Ven y enloquece

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Ven y enloquece apoya la campaña de Nino Ortea a favor de la lectura responsable y los sentimientos apasionados

viernes, 27 de junio de 2014

Buscando el olvido.



Este miércoles he terminado la primera escritura de mi novela Buscando el olvido. Actualmente tiene una extensión de 437.010 caracteres, distribuidos en treinta y dos capítulos y un prólogo.

Para mí es muy importante haber convertido lo que era un proyecto en una obra tangible, que tengo impresa frente a mí. Llevaba acumulados, a lo largo de este año y medio, varios intentos de escritura serializada que han resultado fallidos. Probablemente Buscando el olvido habría acabado convertido en un nuevo fracaso de no haber sido por mi amiga Toni Pena.
A lo largo de estos últimos cuatro años, Toni se ha convertido en una voz a escuchar a la hora de saber si lo que escribo tiene sentido fuera de mi cabeza y de mi corazón. Tengo en cuenta su opinión, lo que para ella no se ha convertido en una carga, ni ha condicionado su sinceridad. Gracias, Toni, por tu tiempo, tu ánimo, tus lecturas atentas y tus opiniones claras. El viaje continúa.

Buscando el olvido es una novela intimista de ficción ambientada en una pequeña ciudad castellana. Su acción transcurre básicamente a lo largo de los veintiséis años que van del 20 de junio de 1964 al 30 de agosto de 1990. Junto con ecos de sucesos históricos de nuestra Historia, incluyo evocaciones de mi intrahistoria; e incluso acabo apareciendo en la novela como personaje ausente en una de sus subtramas. He intentado dotar al relato de un mínimo suspense, por lo que os agradecería que, llegado el momento de su lectura, no ojeéis la última línea de la última página.

Mi situación actual de soledad fue el motor para escribir esta novela. Hace tiempo que he comprendido que la mayoría de los textos creativos que escribo son reflexiones escritas sobre mi “ninismo”. Tanto su redacción como sobre todo su lectura actúan como guías y referentes en mi pasear por el laberinto vital. Comparto lo que escribo con la esperanza de comunicarme con alguien que esté fuera de mi dédalo; pero ante todo escribo para entenderme, explicarme e ilusionarme.

Con Buscando el olvido, recorro el pasillo de “La vida en sociedad” mientras me pregunto si la vida en soledad es una opción voluntaria o una condena social. Tengo claro que cuando la compañía me aburre y el ensimismamiento me estimula, el infierno no son los demás, lo son mis demonios. Así que, por ser, este libro es también un acto de exorcismo.

Yo he alcanzado mis objetivos personales, ahora pretendo que Buscando el olvido resulte, para quienes os interese el leerla, una novela entretenida y ágil. Al texto le queda pendiente una segunda reescritura, para lo que esperaré unos meses. Luego empezaré a presentarla a concursos literarios. Ya os iré contando.
Al hablar de este libro en público, le doy vida fuera de mi mente. Hago que mi sueño sea una realidad. Eso hace que me sienta feliz.
Gracias por estar ahí.
Nino.

martes, 24 de junio de 2014

Sucker Punch: Love is the Drug.



Me gusta el cine de Zack Snyder. Es un director resuelto en lo técnico y ágil en lo narrativo.
Sus historias suelen animarnos a confiar en nuestras posibilidades, a desarrollar al máximo nuestro potencial para así sobrevivir en entornos hostiles. Da lo mismo que seas una enfermera que se despierta en una alborada zombi –El amanecer de los muertos– que un extraterrestre que aterriza en un planeta áspero –El hombre de acero–, tienes que luchar con todos tus recursos contra aquello que te agrede. Aunque tus recursos sean meramente imaginativos.


Pocas cosas tienen más fuerza que la Imaginación; nada nos agrede más que la Realidad. La película Sucker Punch fabula la historia de una joven acusada falsamente por su padrastro del asesinato de su hermana. A la espera de que se le practique una lobotomía en un psiquiátrico sórdido, la protagonista batallará con el arsenal de su fantasía por lograr su supervivencia física.

Más allá del atractivo estético de la propuesta de Zack Snyder, Sucker Punch es un canto de vida a la pujanza de la Ilusión. A entender el combate a los miserables como una guerra de trincheras, sucia y sin recato, en la que la amistad siempre te cubrirá la espalda.
Quizá el mayor espejismo de la Ilusión sea aquel en el que el deseo aparece transfigurado en amor. Espejismo que deviene en quimera al convertir en iluso al enamorado. Durante ese juego de espejos y humo, la pasión bombea tu sangre con una fuerza que se convierte en adictiva. Adicción en la que el amor se convierte en droga.

¿Qué mejor cierre para una historia abierta que un canto al amor adictivo? Ya nos lo advirtieron Roxy Music; y ahora lo hacen Carla Cugino y Oscar Isaac: El amor es la droga.


miércoles, 18 de junio de 2014

Lo que sé de mí II.



He cambiado en este tiempo que lleva transcurrido tras mi caída. Quiero pensar que el cambio tiene una parte de mejoría. Al menos me encuentro bien. Mi percepción positiva se ha intensificado en los últimos meses.
Kong sigue ahí; pero ahora, cuando fantaseo mi percepción personal en una imagen icónica, no me viene a la mente el gran simio batiéndose el pecho, sino el Tío Gilito zambulléndose en su riqueza.

A diferencia del personaje Disney, no soy rico en dinero, sino en tiempo. Al igual que el pato, me he vuelto tacaño con lo que atesoro. Me disgusta malgastar el tiempo y evito desperdiciarlo. Eso no quiere decir que tenga mi casa como los chorros del oro, ni que intente hacer más de dos cosas a la vez. Sigo siendo un perezoso gozoso.


También soy un desempleado.
Uno de los problemas a los que me enfrento a diario es a que mi gestión del tiempo me mantenga ocupado y estimulado. La sequía de horas laborales remuneradas me lleva a canalizar parte de las aguas de mi estanque de tiempo en regadíos de rutina. Empiezo por madrugar y acabo por no trasnochar; entre despertares y acostares me impongo horarios y tareas.

Tengo la suerte de que mi entorno afectivo está libre de enfermedades, lo que me aporta una gran tranquilidad. Y tras una vida evitando responsabilidades, me veo ahora libre de dependencias.
Aunque mi situación económica es apretada, por suerte no es apurada. Desde siempre he sabido estirar las cinco pesetas que había en lo que otros despreciaban como sólo un duro. Vivo con limitaciones que azuzan mi ingenio y ayudan a mantenerme ocupado.
Obviamente lo que para algunos es cotidiano o ineludible, para mí es extraordinario. No recuerdo la última vez que compré algo sin reparar en su precio.



Valoro mucho mi tiempo.
Ya no se lo regalo a quien no lo aprecia. He dejado de ayudar o de entretener con mi verborrea a quienes no se interesan por mí. No acepto el desinterés cordial de quienes se dicen ser mis amigos pero se desdicen con sus actos.
Me he vuelto un solitario.
No me escudo en mi situación económica, es una decisión personal. No me puedo permitir aburrirme. No puedo despilfarrar mi tiempo. Me gusta dedicarlo a escribir, a leer, a ver pelis, a callejear… Me lo paso bien conmigo. Estoy tranquilo.

Esto es lo que hoy, 18 de junio de 2014, sé de mí.
Nino-Marcelino-Marce.

sábado, 14 de junio de 2014

El ninotauro en su laberinto 2/2



Me llama la atención la persistencia de mis compañeros piratas en que La Cultura sea gratuita. ¿También la querrán arbitraria y sin fundamento? Yo pienso que lo que debe ser gratis son el pan y la sal, los mimos y las caricias. La cultura debe ser popular y barata, que no mala. El creador deber ver garantizado su derecho a ganarse la vida con dignidad, no viviendo de limosnas institucionales. 


Me descubro hablando en voz alta, mis camaradas empiezan a mirarme. Les digo que no entiendo que un escritor no pueda aspirar a ganar dinero escribiendo un libro, pero sí una profesora que comenta libros ajenos o un bibliotecario que los clasifica a cobrar un sueldo y pensión. 

Con nuestros abordajes estamos hundiendo pequeñas naves, patroneadas por mercaderes modestos y tripuladas por nuestros iguales, quienes, tras sobrevivir al naufragio, se convertirán en marineros en tierra y no volverán a navegar por los mares de los sueños.
www.axelle.com assets 2012 09 Reading-Minotaur

Varios de mis camaradas me lanzan andanadas de descalificaciones antes de alejarse. Otros, se alejan en su singladura. Yo, varado en la arena de mis contradicciones, vuelvo a mi laberinto. Sigo buscando en él, al monstruo de La Industria que se alimenta de la carne de los creadores. Quiero derrotarlo.
Me fantaseo como Teseo en su enfrentamiento con El Minotauro. No me doy cuenta de que La Industria vive lejos –en un palacio de privilegios– y ha logrado que muchos deambulemos por laberintos sin salida. 

Me detengo en mi caminar. Comprendo que las contradicciones forman parte de la vida y que no debo dejar que me atrapen ni me aíslen. Quizá ha llegado el momento de desandar lo andado y regresar junto a Ariadna.
Estoy acabando de corregir mi novela Buscando el olvido. Ojalá llegues a leerla.


Ir al principio.

viernes, 13 de junio de 2014

El ninotauro en su laberinto 1/2



Vuelvo a mi laberinto.
Casi he acabado la primera corrección de mi nueva novela: Buscando el olvido. Un libro que presentaré a diferentes editoriales y concursos. Ahora que he comprendido que me gusta esperar, no quiero hacer las cosas rápido, sino bien. 



Espero que la publicación de la obra me reporte un dinero que me anime a seguir dedicándole tiempo a la escritura creativa. La musa de la inspiración puede ser gratuita, pero la “gusa” de la alimentación cuesta dinero. Y soy tan vulgar que necesito comer a diario, para así poder alimentar mis apetitos creativos. Uno no crea por dinero, sino por necesidad; y hay necesidades más perentorias que las de escribir o leer. La trayectoria de un creador famélico es de muy breve recorrido, pues éste acaba engañando su hambre creativa con un plato de lentejas laborales.

No desvarío con firmar un contrato millonario, ni figurar en listas de superventas. Pero sí que fantaseo con que cada lector se sienta animado a releer el libro y a recomendar su lectura.
Buscando el olvido aparecería publicada con derechos de autor registrados. Lo cual me lleva a volver a adentrarme en el laberinto de contradicciones que conlleva mi paseo por la vida: Defiendo mi autoría, pero no respeto la ajena.
Lo precario de mi acceso a Internet me impide liberar al acumulador que hay en mí. Aunque cada semana algún nuevo cómic, revista o contiendo audiovisual acaba incorporándose a mi botín electrónico. Todo ese material tiene autores que, como yo, esperan que su trabajo les reporte unos ingresos.
No presto atención a las realidades ajenas. Las paredes de mi laberinto me liberan de ver lo que no quiero ver. Con cada piedra que me encuentro en mi camino personal voy construyendo mi muro defensivo. Yo no quiero que cierren videoclubs ni editoriales. Yo no quiero que los escritores trabajen de escribanos. Yo sólo quiero aquello que se publicita y no puedo comprar. La culpa de mis sisas es de los especuladores culturales. ¡Ellos me obligan a hacerlo!

No estoy solo en el laberinto. He llegado a una encrucijada donde confluyen pasillos de otros meandros. Resuenan voces que denuncian los abusos de La Armada Cultural, que navega a toda vela gracias a las condenas a galeras a las que somete a los creadores.
Los editores, los promotores y los productores son unos facinerosos, que cuentan con patente de corso para cazarnos tras denostarnos como piratas, cuando sólo somos hermanos de la costa libertaria. ¡La Industria es el Capitán Morgan, nosotros la tripulación de El cisne negro!


Sigo pensando que no es así. La vida no se limita al blanco y negro de la enseña pirata, está llena de matices.