Ven y enloquece

Ven y enloquece
Fotocomposición a partir de una imagen de Eva Green en la película “The Dreamers”

sábado, 23 de agosto de 2014

Kong (re)vive: Lentos despertares



¡Kong (re)vive!
Un cuento (re)contado por Nino Ortea
Capítulo II
Lentos despertares

 Kong se despertó inquieto. Evitó moverse. Dedicó unos segundos a percibir las sensaciones que le transmitían sus sentidos.
El batir de las olas contra el acantilado se mezclaba con los graznidos de los pterosaurios. El aroma del salitre activaba su pituitaria, a la vez que la brisa marina se enredaba en su pelaje. El cielo estaba sorprendentemente despejado, y el movimiento de sus tripas era clara señal de hambre.
Se desperezó entre bostezos mientras permanecía sentado sobre su trasero. Incluso a media alzada, su silueta era impresionante. Movió a derecha e izquierda su torso, indeciso sobre qué hacer.

Sonrió ante la idea de descender por el barranco y acercarse a saludar con los puños a sus añorados tiranosaurios… ¡Ellos eran unos enemigos dignos y no los rinocerontes metálicos que los humanos habían lanzado contra él! Desechó la idea del combate, hacía demasiado calor y no quería presentarse sudado a su cita.
Tras incorporarse se dirigió al estanque donde sació su sed, junto a él había un matorral de bayas del que arrancó un par de puñados de frutos con los que entretuvo su hambre.
Después de pegar unos saltos, llegó a la zona de los géiseres. Puso sobre uno el cuenco que había moldeado con los restos de una cámara cinematográfica, abandonada por los últimos invasores humanos en su retirada cobarde. Recolectó unos granos de café, los molió con sus manos, y mientras el líquido entraba en cocción, se fue a por unas cuantas cañas de azúcar de las que brotaban junto al estanque.
Ya desayunado, se dirigió a la cascada. Allí se aseó ayudado por restos fósiles del arrecife de coral. Miró su reflejo en el agua del río mientras se encaminaba al punto de encuentro.
 De camino a la playa, no paraba de pensar en Chita; y en lo mucho que le gustaría que fuera su kongChita. Pero la convivencia con los humanos la había dejado herida, sabía que si quería hacerle ver que para él era algo más que un capricho, debía esperar; e iba a intentar hacerlo.

Kong observando disimuladamente el lento despertar de Kon(g)chita.
 
Reparó en la belleza de un seto, y escogió, cuidadosamente, unas cuantas plantas con las que formar un ramo.
Llegaba tarde, sentado frente a la orilla de la playa le esperaba un grupo de amigos.

6 comentarios:

  1. Me ha encantado este nuevo capitulo.
    Kong esta hecho un pillín. Muy guapa su Kon(g)chita. Esperemos que la espera le merezca la pena.
    Un saludo :)

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    1. Encantado de haberte entretenido con esta evocación de mi estancia en la Isla de la Calavera, Sara.

      Pues sí, el gran Kong esta hecho un “pillín”. Su debilidad es la belleza y más cuando se presenta tan rotundamente arrebatadora como en el caso de la recatada Kon(g)chi.
      Gracias por tu lectura y comentario, Sara.

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  2. Su kongChita jajajajaja!!!!

    Tenía que llegar al inicio de la fiesta a ver qué habías ingerido... pero nada al parecer xD!

    What a monkey haha

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    1. Hola, Nicky:
      Al igual que Kong, mi debilidad es la belleza. El resto me da pereza y, además, ya no tengo edad para la fealdad.
      Let´s go ape!

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  3. P.s: yo tampoco vi nada en esa pic mas que a la nena....rofl!

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    1. Está claro que lo exultante siempre se aprecia delante!
      :-)

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Hola, gracias por tu tiempo de lectura.