Ven y enloquece

Ven y enloquece
Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Au sage lecteur et non au sot.



Es llamativo el que en esta época en la que nos falta dinero para pan, lo tengamos para un ipad. Los mismos que nos rechazan como trabajadores, nos buscan como consumidores de lo superfluo; y en Internet han visto un paripé para mantener su negocio.

A tal fin, nos han creado la necesidad de estar siempre conectados a La Red, presentada como una nueva tierra de promisión, donde hasta el más tonto tiene un blog al que va y enloquece. Con la excusa de mantenernos comunicados –y escudándonos en el engaño de tener un acceso instantáneo a una información desinformante–, le quitamos dinero al hambre para dárselo a la vanidad de poseer un blog bien situado o un perfil en Facebook muy visitado.



El vanidoso que esto escribe, no tiene acceso a Internet; pero sí un par de blogs, cuenta de Facebook y de Twitter. Además, frecuento los escaparates de bares y cafeterías para consultar mi correo electrónico y WhatsApp. Muchas veces, me descubro convirtiendo en justificaciones mis aclaraciones de que no tengo acceso adsl en casa ni conexión 3G en mi teléfono. Este jueves, un alumno quinceañero se mostraba sorprendido de que en mi identificación de WhatsApp invite a conectar conmigo mediante sms. Para él, un teléfono sin Internet es tan inútil como lo es para mí un corazón sin amor.

El problema es que esta cerrazón adolescente, se hace más hiriente en los que ya no peinamos canas, sino que ocultamos calvas.


¿Estoy exagerando? No más de lo habitual en mí. ¿O acaso soy el único cuasi cincuentañero que se sorprende al ver cómo sus compañeros de café están más pendientes de los “chats” con sus “followers” ausentes que de las charlas con sus amigos presentes? Es evidente que, a ciertas edades, la decrepitud comienza a hacer mella hasta en la piel más bella; pero sigo prefiriendo la expresividad de una arruga en un rostro, a la tersura juvenil de un icono en una pantalla. 


Este sábado, no llegó a una hora el tiempo que estuve con un amigo, al que llamaré X. Pese a sus teóricas ganas por verme, fue él quien propuso quedar y me invitó a ello, apenas me dirigió la mirada, ya que se pasó la mayor parte del tiempo entre pitidos de la máquina y resoplidos suyos. En un principio, pensé que X estaba envuelto en una ciberconversación de negocios o quizá charlando con sus hijos, que ese fin de semana estaban con su ex esposa.

Me sentía incómodo. Temía que X me estuviera dedicando un tiempo que le era escaso. Varias veces intenté hacerle saber que, ya que estaba tan ocupado, podíamos quedar en otro momento. Él me tranquilizaba y retomaba nuestra conversación en los momentos de armisticio mensajeril. De repente, me preguntó:

—“Oye, Nino, a ti que te gusta escribir… ¿qué le pondrías?




Para mi pasmo, mi amigo estaba ciberfiltreando con una señorita. Tras pedirle permiso, ascendí en la pantalla con la excusa de hacerme una idea de lo que hablaban; comprobé que era esa conversación la que le estaba manteniendo tan ocupado todo el rato. Le sugerí una respuesta jugando con el nombre de este blog, entonces le dije que tenía que irme. Se ofreció a acompañarme tras pedirme que esperara a que pagase las consumiciones, ya que eso era “lo mínimo que podía hacer para compensarme”. Después de agradecerle la invitación, le contesté que lo mínimo que podía haber hecho era haber posado la maquinita por un rato. Sonó otro pitido. Tras despedirme, me fui, dejándo al “cyrano” la intimidad necesaria para escribir a su “roxana”.


No he tenido noticias de X. Imagino que su comportamiento del sábado le habrá producido un inmenso, inmenso orgullo...

viernes, 27 de septiembre de 2013

A la venta el Zander Magazine # 3.



Desde hoy, ya tienes a tu compra-disposición, en las librerías especializadas en cómic de toda España, el tercer número de Zander Magazine.


Mis aportaciones a esta entrega de la revista son:
Una entrevista al inconmensurable Enrique Corominas


… y la segunda entrega de mi continuará De tebeos para niños a cómics para adultos.




De la maquetación de ambas colaboraciones se ha ocupado Gonzalo Martínez. ¡Gracias, Gonzo!



¡Salud y Zander!

Exposición a beneficio de las “Siervas de los pobres de Gijón”.







miércoles, 25 de septiembre de 2013

El apaño y el engaño.



Esta estupenda fondo de la espectacular Raquel Welch publicitaba la estupefactante película Hace un millón de años. Film donde bajo su envoltura de aventura paleolítica, se especula con la duda coetánea de toda familia víctima de la actual diáspora matrimonial: “¿Qué sucedió entre tu padre y mi madre?”. Siendo en el episodio fílmico él un lagartón y ella una lagarterana, vestida con biquini ad hoc.



Tras ver esta producción de Hammer Film Productions dirigida por Don Chaffey en 1966, me quedó claro el porqué de la extinción de los dinosaurios: ¿Qué futuro le podía esperar a una raza que, tras otear a una rapaza tan apañada como Raquel, intentaría devorarla de un mordisco en vez de comérsela a besos? Está claro que lo que convierte a la Humana en la especie más evolucionada, no es nuestra capacidad para mandar naves a La Luna, sino nuestra tendencia a caer a la tierra ante la belleza.
Debilidad que nuestro instinto animal se encarga de paliar, para así garantizar la perpetuación de la especie. Pues si el requisito para el apareamiento fuera la belleza, el 90 % de la Humanidad estaría tan inmaculado como un diccionario en casa de mi vecina. Por suerte, el morbo, la lascivia y el alcohol milagrean que los feos también tengamos nuestro público.

Lo curioso de está foto publicitaria –en la que está claro quién es la curiosa– es que el fotograma no aparece en ninguna escena del film. Funcionó como reclamo hedonista para esta película rodada en parte en unas Islas Canarias que nunca fueron tan afortunadas.
El caso es que a ningún espectador masculino le importó un comino el que no apareciera esta imagen crucificada de Raquel, ya que en la película la exuberante no sólo salía escasa de palabras –participaba en tres líneas de diálogo–, también resplandecía exigua de ropa. Por lo que, atraídos por lo inexistente, los espectadores se quedaron realmente satisfechos, convirtiendo el film en un gran éxito, tal y como refleja la película Cadena perpetua (Frank Darabont, 1994) Y es que, pese a sus evidentes dislates histórico-biológicos, este tipo de pelis no están pensadas para un público científico, sino sensualista.



Sin llegar a lo vulgar, es muy común eso de encontrarse con publicidades engañosas y promesas incumplidas. Entre lo primero destacan las pelirrojas, llamativas en lontananza, que en las distancias cortas se desvelan como peliteñidas; y entre los segundos apestan los políticos que usan sus promesas electorales para, ya elegidos, crucificar en el olvido a sus electores.
Eso de atraer con el engaño hace daño. Pese a ello, muchos lo llaman “arte” y a los engañadores los aclaman como “maestros”. Hay tenemos el sangriento ejemplo de la tauromaquia, donde a la víctima cornuda del engaño se le prometen “corridas” y se encuentra con banderillas, rejoneos y estocadas. Y, aunque más cornadas da la vida, es triste eso de que sólo por nacer toro los desaprensivos hagan de tu muerte su oro.

No hace un millón de años, sino una centena de minutos, que no nos vemos. Y ya cargo con la cruz de estar alejado de tu luz. Y quizá te sigas preguntando porqué voy y enloquezco… Espero que al menos tengas claro que, pese a mi provecta edad, no soy un dinosaurio.

danoNino.