Ven y enloquece

Ven y enloquece
Fotocomposición a partir de una imagen de Eva Green en la película “The Dreamers”

viernes, 17 de enero de 2014

Menos blog y más asfalto 1 de 2.



Hay muchas formas de afrontar La Realidad. Quizás tantas como nombres tiene El Demonio.

La soledad comenzaba a mustiar mi ánimo, y mis viejos fantasmas e inseguridades iban acomodándose a mi lado. Satanás intentaba convencerme de mi condición de ángel caído, mientras Lucifer me recordaba que en las calderas de Pedro Botero nunca me sentí solo.




Quizás quería volver a ser ese Mefisto que le vendió su alma a Belcebú a cambio de 38 años de felicidad; y que, cuando Leviatán se presentó a cobrar su deuda, lloró hasta lograr apagar los fuegos de El Infierno. La sensación de haber burlado a El Diablo tras haberle entregado mi alma de barro, se desvaneció al ver su reflejo en el fondo de una botella. Me había encontrado.

Me miró con ojos sabios, y viviseccionó mi cuerpo hasta llegar a mi espíritu. Sacó mi luz y le adhirió una mota de oscuridad. No dijo ninguna palabra. Perdonó mi inconsciencia de creerme por encima de El Bien y El Mal.


Supongo que es poco el precio que pagué por ensoñarme inmortal. Otros, mejores que yo, lo han perdido todo. Yo sólo pierdo ocasionalmente la razón.

Esa mácula que me ha producido mi gusto por lo desmedido, es visible en diferentes cicatrices que tatúan mi piel. Mi maldición eterna es mi incapacidad para la estabilidad, para estarme quieto o saber esperar. Todo me aburre, todos me cansan. Me falta la fuerza del interés para luchar por nada o por nadie.


Pero entonces llegó la oscuridad. La mota lóbrega eclipsó mi brillo. Fue fácil proyectar la culpa de mi aturdimiento en pantallas con nombre propio; al igual que ahora lo es aducir razones que tienen mucho de excusa. Tras pasarme cuatro años en el ring, dando golpes a ciegas como un boxeador sonado, una mañana me levanté de mi rincón, me quité los guantes a mordiscos y bajé del cuadrilátero. Para mi sorpresa, salí bien parado.