Ven y enloquece

Ven y enloquece
Ven y enloquece apoya la campaña de Nino Ortea a favor de la lectura responsable y los sentimientos apasionados

miércoles, 29 de enero de 2014

For those who come in late.





No sabes cómo te envidio a ti joven lector, que estás descubriendo este blog. A mí, que lo tengo releído permíteme guiarte en su recorrido. Mi nombre es MarceNino (el que alela entre dos mundos)

Gracias por venir y enloquecer.

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Nino                                                                                          Marcelino

Mientras tanto en el mundo de los blogs y las blufs…



El fantasma de Nino, tras ser licenciado con deshonor del frenopático no se tiró de un ático, sino que le dio por abrir un blog apático –“trostélido”, lo adjetivaría el venyenloquecido–, donde fantasea con que de él se enamora la más fea dulcinea –sustantivizada como Vanessa, Manón o “LaReinaDelCopón–.
Caprichoso como un niño, este gijonudo errante no deja de equivocarse en todo lo que dice, ni de supravalorarse en todo lo que escribe. Desde su amargura, se autopostula para ganar el Premio Nobel de Literatura. Desde su inconsciencia, disfraza “de maldito” su condición “de burrito”. 



En un este mundo de éter, va él y se mete con Feisbuk y Tuiter; a los que denosta como “feria de las vanidades” donde mercadean el falso buenismo y la pérfida unisonidad. Proclama que no quiere seguidores, sino lectores; cuando en la verdad caliza es que se muere por ser califa en lugar del califa.
Con tal de llamar la atención, ha fingido su secuestro, proclamado su desaparición y llegado a proclamarse desenloquecido. Para acabarse desdiciendo al volver a su blog querido,

Un aviso navegante en los mares de Internet, no te dejes engañar por sus cantos de sireno: Nino nunca está sereno y lo que escribe jamás es real.

martes, 28 de enero de 2014

Ahora mismo en el mundo de los recortes y las rebajas…



El espantajo de Marcelino sobrevive como puede, ajeno a las maquinaciones de su bajer ego –sí, Marcelinín es el lado consciente del inconsciente de Ninín, perspicaz lector–.
Tan escaso de dinero como de cabello, Marcelino es todo un caballero: opuesto hasta en lo apuesto a su personaje blogeril, nunca contradice a quien nada dice y siempre cede el paso a quien todo pesa. En su inocencia, Marce se ha hecho seguidor de este blog que ahora lees; y de Nino en Feisbuk y Tuiter.


Mientras subsiste con ingresos de adolescente, este cincuentón fantasea con ser tan molón como Nino; con el que guarda tantas semejanzas que, a veces, cree leer en los textos del bloguero sus propias palabras, sus fantasías y sus esperanzas.
Y es que si la vida es sueño,
Marcelino confía en que,
de La Realidad,
El Deseo se haga dueño.

lunes, 27 de enero de 2014

La culpa es de la educación (1 de 3).



Cada vez tengo más claro que la EDUCACIÓN es la causa de muchos de nuestros problemas.

Y por “educación” no me refiero a la mala, a ésa que nos imponen ¿educadores? preocupados por los moscosos a disfrutar y no por los mocosos a educar.

 
En esta educandis causa problemorum, la culpa no es de la más fea, sino de la más apreciada; pues las mayores trabas sociales nos las suele causar la BUENA EDUCACIÓN que nos transmiten nuestros seres queridos. Vivimos en una sociedad en la que al “pillo” lo consideran “listo” y al “respetuoso” lo tildan de “tonto”. Ahora que subsistimos en un pais para pobres, recuerdo con vergüenza las palabras de ese ministro de un partido que ya no era socialista ni obrero, en las que venía a proclamar que en España quien no se hacía rico era porque no quería. Él quisó y lo logró, así que no le faltaba razón; aunque nos faltara al respecto.


Al igual que razón no les falta a los miserables en su afirmar que lo inteligente es aprovecharse del indigente: ahí tenemos la interminable lista de próceres, a los que se les dedican calles o se les tributan libros, cuyo mérito indigno es el de haber exterminado a semejantes o haber extenuado a humildes.


Esto de rapiñar lo ajeno es tan humano como el abusar del débil. Fijémonos en un niño –impoluto frente a la mácula de lo ético– y veamos cómo se enrabieta cuando intentamos recuperar esas llaves que le ofrecimos como sonajero y él consideró un regalo lisonjero. Con lo feliz que estará en su egoísmo infantil hasta que sus padres le inculquen que tiene que compartir. Y es que uno empieza por los juguetes y acaba compartiendo su corazón, para terminar perdiendo la razón cuando te lo devuelven partido.

Por lo que es un silogismo deductivo concluir que la culpa de nuestros problemas sociales está en nuestros buenos modales: si eres arisco, nadie te deja el corazón hecho cisco. Aplica esta máxima incluso a los aspectos mínimos de tu día a día; y tendrás una vida tan tranquila como aburrida


La Coctelera: Sobre Crisis y revueltas.

La Coctelera: Sobre Crisis y revueltas.

viernes, 24 de enero de 2014

La sombra de una sonrisa 01


Aunque me recuerdo como un ladrón que cada vez que la besaba le robaba una ilusión; la sombra de su sonrisa me acompaña mientras tarareo …whish me love a wishing well.

viernes, 17 de enero de 2014

Menos blog y más asfalto 1 de 2.



Hay muchas formas de afrontar La Realidad. Quizás tantas como nombres tiene El Demonio.

La soledad comenzaba a mustiar mi ánimo, y mis viejos fantasmas e inseguridades iban acomodándose a mi lado. Satanás intentaba convencerme de mi condición de ángel caído, mientras Lucifer me recordaba que en las calderas de Pedro Botero nunca me sentí solo.




Quizás quería volver a ser ese Mefisto que le vendió su alma a Belcebú a cambio de 38 años de felicidad; y que, cuando Leviatán se presentó a cobrar su deuda, lloró hasta lograr apagar los fuegos de El Infierno. La sensación de haber burlado a El Diablo tras haberle entregado mi alma de barro, se desvaneció al ver su reflejo en el fondo de una botella. Me había encontrado.

Me miró con ojos sabios, y viviseccionó mi cuerpo hasta llegar a mi espíritu. Sacó mi luz y le adhirió una mota de oscuridad. No dijo ninguna palabra. Perdonó mi inconsciencia de creerme por encima de El Bien y El Mal.


Supongo que es poco el precio que pagué por ensoñarme inmortal. Otros, mejores que yo, lo han perdido todo. Yo sólo pierdo ocasionalmente la razón.

Esa mácula que me ha producido mi gusto por lo desmedido, es visible en diferentes cicatrices que tatúan mi piel. Mi maldición eterna es mi incapacidad para la estabilidad, para estarme quieto o saber esperar. Todo me aburre, todos me cansan. Me falta la fuerza del interés para luchar por nada o por nadie.


Pero entonces llegó la oscuridad. La mota lóbrega eclipsó mi brillo. Fue fácil proyectar la culpa de mi aturdimiento en pantallas con nombre propio; al igual que ahora lo es aducir razones que tienen mucho de excusa. Tras pasarme cuatro años en el ring, dando golpes a ciegas como un boxeador sonado, una mañana me levanté de mi rincón, me quité los guantes a mordiscos y bajé del cuadrilátero. Para mi sorpresa, salí bien parado.