Ven y enloquece

Ven y enloquece
Fotocomposición a partir de una imagen de Eva Green en la película “The Dreamers”

martes, 8 de octubre de 2013

El tamaño no importa.

Que conste que, con esto de negar la importancia del tamaño, el autor de este texto no está justificando su no dar la talla en el somier de batalla. Pues él pertenece a la famosa media masculina que empina los 20 cms, lo cual viene a ser más o menos el tamaño de un mechero mini bic, ¿no?

Bueno, mejor me voy por el centímetro –que desde que dejé de fumar he perdido la chispa y el chispero– y os dejo con nuestro articulista invitado de hoy: Don Rompetechos Magoo.


El tamaño NO importa.

Pedirle a un allegado un pequeño favor es abrirle la puerta a una gran decepción. Este silogismo no es deductivo ni inductivo, sino destructivo para la autoestima. Pues cuando uno pide algo que para él es importante y el peticionado lo desoye por irrelevante, se le cae el alma a los pies y la autoestima se le queda en los huesos.
Supongo que ustedes se preguntarán: ¿No está usted, Don Rompetechos, exagerando un rato? Raudo cual gato les aseguro mi celibato en eso de dramatizar lo cotidiano. Para eso ya están los periodistas que nos desinforman al presentar como noticias lo que son meras crónicas amarillistas de sucesos y madribarcelonistas de fútbol.

Intentaré ser concreto y escueto en mi exposición y subsiguiente racionamiento:
Sostengo que el tamaño de un favor no importa, sino la intención del peticionado.
Expongo que de nada vale calificar un favor como “pequeño”, cuando a quien nos dirigimos le supone un gran esfuerzo el escucharnos.
Aconsejo que, más allá de las palabras prestemos atención a los hechos: los favores no se piden, se ofrecen y se hacen,

Y es que si al dirigirse a un amigo, usted se siente como un mendigo, no le está pidiendo un favor, lo está hundiendo en el sopor de tener que escuchar lo que para usted es importante y para él, trivial.

Permítame un consejo: en esa situación póngase las gafas de ver de cerca, pues quizá lleve tiempo llamando amigo al que es mero conocido. 


Sin más me despido, muy contento de haber venido y de estar enloquecido.
Siempre suyo en lo que no es mío
Rompetechos Magoo.





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