería una manifestación de lo poco que le importan sus representados. Así que el Patrón de las Reales Acedemías, no puede andarse con anemias linguísticas. 
 Soy yo el equivocado,el desentonado y el mal pensado.


Así que, antes de que esto del español se me quede grande, mejor me quedo con Chiquito en yutiuf y aprendo sin doma mi idioma.
¡Hasta luego, Lucas!