Ven y enloquece

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Fotocomposición a partir de una imagen de Eva Green en la película “The Dreamers”

lunes, 17 de febrero de 2014

Popsy Pop contra Hollywood 12 de 12.



Popsy Pop contra Hollywood 12 de 12.
Artículo sobre el cine de género en Europa

También en los países democráticos existen normas censoras, con lo que muchas veces el vínculo de estas producciones con el movimiento contracultural desaparece a tijeretazos, junto con escenas incómodas o subtramas indeseadas.
La Contracultura goza desde la segunda mitad de los años 50 del trampolín mediático de la Generación Beat. Europa es el territorio donde estas corrientes alcanzan mayor repercusión —París, Mayo, 1968— y el cine de género refleja su raigambre social, poblando sus fantasías de personajes que son realistas en su lucha por lo imposible. Es quizás en este aspecto en el que más se diferencia del modelo yanqui que imita: se desprende de los valores autócratas o conservadores que trasmite Hollywood, para revestirse de una intención desmitificadora del concepto de Héroe y de una sensibilidad social común en sociedades aún con cicatrices resultantes de conflictos bélicos recientes.


A estas realidades supranacionales, se añade el perenne coqueteo de muchos cineastas con posiciones izquierdistas. Lo que facilita su vínculo con un proletariado urbano que encuentra en las salas de cine un refugio al desarraigo causado por la migración laboral; o que halla en esas películas cuidadosamente dobladas una forma de aprender el idioma de su país de acogida.
La coproducción no es sólo una forma de reducir los riesgos económicos que conllevan ciertos proyectos; también refleja la empatía del público hacia un discurso e interlocutores que le son cercanos. El promedio de espectadores de cine autóctono es en Italia del 60%, en Francia del 55 %, y en España del 30%. Lo que sumado al volumen que ocupan las restantes cinematografías continentales y su casi monopolio de las pantallas de “arte y ensayo”, resulta en unos datos que permiten calificar este período como una “edad de plata” del cine europeo.

A mediados de los años 70, la simbiosis entre público e industria entra en crisis.
Los productores aprovechan el aperturismo legal para financiar filmes que explotan sexo y violencia, en obras para adultos alejadas del perfil familiar. Los gobiernos limitan sus subvenciones a producciones de “calidad”, obviando el carácter popular del medio.
Hollywood reacciona: convierte el cine de género en blockbusters; permite a sus estrellas convertirse en productores-directores, y agrupa su distribución internacional en la compañía CIC. Entidad que participa en la financiación y distribución de películas europeas a fin de beneficiarse de las cuotas de pantalla para obras nacionales, y que impone férreas condiciones de exhibición a unas salas que comienzan a cerrar ante la llegada de las multisalas, estratégicamente participadas por capital yanqui.
Aquí finaliza mi artículo Popsy Pop contra Hollywood, que figura como prólogo del libro Hecho en Europa.


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