Ven y enloquece

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martes, 20 de mayo de 2014

Sobre la segunda temporada de The Following.



La vida real no acostumbra a dar segundas oportunidades, mientras que la vida ficcionada las dilapida.
O al menos eso suele hacer la narración serializada, donde proyectos interesantes devienen en producciones interesadas al prolongarse su existencia no por pasión narrativa, sino por amor al dinero.


La recientemente finalizada segunda temporada de The Following, ha sido un nuevo ejemplo de decepción televisada. No sé si lamento el desperdicio de talento que hace la serie, o el derroche del tiempo que dediqué a su visionado.
No cuenta nada nuevo y lo bueno viejo se ha convertido en marchito, salvo la enloquecedora interpretación de un James Purefoy cada más más solo en un mundo de cuerdos que mimetizan a dementes.
Sin entrar en destripar tramas ni argumentos, la ficción fracasa al reproducir la realidad. Uno no puede creer, o no quiere hacerlo, en un mundo tan frío y hostil como el Nueva York en el que transcurre la mayor parte del argumento de esta temporada. Uno no puede creer que el asesinato salga tan barato cuando lo comete un policía, ni que un hombre enamorado acumule amoríos mientras se desvive por el amor perdido.

Sobre el “Mal” entendido como respuesta a la agresión sufrida en nombre del “Bien”, poco puedo decir más que la serie se estropea en su intento de no ser maniquea: pues eso de que los policías se conviertan en pistoleros y torturadores, en este país lo sufrimos con las siglas del GAL y sabemos que acaba convirtiendo en posible víctima a todo aquél que piensa diferente. Si borramos la diferencia entre el “Mal” y el “Bien” en nuestras ficciones, los monstruos campan a sus anchas en nuestras realidades.
Sorprende la crítica evidente que The Following hace a la Religión, al presentarla como refugio de fariseos y escuela de agresores. El problema es que la alternativa al Vacío, no puede ser La Nada; y en la serie no se nos plantea otra solución frente al vacío en que vivimos que el de no creer en nada, salvo en la ley del más fuerte.


Amistad, familia, instituciones… Toda relación e institución es presentada como fallida: los profesores educan a sus alumnos para matar, las madres a sus hijos para ejecutar y el amor es un mero refugio frente a la soledad. El Nihilismo estético es tan aburrido como desmotivante cuando su única función es destruir. El Arte es reflejo de Vida y algo debe de tener ésta de hermosa para que los protagonistas de The Following se aferren a ella.
Otra sorpresa es la vindicación de la mujer como agente activo de La Violencia. Mujeres bellas, inteligentes o resueltas; inseguras, traumatizadas o deslucidas, todas encuentran más fácil el recurso a la bala que a la palabra. Connie Nielsen encarnaba una variante sugerente frente a esta asexualización del canon sangriento. Pero su personaje es abandonado en una cuneta en pro de los arquetipos narrativos eternos.

No me culpo de mi debilidad ante los cantos de sirena creativos de The Folliwing; pero de cara a su continuación, me taponaré con cera los oídos y me ataré al mástil de ficciones firmes como Hannibal.
La semana que viene te escribiré desde la distancia sobre la segunda temporada de la teleserie Arrow.

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