Ven y enloquece

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Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

domingo, 28 de septiembre de 2014

¡Kong (re)vive! Capítulo III b



¡Kong (re)vive!

Un cuento (re)contado por Nino Ortea

Capítulo III

Lecturas en el basurero II



Hola, este relato forma parte de la antología «Nada ha sido probado», disponible en Amazon por 0,99 €.


Gracias.








2 comentarios:

  1. Como decía Aristófanes en Paz: "¿Sabes dónde podría comprar una nariz sin agujeros?"

    Mira que me he reído con el relato. Tragárselo a la fuerza o decidir a ver quién se tragará al pesado, jajajaja! Mortal.
    El gorilón tiene que ir al dentista, jajaja.

    He salpicado el teclado con el café, de la risa al leer lo de "Konchita", jajaja.

    Gracias por el regalo, Nino. Eres mi héroe. Cafelito.

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    Respuestas
    1. Buenos días, Verónica:
      Gracias por tu comentario y tus constantes muestras de apoyo.
      Disculpa mi alejamiento de tu blog. He sufrido un achuchón de desencanto, pero ya se me está pasando. Caí en el mal sueño de creer a quien me susurró que todo lo anterior había sido un sueño del que debía despertar; poco a poco me vuelvo a quedar dormido y dejaré atrás las pesadillas de mentiras que se muerden la cola como pescadillas.

      Desconozco dónde encontrar una nariz sellada, pero te ofrezco mi cabeza pelada. No te protegerá de los malos olores, pero te descubrirá ante los gratos calores.
      Me alegra que te hayas reído con este delirio. Me encanta mi esperpento en la isla de Kong. Disfruté mucho escribiéndolo y ahora lo hago reescribiéndolo. Fue un error por mi parte no acabar la historia. Espero atreverme a hacerlo esta vez. Es lo más autobiográfico que he escrito.
      Sí, este gorininón necesitaba ir al dentista. El problema es que fui a un sacamuelas con una enfermera que sanaba a un moribundo. Como disfrutaba tumbado en esa camilla junto a la chiquilla. De haber tenido dinero me habría sacado todos los dientes por pasarme un ratito más en el infierno a su lado. Ahora entre mi corazón de hojalata y la dentadura de madera, el pulso se me para y la boca se me desencaja.

      kongChita es esa mujer a la que no sabes cuánto amas hasta que la pierdes, cansada de tus desatenciones. Tanto perseguir rubias, pelirrojas y cuellicortas cuando tenía junto a mí a mi compañera y mi igual. Y es que los Kong vamos de kings pero somos vasallos serviles del deseo más vil.

      Me enorgullece la distinción de ser tu héroe en esta justa contra el desaliento, luciré orgulloso el lazo de tu sonrisa mientras arremeto contra nuevos gigantes que me quieren hacer tragar como molinos, pero su fétido aliento los delata. El primero apesta a descafeinado y el segundo atufa a sacarinado. ¡En nombre del café con azúcar los combatiré de aquí hasta San Lucar!
      Un fuerte abrazo, Verónica.

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Hola, gracias por tu tiempo de lectura.