Ven y enloquece

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Ven y enloquece apoya la campaña de Nino Ortea a favor de la lectura responsable y los sentimientos apasionados

viernes, 19 de diciembre de 2014

EL CASO DE LA LECTORA ENSOÑADORA (PRÓLOGO)



Buenas noches de mañana, mis queridos hijos imaginados:

Antes de que vayáis a acostaros, aquí vuelvo para fabularos cómo desconocí a (una de) vuestra(s) madre(s).

Retomo mi ficción bibliotequeante donde había quedado renqueante:




Entré presto en la sección de préstamo y tras coger un volumen con muchas fotos, recordé uno de los muchos rotos de mi etapa de estudiante. Ésa en la que yo ya era un poco tunante y frecuentaba la biblioteca por si se me sentaba delante alguna karateca de sonrisa deslumbrante cual bola de discoteca.

Con el tomo en la mano decidí sentarme en la sala de estudio, que no es plan el que a uno lo vean por la calle con un libro, pues de ahí se podía creer que pienso e incluso que albergo ideas propias. Y ya me señalan bastante en la calle por feo, ¡con lo que no quiero que además me afeen por mal pensar que leo!

Llevaba diez minutos sentado tras mi visita al excusado, la verdad que me sentía aliviado; aunque me empezaba a aburrir tras haber acabado el visionado de todas las fotos que aparecían en la biografía de nuestro poderoso líder Pablo Iglesias: El Cielo se toma por asalto y la cerveza sin basalto.

En aquella sala todo era silencio y hasta las moscas distraían sus vuelos para no dificultar, con su aleteo, la lectura de tanta criatura que permanecía pendiente de las pantallas de sus teléfonos móviles mientras ignoraba el desparrame de apuntes y libros que tenía enfrente. Después de reparar en que allí quien no leía, escribía; me puse a rellenar la quiniela, fiel a mi empeño de no hacerme rico trabajando, sino apostando. 

Dicen que la suerte del feo, la envidian los guapos. Gijón debe de ser una ciudad llena de hombres horrorosos, pues aún no me ha tocado ni lo puesto en una primitiva.

Hablando de primitivo: algo parecido al instinto del bajo vientre convirtió mi sangre en vino tinto. Fue verla y me quedé embebido, sólo quería saborear la vida de sus labios y la miel de sus caderas.




Y bueno, mis imaginados niños, veo que os estáis quedando dormidos y acaba de amanecer el día. Si os apetece leerlo, aquí oscuento el resto de esta histeria.

Felices sueños y mejores ensoñaciones.

4 comentarios:

  1. La vida de sus labios
    La miel de sus caderas

    el goce infinito que fue verla....
    No llevaba pintura alguna
    su cara sin edad
    reflejaba lo que yo queria ver y sentir

    Tanto la había esperado
    que no supe como reaccionar..
    .o mejor dicho si lo sabía.....

    La habia soñado sin conocerla....
    sus caderas breves y sensuales su comportamiento de niña....

    :)

    Nino
    excelente lo que he leido

    Me ha encantado conocerte este año .
    Brindemos por el 2015
    dandole el mejor final que podamos
    al 2014 con el cual nos hemos enredado hasta llegar al final
    Nos vemos
    un abrazo

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    1. Buenos días, Recomenzar:
      Tengo ganas de que se acabe este año, sin ser malo ha sido un periodo de tránsito en un viaje que ya se ha acabado. Espero el comienzo de enero con ganas y planes cuyo despegue se ve ralentizado por el amodorramiento social que nos invade por estas fechas. Te deseo lo mejor para el año 2014, sin duda encontrarnos ha sido algo muy estimulante.

      Con tu permiso, no convertiré en punto y final los puntos suspensivos de tu poema y continuaré tu canto, a ver si mi voz es capaz de entonar sentimientos que se acerquen en intensidad a los tuyos.
      Un abrazo, Recomenzar.

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  2. Interesante visita a la biblioteca y muy buena descripción de lo que allí acontece :)
    Me ha encantado ese milagro de convertir la sangre en vino tinto....... y todos tus sentidos embelesados ante tal criatura.
    Espero el resto de la historia un día de estos antes de ir a dormir o en su defecto al despertar.
    Me tiene en ascuas!
    una lluvia de besos, Sir Nino

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    1. Buenos días, Milady Maduixeta:
      Para una vez que voy en casi treinta años, tenía que comprobar si se seguían practicando los mismos apaños que cuando yo frecuentaba sus salas por eso de al deseo darle alas. ¡Y pardiez que sí, había más de doce (por no decir de una docena) que se dedicaban al goce y no a la estudiadena!

      De mi gusto por el buen vino y las mujeres traviesas, hablan mis noches sin tino y madrugadas aviesas. Peleón tengo el corazón, no el paladar; éste lo tengo fino no sólo para el vino.
      Sabiendo de su espera procuraré acelerar mi escribir, que ni este es tiempo de pascuas ni mi intención tenerla en ascuas. Eso sí, la aviso de que este trovador juglarea con lo que un soñador juguetea, así que si no le gusta como el final clarea, reclame al maese Ortea.

      Hay lluvias que uno desearía que fueran aguaceros, Milady Maduixeta.

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Hola, gracias por tu tiempo de lectura.