Ven y enloquece

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Ven y enloquece apoya la campaña de Nino Ortea a favor de la lectura responsable y los sentimientos apasionados

miércoles, 31 de julio de 2013

De sus montañas a mi locura



—Bueno, y en cuanto firme estos papelitos podrá irse de éste su gabinete.
—Perdone, doctor Grúa, pero creo que su impresora está estropeada. Los documentos aparecen redactados en una palabrería ininteligible.
—Deje, hombre, deje. No canse su vista leyendo la letra pequeña. Venga, haga caso a su médico y firme repetidamente ahí.
No allí no,
aquí,
justo debajo de donde pone “timaden”
—Pero…
—Olvide los peros y las esperas... ¡Es usted la pera, señor mío! Acuérdese de a dónde lo llevó su constante actitud crítica.
Es usted un hombre renacido, y bastante inculto, pues eso que usted en su analfabetismo califica de “palabrería” es la transcripción detallada al arameo de nuestro acuerdo de no confidencialidad (por mi parte) sobre lo vivido entre estas 33 paredes.
Yo que usted, primero me haría una operación estética y luego me dedicaría vivamente al estudio de las lenguas muertas. ¡Que nunca se sabe cuándo podemos echarnos una novia con ganas de desempolvarse!






—Muy agradecido, preclaro doctor.
Desde luego, gracias a usted me siento retoñado… ¡Y pensar que hace apenas dos meses estaba obsesionado con escribir en ese blog, desvivirme por las vivarachas pellejudas y asentar mi peluquín!
Ahora, cual Lázaro, he renacido y no desaprovecharé las oportunidades engrilladas ni desoiré sus consejos. De vuelta a casa, me pararé en Corporación Terroestética (donde creo recordar que me dijo que trabaja su hermano genético, Méngele). Y después consagraré mi vida al estudio de los dramas protogermánicos y a cortejar a mujeres aerofágicas, como su sudada esposa. Cuyos olores guarde muchos años.

—No hay de qué. Eso sí; en este momento no me de las gracias… ¡Me conformo con que me devuelva mi pluma! Aunque, Tinín, debo admitir que para mí fue todo un reto lograr que se bajara del seto de su imaginación torticera del que constantemente se empeñaba en despeñarse, cual gorila precipitado de un rascacielos.
Recuerde: frecuente círculos alternativos. Allí encontrará la compañía más excelsa: falsos librepensadores y auténticas mujeres barbudas. ¡Con su verborrea insulsa, lo mismo acaba usted de líder sindical sin romper su voto de no trabajar en su vida!

—De sindicalista, no sé si acabaré, pues me falta vocación y me sobra intención. Pero… ¡tenga por seguro que les dedicaré a usted y al cornudo del marido de su esposa, mi primera transcripción al sanscrito del escrito de las memorias de Espinete!

¡¡40 años y aún peina sus púas, y ya ve yo… 44 otoños y sólo peino bombillas!!

—Bueno, Constanino, no se desespere que la ciencia avanza que es una barbaridad. Quizás algún día diseñen un teleñeco que funcione de peluquín.
Y, ahora, déjese de engolarse en oír su voz, y salga a la calle a airear la buena nueva: ¡sin haber estado muerto, ha resucitado!



—No… por la ventana, no…
Salga por la puerta.
*-/*-(/&%”!!!
Si probara a abrirla primero, seguro que le sería más fácil salir.
—Gracias, doctor. Me voy que quiero leer el Marca para saber si Guti sigue soltero, y así yo dejo de estar entero.
—Hasta pronto, señor Protea. Espero impaciente a que vuelva a ser mi paciente.