Ven y enloquece

Ven y enloquece
Nada ha sido probado

martes, 19 de septiembre de 2017

Lo que sé de mí 19/IX/17

Ayer lunes de tarde quedé temprano para compartir un café.
A mis cincuenta y dos años recién estrenados sigo viviendo con sorpresa muchas experiencias vitales a las que la mayoría de mis iguales no les dais mayor importancia. Por ejemplo: me sorprende el que personas con las que no tengo una relación cercana se acuerden del día de mi cumpleaños –olvidemos el recordatorio que a tal efecto realizan las “redes sociales”, pues yo no tengo cuenta personal en Facebook ni en Twitter, ambos perfiles son de mi heterónimo literario y él no cumple años–. E igualmente me sorprende el recibir regalos de invitados a celebraciones que no organizo y en las que soy el agasajado sorpresa. Mi asombro aumenta al recibir regalos tan sentidos como sencillos, ya que considero que para hacer un regalo vistoso sólo se necesita algo tan impersonal como es el dinero, pero para idear un obsequio sencillo, se necesita sentir aprecio personal.


Ayer lunes de tarde recibí unos grandes regalos sencillos. Antes del primer sorbo y después del primer beso, se me regaló un cuaderno de escritura y un bolígrafo. Mientras compartíamos el café, Sara me dio otro regalo más personal y arriesgado, este consejo: “Céntrate en tu carrera de escritor, creo que debes dejar de escribir gratis y de autopublicarte en Amazon”. Consejo que me sorprendió al venir de alguien a quien le inquieta el que no aproveche las oportunidades laborales que aún se me presentan, y que siempre ha visto en mi dedicación a la escritura una consecuencia de mi carácter “bohemio”.

Encontré difícil contraargumentar su consejo pragmático, basado en la asociación habitual entre “profesionalidad” y “remuneración”, y sé que mi explicación le sonó a ilusa, ya que no logré que me diera la razón, sólo que me dedicara una sonrisa.
Hoy pienso lo mismo que ayer, aunque lo escriba con palabras distintas a las que pronuncié:
No me siento un escritor literario: me falta ese equilibrio entre el fondo y la forma que es imprescindible para compartir una impronta creativa que sea tan personal como universal. Sé que tengo estilo personal al escribir, lo mismo que lo tengo al caminar, al hablar o al mirar. Es natural el que haga las cosas de manera diferente a como las repite la mayoría, que las desarrolle de una forma que en mí queda bien –incluso me confiere atractivo–, pero que a la vez desconcierta y dificulta la comunicación.
Hablo de una manera que lleva a que muchas personas prefieran escucharme a conversar, paseo en compañía como estuviera bailando solo, y miro sin observar a mi interlocutor. Por ello, cuando intento acompasar el paso, centrar la mirada o silenciar mi elocuencia, mis acompañantes se ponen nerviosos: creen que me siento juguetón o que estoy más “raro” de lo habitual.

No se me da bien hacer las cosas tal y como los demás las hacen; de ahí que, por ejemplo, sea bueno expresándome, pero no comunicándome. La escritura de mis “enninaciones” es un acto de expresión impulsivo, algo parecido al hablar con lengua de trapo que articula un niño pequeño antes de que su habla se normalice. Pero este lenguaraz tiene cincuenta y dos años y sigue escribiendo a su manera, no según las pautas de creación literaria –incluso el dadaísmo seguía un manifiesto, mientras que el “ninismo” manifiesta a un caprichoso–.
De ahí que me sorprenda el que haya personas que como tú, atento lector, mostréis interés por lo que escribo y me dediquéis vuestro tiempo de lectura cuando son tantas y tan buenas las ofertas creativas que se pueden encontrar en blogs dispares en personalidad creativa pero hermanados por su valía comunicativa.

Yo continúo con mi lento aprendizaje de las técnicas literarias; creo que mi gran reto a aprender es descubrir cómo eliminar las manías de mi escribir, a la vez que lo mantengo caprichoso –ese “ninismo” es mi impronta-. La mía no es una carrera creativa, sino un paseo recreativo; paseo que en su siguiente etapa incluye una nueva visita a Amazon, donde publicaré mi antología de relatos «Nada ha sido probado».

Gracias por tu compañía, atenta lectora.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Donde estaba, estoy

Atentos venyenloquecidos:
Sabed que no son ciertas estas quimeras que afirman que la razón de mi alejamiento de este blog está en mi nuevo confinamiento en la isla de Kong. Fui un calavera diletante y luzco una calvera radiante; pero lo que es estar, estoy en Gijón (aunque unos aseguren que estoy bien en la luna, y una me asegura bienestar en Venus).

En estos días estoy a lo mío: a fabular por escrito. Y lo estoy con ánimo de publicar lo establecido por mi fabular, de dejar un rastro estadístico de lo poco estático de mi imaginación. Dejo para los trostélidos el malestar de aburrirse, lo mío es estar siempre ingeniando algo nuevo (aunque se base en lo que ya está vivido)
A falta de uno, son tres los proyectos que estoy enninando: una antología de relatos –ya está acabada, y ahora estoy seleccionando los cuentos, ya que no quiero que el libro esté en más de 200 páginas–; una novela de misterio –éste es mi proyecto recreativo para este año 52 de la era ninoniana, mi reto está en ambientarlo en esta ciudad de Gijón–; y desde este fin de semana estoy ideando una colaboración en un proyecto establecido a ocho manos sobre Cine de la Europa del Oeste.

Aprovecho cuando puedo para estar fuera de mi sala de estar –ventajas de que me entretenga escribir, que si me gustara esculpir no podría estañar ni una minifigurita de Kong–, y disfrutar del bienestar de respirar aire fresco mientras estabilizo las neuronas.
Ayer estuve estabilizado en la playa de El Arbeyal, en el barrio gijonés de La Calzada. Fue una mañana soleada y ventosa –tal y como captura esta foto que acompaña a este juego insignificante de palabras con el significante “estar”–, la tarde fue venturosa y, a falta de sol, estuvimos en Venus.

Hoy tenía gracias de estar a tu lado. Gracias por tu compañía, amigo lector.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Sobre el libro “David Bowie: A Life”

David Bowie: A Life, escrito por Dylan Jones, es uno de los cuatro libros que se publicarán en breve tiempo sobre la vida y milagros lisérgico-sexuales del alter ego de Ziggy Stardust. 
La publicitada como “fascinante y magistral biografía escrita por Dylan Jones” se presenta como diferente a cualquier historia sobre Bowie escrita previamente, ya que ha siso construida a partir de más de 180 entrevistas con algunos de sus amigos, rivales, amantes y colaboradores, algunos de los cuales nunca han hablado antes sobre su relación con Bowie.
Esta historia teje un hechizo hipnótico sobre cómo se despliega un notable ascenso al estrellato y un camino artístico sin paralelo. Traza la vida de Bowie desde los suburbios de Londres a Nueva York a Los Ángeles, Berlín y más allá, junto a las arañas de Marte.
Sus voces colectivas describen a un hombre profundamente moldeado por su relación con su medio hermano esquizofrénico Terry. A un artista intuitivo que podía absorber influencias a través de relaciones intensas y, sin embargo, dejar a un lado a la gente cuando ya no le eran de utilidad. Y a una criatura sociable igualmente cómoda de juerga con John Lennon que de cena con Frank Sinatra.
A ratos perspicaz y deliciosamente chismoso, David Bowie: A Life es un retrato todo lo íntimo como se puede llegar a trazar en una obra no autobiográfica. Tiene unas chispas de admiración y algunas de agravio, de lujuria y envidia, ya que los entrevistados te llevan a los estudios y dormitorios que compartieron con Bowie, y te sitúan sobre escenarios y en sets de películas donde actuó, abriendo rincones de su mente y experiencias que transforman nuestra comprensión tanto del artista como de su arte.
David Bowie: A Life es una conversación épica e inolvidable sobre un hombre cuyo enigmático cambio de formas y su irrefrenable creatividad produjeron una de las vidas artísticas más intensas y fascinantes de nuestro tiempo.
La editorial Penguin ha publicado este libro de 576 páginas el 7 de Septiembre de este año.
Ya tengo autoregalo de cumpleaños.

Este texto que has leído, amigo lector, es básicamente una traducción “enninada” del texto promocional que Penguin ha usado para publicitar el libro.
Aquí tienes el vínculo al texto original en inglés


sábado, 9 de septiembre de 2017

La voz que no cesa

El siguiente posteo es un corta/pega de dos párrafos del artículo «Miguel Hernández, viñetas para ‘el poeta del pueblo’» de BORJA HERMOSO para la edición digital del diario El País.

No son los grandes conceptos ni las palabras sonoramente huecas lo que vertebra este libro sino el diálogo -con barrotes por medio- entre un escritor preso y un gorrión libre. Es el diálogo imposible pero real entre el poeta que olisquea la muerte con toda la dignidad del mundo y el pájaro al que el condenado pide que haga de mensajero de sus ideales y de su desgracia. Una conversación entre la libertad y la opresión, en suma. Miguel Hernández (Orihuela, 1910-Alicante, 1942) la plasmó en El gorrión y el prisionero, cuento inconcluso que más de 70 años después utilizaron el ilustrador Ramón Boldú y el guionista Ramón Pereira para contar La voz que no cesa. Vida de Miguel Hernández, un tebeo que recorre desde la infancia hasta la muerte del autor de Perito en lunas, el cabrero poeta, el poeta del pueblo.
(…)   

“Seguramente, si el personaje hubiese sido algún otro, no me hubiese animado a realizarlo”, reconoce Ramón Boldú, que en el momento en el que le propusieron el proyecto estaba inmerso en otro tebeo, sobre su propia vida. “Pero es que a Miguel Hernández le conocí allá por mediados de los 70 con su obra El rayo que no cesa y sin saber de su historia, me quedé impregnado de sus palabras y, desde entonces, sus versos ocupan un lugar preferente en mi alma, o en lo que sea que tengamos ahí dentro… así que me dije ‘Miguel Hernández sí, Miguel Hernández lo tengo que hacer”.
(…)
Sí quieres leer el artículo completo, sólo tienes que pulsar aquí.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Baño de optimismo

En respuesta a la pregunta con la que cerraba mi anterior posteo: no sé cómo habría sido mi vida de ser diferente a ésta, lo que sí sé es de la vida que se vive al ser indiferente al aburrimiento. Indiferencia que me lleva a al goteo incesante de preguntarme los porqués de mis cosas. Y de ahí que a mi duda le conteste con una nueva pregunta, como si me gustara hacer de mi vida un laberinto en el que me adentro para conocerme y derrotar al ninotauro de la insatisfacción.
I can't get no satisfaction, I can't get no satisfaction. 'Cause I try and I try and I try and I try. I can't get no, I can't get no!
© Mick Jagger & Keith Richards.

Me pregunto si estos ritos de paso, que nuestra sociedad asocia a una vida real, no dejan de ser fases de un estado de aletargamiento que nos venden como “proceso de madurez”; después de todo, cuando algo está maduro, es cosechado y aprovechado por otros. Una manzana en su esplendor es verde, la madurez lleva a que sea asimilable por el sistema digestivo. Nuestra madurez lleva a que nos fagocite el sistema social.

Observo a los ciudadanos funcionales y no me atrae su vida, hay en ellos una desazón tan normalizada que la canaliza un vulgar calendario promocional de intereses ajenos al 4%.
Llega septiembre y encuentro llamativa la desgana con la que quienes llevan una vida normal afrontan la reincorporación a su rutina. Incluso los trabajadores vocacionales, o los padres modélicos; cualquier ejemplo de prohombre o protomujer, afronta la vuelta a la normalidad con la misma desgana que yo acudo a trámites burocráticos.
Nunca he querido ser normal, y sí que busco ser feliz. No he sido buen alumno, pero aprendo bien y rápido; fue objetor frente al ejército, no ante el ejercicio de mi conciencia; no me anclo a las personas, comparto etapas de singladura.

Soy feliz. Inseguro frente al futuro, satisfecho con lo pasado y expectante ante el presente. De repente, al final de este último verano, me planteo si en realidad no llevo todo este tiempo equivocado, y no vivo en un ensueño, sino despierto en la vigilia entre la Realidad y mi Deseo; de repente me pregunto si no son otros los que llevan toda su vida amodorrados en un mal sueño.

Quizá el mío sea el proceder natural y el suyo el artificial.

martes, 5 de septiembre de 2017

Ducha de realidad



Empieza septiembre y se acaba la tercera temporada de Twin Peaks. Todo final resultar en un principio que aterra.
Back to life, back to reality. Let's end this foolish game.
© Jazzie B, Caron Wheeler, Nellee Hooper y Simon Law.

Tal y como me llevó a escribir Mónica: Soy un soñador que sueña y luego revive dentro del sueño. Y es que escribir al dictado del corazón, es quizá nuestro acto consciente más onírico, pero es a la vez el acto de ilusión donde la Realidad se acomoda más a nuestro deseo. Y sin ilusión no entiendo la vida.
Creo que mi percibir la vida como un sueño es algo bueno, ya que habla de que no la siento como una pesadilla. Mis excesos resultaron en delirios que, para mi vergüenza, a otros los provocaron vigilia; pero, hasta el momento, mi vida ha sido tranquila. Lo que no la convierte en la existencia que cualquier otro soñaría; aunque yo no soy cualquiera, soy Nino, y éste es mi ensueño.

Ocasionalmente me pregunto si esta satisfacción ante mi vida es una muestra de conformismo, una consecuencia de mi persistencia en encadenar actos de cobardía. Después de todo, mi existir puede ser malinterpretado como un huir constante de las responsabilidades sociales asociadas a cada etapa de edad: fui un mal estudiante, un objetor de conciencia, un desertor matrimonial… 

Soñador e irresponsable, ¿qué habría sido de mí, de no haber tenido suerte en la vida?


miércoles, 30 de agosto de 2017

Un histórico cine de Memphis retira “Lo que el viento se llevó” por la polémica racial

Increíble el grado de memez intelectual que está alcanzando nuestra sociedad. Ahora la Historia no sólo la reescriben los poderosos, también la emborronan los majaderos.


A continuación reproduzco un corta/pega de un artículo de NICOLÁS ALONSO para la edición digital del diario “El país”.

Un histórico cine de Memphis (Tennessee) anunció este fin de semana que cesará la programación de la película Lo que el viento se llevó, un clásico de la cinematografía estadounidense producido en 1939, en su serie de verano por su contenido “insensible”. La decisión la tomó el presidente del Orpheum Theatre tras recibir quejas de numerosos espectadores, que calificaron la producción de “racista” y un “homenaje al supremacismo blanco”. Las críticas surgieron en el contexto de los disturbios racistas a mediados de este mes en Charlottesville (Virginia).
(…)
La primera proyección de la película en el Orpheum este verano coincidió con el día de la marcha de supremacistas blancos en Charlottesville el 11 de agosto, que resultó en la muerte de una mujer. En ese contexto, decenas de asistentes denunciaron en Facebook la película como un homenaje a la supremacía blanca y la criticaron por sus tópicos racistas.
“El Orpheum, como una organización dedicada a ‘entretener, educar e iluminar a su comunidad de espectadores’, no podrá continuar retransmitiendo una película que es insensible hacia una gran parte de la población local”, anunció en un comunicado el presidente del teatro, Brett Batterson. “Poco a poco, liberaremos a esta comunidad de elementos de elogio hacia la supremacía blanca”, explicaba una periodista afroamericana local.
(…)

Hasta ahora, Lo que el viento se llevó había participado anualmente en las 34 series de verano del Orpheum. Los responsables del centro adelantaron que tampoco será proyectada el próximo verano. El debate en torno a la decisión pone de relieve la tarea pendiente que todavía lidia Estados Unidos con respecto a las relaciones raciales. Y surge tras días de críticas al presidente Donald Trump por no ser suficientemente crítico hacia los grupos supremacistas blancos, un sector de la población que se ha visto alentado por el auge del republicano.

lunes, 28 de agosto de 2017

A bientôt, mes chers lecteurs

Saber actuar con antelación es una de las muchas lecciones que me queda por aprender en la escuela de la vida.
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Ahora, a destiempo, sé que fue un error el haber esperado hasta tener acabada la escritura de mi última novela para emprender su lectura conjunta, aunque: ¿cómo iba a leer una historia completa si aún no la había acabado? Soy torpe –ocasionalmente, puedo comportarme como un tonto de capirote–, pero aún no sé cómo habría podido corregir un texto que aún no había acabado de escribir. ¿Por partes? No, esa técnica repetitiva está bien para tararear la letra de la canción del verano, no para entender una obra que no cobra orden y sentido hasta que se le pone punto y final.

Quizá la culpa está en mi déficit de atención, trastorno que me lleva a no reparar en que vivimos en una sociedad de apariencias, inmortalizada por fotógrafos onanistas y escritores ágrafos; de ahí que quizá mi error no fue la lectura tardía, sino la escritura pronta de una nueva novela cuando podía haberme pasado el resto de mi vida “tuiteando” mi condición de escritor maldito: las redes sociales son un claro muestrario de egos sustentados por necios conjurados.
Como buen anacrónico, no me dio por seguir el signo de los tiempos, sino que por fabular mis crónicas con Ana. Bueno, en realidad con “Anne”, pues la mía era una fabulación afrancesada en la que me transmutaba en un connoisseur del arte amatorio y en vividor del París de “Les années folles”. Y la fabulé con ganas, ya que llegué a tener escritos seis capítulos de la segunda entrega de mi planeada trilogía, antes de plantearme la conveniencia de comprobar si lo que llevaba escrito conducía a alguna parte.

Mi intención era autopublicar la primera entrega estas Navidades, pues confiaba en que el texto sólo necesitaría de una corrección pausada de faltas ortográficas y despistes en su continuidad. Pero no fue así: lo que me encontré es una sucesión de relatos interconectados por mi arrebato creativo, no por mi capacidad para hilvanar una historia. A las faltas y despistes, se une una ausencia de trama continuada, lo que hace que en muchos casos las cosas ocurran porque sí, como en un torrente de actos incoherentes que sólo cobran caudal en mi mente.

Para mi suerte, tengo más dedos de frente como lector que como escritor; y, sin quitar ni un ápice de valía el estímulo de su escritura, sé qué el texto es flojo y necesita de una reescritura cuidadosa si quiero compartirlo como obra de creación; pues, tal y cómo está, mi enninación es puro deleite de recreación solitaria. Por ponerte un ejemplo evidente, atento lector: en esta œuvre de fiction faltan escenas de sexo, lo cual es llamativo dado que el protagonista es un prostituto, y que su profesión juega un papel importante en la trama de suspense que novelo.
Pero soy caprichoso, y me gusta lo que he escrito, no me apetece cambiarlo: tal y como está refleja lo que quería escribir, y además me habla de las experiencias que viví durante su proceso de escritura. Así que, hasta que discurra cómo hacer nuestra un fabulación muy mía, el proyecto se quedará tranquilo.
Lo que no quiere decir que en mis planes creativos figure el dedicarme a la recherche du temps perdu en mi ensoñación parisina. No, tengo en mente un par de proyectos: el más cercano es la publicación de una antología de cuentos y relatos –ya están escritos, así que sólo tengo que seleccionarlos y corregirlos–, luego vendrá la escritura de una nueva novela, cuya trama está cobrando forma en mi cabeza y de la que he escrito el primer capítulo.

Durante unos días estaré aún más alejado de Internet de lo que es habitual en mí; ya que, a la vez que selecciono los textos, quiero probar un programa de edición, para que así mis libros impresos tengan un acabado más chulo.
Una vez más, amigo lector: gracias por venir y enloquecer.

A bientôt, mes chers lecteurs fous!

Sophie B. Hawkins - Damn I Wish I Was Your Lover

La última vez que vi París no dejé de canturrear esta canción de Sophie B. Hawkins.


"Damn, I Wish I Was Your Lover"

That old dog has chained you up, alright
Give you everything you need to live inside a twisted cage
Sleep beside an empty rage
I had a dream I was your hero

Damn, I wish I was your lover
I'd rock you 'til the daylight comes
Made sure you are smiling and warm
I am everything, tonight, I'll be your mother
I'll do such things to ease your pain
Free your mind, and you won't feel ashamed

Open up on the inside
Gonna fill you up, gonna make you cry
This monkey can't stand to see you black and blue
I give you something sweet each time you come inside my jungle book
Or is it just too good?
Don't say you'll stay, 'cause then you go away

Damn, I wish I was your lover
I'd rock you 'til the daylight comes
Made sure you are smiling and warm
I am everything, tonight, I'll be your mother
I'll do such things to ease your pain
Free your mind, and you won't feel ashamed
Shucks, for me there is no other
You're the only shoe that fits
I can't imagine I'll grow out of it
Damn, I wish I was your lover (oh, yeah)

If I was your girl, believe me
I'd turn on the Rolling Stones
We could groove along and feel much better (guess what)
Come, let me in, mm
I could do it forever and ever and ever and ever
Give me an hour to kiss you
Walk through Heaven's door I'm sure
We don't need no doctor to feel much better
Let me in, oh
Forever and ever and ever and ever and ever
I sat on a mountainside with peace of mind
And I lay by the ocean making love to her with visions clear
Walked for days with no one near
And I return as chained and bound to you

Damn, I wish I was your lover
I'd rock you 'til the daylight comes
Made sure you are smiling and warm
I am everything, tonight, I'll be your mother
I'll do such things to ease your pain
Free your mind, and you won't feel ashamed
Shucks, for me there is no other
You're the only shoe that fits
I can't imagine I'll grow out of it
Damn, I wish I was your lover

I wanna open up, I'm gonna come inside
I wanna fill you up, I wanna make you cry

Damn, I wish I was your lover
Gettin' on a subway, and I'm comin' uptown
Damn, I wish I was your lover
Standing on the street corner, waiting for my love to change
Damn, I wish I was your lover
And I'm feelin' like a school boy, too shy and too young, oh
Damn, I wish I was your lover
I wanna open up, I'm gonna come inside
I wanna fill you up, I wanna make you cry
Damn, I wish I was your lover
I'm gettin' on my camel, and I'll ride it uptown, oo
Damn, I wish I was your lover

Hanging around this jungle, wishing that this love would change

jueves, 24 de agosto de 2017

No hay mejor sordo que el que no quiere oír



Ya no voy al dentista: ¿para qué pagar por pasar miedo cuando ya nos lo dan gratis por la tele? Y, aunque no quiera, tengo que ver los informativos por las buenas; pues a quienes intentamos ignorar a las malas (noticias), nos estigmatizan por ignorantes señalándonos con el dedo, como si fuéramos un ultracuerpo invasor o lleváramos la camisa manchada y la bragueta abierta.
El caso es que uno se pone a escuchar el parte y el ánimo se le parte: todo son malas noticias y peores perspectivas. Aunque peor te va si ignoras los modismos de sus aforismos; pues basta que te vean guardar en un sobre el azúcar que sobró de tu café a deber, para que te hagan ver cual aforado que se volvió forrado por aceptar sobornillos, cuando lo tuyo es ahorrar en sobrillos.
Desde siempre, mi fantaseada Sidone, se han aplicado castigos ejemplarizantes a los ignorantes de los malos augurios. Ahí está el gran Julio César, quien cruzó rubicones hasta el Sena, pero no subió los escalones del senado por despreciar las advertencias sobre un idus de marzo. O pensemos en la flor de Olmedo, al que así le lució el pelo una noche en la que desoyó todas las coplas y cuartetos que le cantaron en su cabalgada alocada.
Así que más nos vale oír sin escuchar los informativos y ver sin mirar los telediarios; para así formar parte de las masas ciudadanas que señalan para no ser señaladas. Y me es indiferente si me señalan con el dedo por pensar diferente. Se acabó el aceptar manipulación presentada como información; para desinformar ya tenemos al Gobierno y a sus heraldos del averno. A partir de ahora, cual adolescente efervescente, sólo leeré tebeos de superhéroes, veré pelis escapistas y oiré radiofórmulas musicales –porque escuchar, lo que es escuchar, sólo te escucharé a ti, Sidonie–.
 Estés donde estés, tu voz me aleja del mundanal ruido.

martes, 22 de agosto de 2017

A sus palabras necias, mis oídos sordos



De niños, noticias tan sencillas como “Hoy de postre, tarta”, o “Tienes algo de fiebre, no vas a poder ir al cole” se convierten en noticiones. De esos que te llevan a celebrarlo con tal energía que tus padres te acaban dejando sin tu ración de pastel –por eso de creer que estás hiperactivo a causa del excesivo consumo de azúcar–, o a gritar de tal alegría que tus papis deducen que nunca estuviste acatarrado y te mandan a la escuela bajo la amenaza de darte en el culo con su suela.

Si, Sidonie, lo reconozco: de niño este Nino comía tiza para enfermar y así no ir al colegio; y devoraba dulces pese a estarme contraindicados por eso de volverme inquieto. Y es que, como bien sabes, mi imaginada: soy de natural caprichoso y de debilidad, goloso.




Ya de adultos, parece ser que un requisito de madurez es aceptar la estupidez de que son las malas noticias las que molan, y hacen buenos a los pésimos informativos que desde que empiezan hasta que te terminan no paran de contarnos bolas –desde “Se ha acabado la crisis” a “Esta noche presenciaremos un eclipse solar”–. Y yo, crédulo que soy ante la esperanza, me gasté mis últimos ahorros en un telescopio, confiando en que mañana el sol del empleo brillaría y que esa noche del oscurecimiento solar disfrutaría; pero nada de nada, el único espectáculo del que disfruté anoche fue de mi vecina, la exhibicionista, exteriorizando como a diario su pellejudo cuerpo nonagenario. Hoy, que es lo que ayer escribí como “mañana”, el trabajo me lo ha dado el escamotear el café en el bar de abajo, que en lo laboral sigo tan desaprovechado que temo que me encerrarán cualquier día por improductivo.

Quizá lo peor de esta situación en que los cuentos no se encuentran en las fabulaciones, sino que en las noticias, es que a los ilusos, por no quedar, no nos queda ya el recurso de refugiarnos en la ficciones que nos maravillaban de niños; pues el solaz de los adultos es comercializado como un entretenimiento de masas que busca convertirnos en borregos, sometidos al pastoreo de economistas disfrazados de “promotores culturales”. Antes, en eras precedentes a esta ira, podías abrir un libro de Stevenson y fugarte a Los mares del sur, o sentarte bajo techo para cantar bajo la lluvia. Pero ahora la Ficción muerde al dictado de la Realidad con tanto zombi, no muerto o vampiro que anda suelto.