Ven y enloquece

Ven y enloquece
Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

jueves, 3 de mayo de 2012

Parece que fue ayer; y fue hace un año.


Supongo que lo de ponerme a hacer un balance anual, suena a elaborar una cuenta de resultados; y lo que me gusta escribir son cuentos resultones. Además, resulta pretencioso sopesar el paso de un año pasado en un blog de apenas una semana de edad. Una vanagloria sólo comparable a la de la escritura de sus memorias por el adolescente Justin Bieber o al anunciar el final de una crisis, nunca admitida, por parte del ya excluido Presidente Zapatero
Pero… ahora que más que vivir en tiempos crisis, sobrevivimos a políticos de miseria; ahora que es tan decadente criticar al regente; ahora que, todos los cuentos parecen el cuento de nunca empezar, nos sobran los motivos para empezar a recordar.
Fue hace un año, o eso aseguran, que un estado justiciero asesinó al hombre que encarnaba la injusticia. 

El mundo iba a ser mejor y nuestros hijos serían más felices. Un año después, lo mejor que le ha pasado a El Mundo –al de Pedro J.– ha sido ceder su frecuencia televisiva a una señal más atractiva. Al resto del mundo, al de todos, las cosas no le han ido tan bien. Y nuestros hijos naufragan en la incertidumbre que anega el cariño de sus padres. El cariño es caro cuando tienes la mente en el paro, mejor dejamos que el consuelo que los niños buscan en nosotros lo encuentren en las consolas.
El asesinato de Bin Laden no desató las siete plagas de Egipto que muchos temían; pero sí que está claro que la primavera social no climatiza al país del Nilo; ni a ninguna otra nación, al norte o al sur del Ribicón, de las que tenemos pendientes de un hilo nuestros avances democráticos. 
A falta de hilos, sobran las cuerdas y las cadenas con las que se sigue encarcelando a disidentes y reprimiendo a pueblos, que denuncian que los espejismos de libertad buscan cegarnos frente a las realidades de explotación. Está claro que tras la caída del telón de acero, al Poder se le ve el plumero. Ya no necesita esconder su mano de hierro bajo un guante de terciopelo, por lo que nos quita lo que nunca nos dio: el espejismo social del estado del bienestar.

Ahora que ponnos otra y qué se debe. Ahora que el mundo está recién pintado. Ahora que las tormentas son tan breves Y los duelos no se atreven a dolernos demasiado...
Ahora es cuando empezamos a entender de qué va ese “cambio” que igualó a Obama, Merkel y Rajoy. Llegados a este presente, más de uno hará suyo él, “sí lo sé, no voy” a votar, a trabajar, a luchar…
Desprestigian la política aquellos que viven muy bien de ella y los que se enriquecen a su sombra. Permitimos a representantes políticos y sindicales –que han posibilitado esta situación de desmantelamiento productivo– que encabecen nuestras marchas de protesta. Soy protestón y cabezón, por eso no entiendo que los que me han dejado viviendo de la chatarra, presenten como oro una gestión que los desluce. Y ¿qué decir de sus sustitutos?

A estas alturas, creo que en España se ha producido un gran error. Uno nuevo, pero evidente por la figura del presidente ausente y silente. Y es que donde millones de españoles creyeron estar votando al PePé, en realidad lo hacían al PiPí. Pues si no está en el baño, no sé dónde se mete el actual presidente que, hace ahora un año, criticaba por engaño al por entonces mandatario y denunciaba que estaba mandando todo al garete. ¿Estará Rajoy en el retrete? ¿Dónde va cuando se esconde de los medios de comunicación? Es muy fácil eso de dirigirte a la nación en tono mitinero desde un congreso de tu partido, es algo tan cómodo como ajustar cuentas desde tu blog. Lo difícil, lo necesario, es dar la cara y hablar de tú a tú, sin tiempos pactados, a una sociedad desarbolada por unos ciclones que no cesan.
Ahora que las floristas me saludan. Ahora que me doctoro en lencería, Ahora que te desnudo y me desnudas,
Ahora voy yo y escribo, que mi vida ha mejorado sólo por tenerla a mi lado. A la esperanza que encuentro no en las promesas de los políticos, sino en nuestros paseos por los tejados.

Ha pasado un año, confiemos en que pasen muchos. Y en que, aunque la vida nos achuche, sigamos teniendo tiempo para compartir achuchones, risas e ilusiones.

Nino

Las frases publicadas en cursiva corresponden a estrofas de la canción Ahora que… de Joaquín Sabina.