Ven y enloquece

Ven y enloquece
Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

martes, 31 de diciembre de 2013

… y no terminaré mi canto hasta que muera.



Cuando hace cinco años escribí esta entrada, trabajaba de recepcionista de noche en un hotel, en 6 jornadas laborales en turnos de 9 horas. Más allá del sueldo –soy tan vulgar que hago por dinero lo que no haría por cariño–, esa experiencia laboral discontinua de 4 años valió para ayudarme a conocerme. Éste texto, está escrito en la tercera Navidad que pasé en la recepción. Releerlo me ayuda a reconocerme; confío en que a ti te entretenga.


lunes, 29 de diciembre de 2008

Hola a todos:
Se acerca el fin de año. Período propicio a reflexionar sobre lo andado y planear nuevas caminatas.
Enero es un lapso lleno de propósitos de enmienda y dolor de los pecados: dejar de fumar, apuntarse a un gimnasio, aprender inglés,… “Mamá, esta evaluación me voy a esforzar”… “No volveré a llamarla”… “En cuanto pasen las fiestas, lo hablo con él”…
Pero, por desgracia, huyendo del frío, nos solemos dejar olvidados nuestros propósitos de cambio para enero.
El mes de septiembre también es un momento en el que planeamos aligerar nuestro bestiario y avivar nuestro devocionario; aunque, quizás porque el mañana no existe —o porque es recomendable tener planes por desarrollar cuando nos jubilemos—, lo normal es que, ya en octubre, sigamos adorando a borregas de oro y esculpamos tablas de diez mandamientos a cumplir en cuanto el presente se convierta en pasado.
No sé si os habré comentado alguna vez que cuando Nino era niño, le dio por abrir una radio y ponerse a chupar su corazón: un ¿condensador? que había dentro. Lo más curioso de todo es que, según me cuentan, yo había estado leyendo un tebeo de El capitán Trueno —en el que se enfrentan a una secta de adoradores de un murciélago (“muciégralo” en idioma ninosko) gigante— antes de ponerme a la ingesta del transistor. ¡Para que luego digan que eso de leer no es malo!
 Caricias a mano abierta aparte, ese atracón de voltios tuvo sus consecuencias:
La coña con lo de “muciégralo” pervive hoy en día.
Mi madre procuró no volver a dejar ningún receptor a mi alcance.
Cada vez que comento que voy a cambiar un enchufe, mi padre me pregunta si tengo hambre.
Me encanta cantar, hablar y poner voces… no es que esté poseído ¡es que parezco una radio!

Todo esto viene a cuento de, que mientras escribía el párrafo anterior en el escenario de esta recepción vacía, canturreaba una canción de Sinatra (Forget Domani) donde nos invita a vivir el presente pues el mañana nunca llega. Así que, en lo que puedo, estoy intentando anticiparme a la llegada del año nuevo para acercarme a lo que quiero ser.
Que el destino es una fuerza muy caprichosa es algo que aprendemos de lo vivido; pero, si le ponemos ganas, convertir ciertos vicios en placeres es sólo cuestión de terquedad.
De hecho, mientras me entretengo jugando con el teclado, mi existencia puede haber emprendido una nueva dirección, y yo sin saberlo. No en vano, el doblar una esquina, o llevar un teléfono a la playa, ha tenido en mi vida repercusiones más transcendentales que la más meditada de las decisiones.
Desde hace tres años, las cosas han mutado. Mi medida del tiempo ha cambiado y, la nueva añada vital comienza cuando finaliza mi contrato en el turno de sombras de esta sala de hotel. Mi condición recepcionista condiciona mi percepción del tiempo y la forma de vivirlo, hasta el punto de que el año no comienza con la ingesta de doce uvas, si no con la firma de un finiquito. Es para entonces que sitúo mis propósitos de mejora y cambio.

Centrándome en el blog, mucho ha cambiado desde el 20 de julio en que escribí El porqué de las cosas. Debo reconocer que en mi convalecencia emocional, desarrollar Ven y enloquece ha sido una de las actividades más reconfortantes para mi autoestima.
Por desgracia, la apertura de este blog ha conllevado mi alejamiento de algunas personas. Hubo reacciones que no supe, o no quise, entender. También noté rabietas celosas alternadas con desprecios deslucidos. No faltó la figura del lector que —como ese concurrente a un espectáculo de magia que se desvive en gritar “Eso tiene trampa”, “Aquí hay truco”— se empeñó en intentar desvirtuar el blog a su imagen y semejanza, sin darse cuenta de que su actitud sólo revelaba su carácter ágrafo.
Cada lector es un milagro de comunicación, pero no escribo para nadie en concreto. Ante todo escribo para mí y por mí.
A todos los que han llegado a mi vida o se han alejado de ella; a las que expulsé de mi templo por fariseas o acogí por sinceras; a los que decepcioné, mentí o me decepcionaron y mintieron…
A quien ignoré en mi ceguera, le pido perdón.
A todos, idos o venidos, os deseo lo mejor; pero algunos caminaréis solos por las calles del olvido, o, al menos, lo haréis sin mí.
Os dejo con un fragmento del poema Canto a mí mismo, de Walt Whitman.
Salud y suerte.
De "Canto a mí mismo":
Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.
Vago... e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
para ver cómo crece la hierba del estío.
Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,
de esta tierra y de estos vientos.
Me engendraron padres que nacieron aquí,
de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

¡Qué tristes parecen las burbujas del champán!



Germán Coppini (Santander, 1961), quien fue la primera voz de Siniestro Total y fundador de Golºpes Bajos, uno de los grupos fundamentales del pop nacional de los años ochenta, ha fallecido esta Nochebuena en Madrid a los 52 años, según la web Zona Musical. El cantante, representante de la movida, ha muerto sobre las nueve de la noche, víctima de una enfermedad hepática que padecía desde hacía años, según la página de información musical.



Gracias, Germán, has dado letra a mis palabras y puesto música a mis sentimientos. 
Otros han hecho más ruido, otra hace un gran negocio; pero tú junto con Enrique Urquijo y Antonio Vega encarnáis la excelencia creativa que nace del sentimiento. Sin vosotros, el panorama musical se convierte en una fiesta de maniquíes.

Letra de Hansel y Gretel, por Golpes Bajos.
Por la casita encantada
no te ha dejado caer,
los dulces se están perdiendo,
está volviendo a llover.

Regalos amontonados,
Hansel y Gretel están llorando,
las hadas buenas ya se han marchado.

La pequeña bailarina
por ti ha vuelto a preguntar.
Sentados los dos al fuego,
cuentan cosas de su capitán.

Te echamos todos de menos,
no han vuelto a dar cuerda a la caja musical,
¡qué tristes parecen las burbujas del champán!

¿En qué he vuelto esta vez a fallar?
¿En qué he vuelto esta vez a fallar?

Se van quedando dormidos
en cada rincón del hogar,
los corazones de trapo
están muy lejos de la realidad.

Dejo entornada la puerta,
de un momento a otro puedes cruzar el umbral
aferrado a tu retrato...

No das señales de vida,
yo ya empiezo a envejecer.
¿Te acuerdas de esa casita?
Pues ahora han construido un hotel.

Regalos amontonados,
Hansel y Gretel están llorando,
las hadas buenas ya se han marchado.

viernes, 20 de diciembre de 2013

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El hilo de Ariadna II.



Ahora no estoy solo en mi laberinto. He llegado a una encrucijada en la que confluyen pasillos de otros meandros. Resuenan voces que denuncian los abusos de La Armada Cultural, que navega a toda vela gracias a las condenas a galeras a las que somete a los creadores.

Los editores, los promotores y los productores son unos facinerosos, que cuentan con patente de corso para cazarnos tras denostarnos como piratas, cuando sólo somos hermanos de la costa libertaria. ¡La Industria es el Capitán Morgan, nosotros la tripulación de El cisne negro!



Pero no es así. La vida no es en blanco y negro, está llena de matices.

Me llama la atención la persistencia de mis compañeros en que La Cultura sea gratuita. ¿También la querrán arbitraria y sin fundamento? Yo pienso que lo que debe ser gratis son el pan y la sal, los mimos y las caricias. La cultura debe ser popular y barata, que no mala. El creador deber ver garantizado su derecho a ganarse la vida con dignidad, no viviendo de limosnas institucionales.



Me descubro hablando en voz alta y mis camaradas empiezan a mirarme. Les digo que no entiendo que un escritor no pueda aspirar a ganar dinero escribiendo una novela, pero sí una profesora que comenta libros ajenos o un bibliotecario que los clasifica.

Con nuestros abordajes estamos hundiendo pequeñas naves, patroneadas por mercaderes modestos y tripuladas por algunos de nuestros iguales que, tras sobrevivir al naufragio, se convertirán en marineros en tierra y no volverán a navegar por los mares de los sueños.



Varios de mis camaradas me lanzan andanadas de descalificaciones antes de alejarse. Otros, simplemente continúan su singladura. Yo, varado en la arena de mis contradicciones, vuelvo a mi laberinto. Sigo buscando en él al monstruo de La Industria que se alimenta de la carne de los creadores. Quiero derrotarlo. Me veo como Teseo en su enfrentamiento con El Minotauro. No me doy cuenta de que La Industria vive lejos –en un palacio de privilegios– y ha logrado que muchos deambulemos por laberintos sin salida.



Me detengo en mi caminar. Comprendo que las contradicciones forman parte de la vida y que no debo dejar que me atrapen ni me aíslen. Quizá ha llegado el momento de desandar lo andado y regresar junto a Ariadna.





Estoy escribiendo una nueva novela. Ojalá llegues a leerla.


El hilo de Ariadna I.

lunes, 16 de diciembre de 2013

El hilo de Ariadna I.



Quizá ahora que están dificultando el intercambio de archivos informáticos, ha llegado el momento de compartir confidencias. Aquí va una: Me gustaría ganarme la vida escribiendo




La musa de la inspiración puede ser gratuita, pero la “gusa” de la alimentación cuesta dinero. Y soy tan vulgar que necesito comer a diario, para así poder alimentar mis apetitos creativos.

No espero firmar un contrato millonario, ni figurar en la lista de los escritores más vendidos. Uno no crea por dinero, sino por necesidad. Aunque hay necesidades más perentorias que la de escribir.



Existen sociedades ágrafas que acumulan siglos de Historia. La historia de un creador famélico es de muy breve recorrido, pues éste acaba engañando su hambre creativa con un plato de lentejas laborales.



Volver a hacerme eco de este anhelo creativo y remunerativo, me lleva a reaventurarme por el laberinto de contradicciones que conlleva mi paseo por la vida; ya que defiendo mi autoría, pero no respeto la ajena.



Como no pago por acceder a Internet, me las arreglo para que otros compartan involuntariamente su señal. Gracias a que me tomo prestado lo que no se me ofrece, leo mi correo electrónico, busco empleo, ojeo webs y actualizo este blog. También descargo archivos.

Lo precario de mi acceso me impide liberar al acumulador que hay en mí. Aunque cada semana algún nuevo cómic, revista o contiendo audiovisual acaba incorporándose a mi botín electrónico. Todo ese material tiene autores que, como yo, esperan que su trabajo les reporte unos ingresos.



No presto atención a las realidades ajenas. Las paredes de mi laberinto me impiden ver lo que no quiero ver. Con cada piedra que me encuentro en mi camino personal voy construyendo mi muro defensivo:



Yo no quiero que cierren videoclubs ni editoriales. Yo no quiero que los escritores trabajen de escribanos. Yo sólo quiero aquello que se publicita y no puedo comprar. La culpa de mis sisas es de los especuladores culturales. ¡Ellos me obligan a hacerlo!


El hilo de Ariadna II.