Ven y enloquece

Ven y enloquece
Hola, este año 2018 me voy a centrar en incorporarme al mundo “profesional” de la creación literaria. Eso se traducirá en que mi presencia en la blogosfera no será tan asidua como debería ser. No malinterpretes mi ausencia como desatención, atentoLector. GRACIAS

«Fotograma correspondiente a la película "Isla de perros", por Wes Anderson»

jueves, 26 de abril de 2018

Este jueves: Encuentro literario juevero

Esta semana es la compañera Lucia M.Escribano quien coordina el encuentro juevero desde su blog Sintiendo en la piel.... Su propuesta es tan sugerente como inspiradora: la Literatura.
Para leer los textos inspirados de mis compañeros, sólo tienes que pulsar en el vínculo que aparece debajo:


Gracias por tu compañía, atentoLector.



Nunca quise ser escritor.
No fui de esos niños precoces que compiten veloces en las redacciones escolares. Me disgustaba lo que los profesores llamaban “escribir” y yo vivía como “copiar”: unas veces del libro, otras del encerado. Pero, si me pillaban aplicando lo aprendido y dedicándome a copiar en los exámenes, no me recompensaban por alumno aplicado: me penaban a copiar varias veces un castigo. Sin saltarme nada. Sin variar nada. Buscaban saturarme con líneas repetidas, para que así aborreciera la idea de escribir, de pensar, de expresarme…

Quizá la exteriorización más evidente del proceso de despersonalización que cimienta el proceso formativo es su constante recurso a la copia. Nada de pensar, razonar o crear.
¡Copiar!
¡Copiar!
¡Copiar!
Ambicionan convertir a los alumnos en copias impersonalizadas, en pasantes que entreguen sus balances a tiempo, en escribanos que calcan sus días siguiendo la pauta marcada…

¿Cómo iba a querer ser escritor yo, que siempre escribí a renglón torcido?
Para los profesores estaba claro que el párvulo Marcelino no llegaría a nada, que mi vida sería una oración simple y corta, llena de faltas de ortografía.
Pero, si se equivocó la paloma de Rafael Alberti, ¿cómo no se iban a equivocar esos buitres?
Por ir al norte fui al sur, de Marcelino a Nino. Emprendí vuelo de la mano de Libertad. Ella hace de su corazón mi casa. Me deja enredar entre su blusa o su falda. Me inspira para que en la oscuridad de la noche entrevea la luz de la mañana.
Lo que no hago como Marcelino lo fabulo como Nino. Cuando la Realidad me sitúa entre el clavel y la espada, prendo el clavel con la boca y cambio la espada por una pluma. Escribo. Lucho. Ensueño. Vivo. Resisto.

No se equivocaron los “apalominados” que me ridiculizaban asegurando que tenía la cabeza a pájaros. Pero, no repararon en que también mi ánimo tiene alas. De ahí que emprenda vuelos junto a palomas equivocadas. De ahí que este verso suelto escriba como vive, y ensueñe como siente. ¡Y me siento de fábula escribiendo!
Siempre quise ser fabulador, pero ensoñarse como escritor está mejor visto.
Gracias por acompañarme, atentoLector.

Se equivocó la paloma
¿Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
Por ir al norte fue al sur,
creyó que el trigo era el agua.
Creyó que el mar era el cielo
que la noche la mañana.
Que las estrellas rocío,
que la calor la nevada.
Que tu falda era tu blusa,
que tu corazón su casa.
(Ella se durmió en la orilla,
tú en la cumbre de una rama.)

Se equivocó la paloma”. Poema de Rafael Alberti. Recogido en su poemario «Entre el clavel y la espada» (1941)

lunes, 23 de abril de 2018

Permite que te lea a Clarisa Tomás Campa


Cualquier día es “El día del libro”. Para celebrarlo no hace falta que te inciten fechas en el calendario, ni promociones gregarias. Para celebrarlo no necesitas un día, te basta un rato.
De hecho, más que cuestión de tiempo, convertir la lectura en una fiesta es cuestión de ingenio: el que necesita tener quien escribe para lograr avivar nuestra imaginación lectora.

Hoy, mañana y siempre es un buen momento para leer un gran libro. Hoy, mañana y siempre – atentoLector– te animo a que leas cualquier cualquier texto firmado por Clarisa Tomás Campa.
Permite que te lea el poema Solitude, recogido en su poemario Donde los puentes se alzan. Para escucharlo, sólo tienes que pulsar en el vídeo que aparece debajo de estas líneas.
Gracias.




Sobre el libro “El arte de la ficción”, de James Salter


Esta entrada está conformada por un corta/pego “enninado” de reflexiones que recogió el escritor James Salter en sus textos para tres conferencias que pronunció durante el año 2015.
Dichos textos acaban de ser publicados en España, por la editorial Salamandra, en el volumen unitario El arte de la ficción, que cuenta con la traducción de Eugenia Vázquez Nacarino.




Las novelas son más largas que los cuentos y, en virtud de esa extensión, o digamos amplitud, tienen la oportunidad — la obligación, de hecho— de ser más complejas y posiblemente implicar a más personajes, llámeseles personas. La mayoría de las novelas son narrativas, o sea, lineales en la forma y fieles a la cronología, van hacia delante o fluctúan en idas y venidas en el tiempo. La narrativa cuenta una historia, y las historias son la esencia de las cosas, el elemento fundamental.

Voy a intentar hablar sobre escribir novelas, pero debo advertir de antemano que tal vez no sea sobre la novela que ustedes están pensando escribir, o han empezado a escribir, o quizá tengan medio terminada. En realidad, es sobre las novelas de ciertas personas. No pretendo que sean lecciones sobre cómo se hace.
De hecho, no creo que nadie pueda enseñarles cómo se escribe una novela, o al menos no en una hora.

Es difícil escribir novelas. Has de tener la idea y los personajes, aunque quizá se añadan personajes sobre la marcha. Necesitas la historia. Necesitas la forma: ¿Qué extensión va a tener el libro? ¿Estará escrito en párrafos largos? ¿Cortos? ¿En qué persona narrativa? ¿Mantendrá un hilo conductor o se dispersará en todas direcciones? ¿Cómo será de denso?
Cuando tienes la forma, puedes escribir la novela. El comienzo es de suma importancia. Todo está en esas primeras frases. Después de eso, escrito en orden o en desorden, viene el resto, escena a escena, página a página. Es una tarea prolongada.
Como escritor, te enfrentas constantemente a la necesidad de visualizar una escena, o una secuencia, o un sentimiento, para a continuación, de la manera más cabal que puedas, ponerlo en palabras. Hay muchos intentos fallidos, al tratar de arrancarse de dentro algo que a veces es inexpresable. Es una labor con muchos aspectos, demasiados, y al menos uno de ellos debe quedar al fin escrito de un modo lineal, palabra por palabra, hasta el punto de llegar casi a perder el interés. Hay siempre demasiadas opciones, o no hay ninguna, ninguna vía posible.

Al principio eres capaz de escribir en cualquier sitio, pero has de dedicarle tiempo a escribir, has de escribir en lugar de vivir. Has de dar mucho para recibir algo. Recibes sólo un poco, pero es algo. No hay valores establecidos; das mucho a cambio de nada; haces todo a cambio de apenas nada.
Si de verdad es así, si es tan difícil y para casi todo el mundo hay tan poco que ganar, poco dinero... Pero ¿cuál es el impulso? ¿Por qué se escribe? Ahí está la esencia. Entonces, ¿por qué?
Bueno, ciertamente por placer, aunque está claro que no es un placer tan grande. En ese caso, para complacer a otros. He escrito con eso en mente a veces, pensando en ciertas personas, pero sería más honesto decir que he escrito para que otros me admiren, para que me quieran, para ser elogiado, reconocido. A fin de cuentas, ésa es la única razón. El resultado apenas tiene nada que ver. Ninguna de esas razones da la fuerza del deseo.
Eres el héroe de tu propia vida: te pertenece sólo a ti, y a menudo es la base de una primera novela. Ninguna otra historia está más a tu alcance para que dispongas de ella. Creo que ustedes saben —aunque entre los escritores siempre existe cierta susceptibilidad al respecto, como si inspirarse en la vida, admitirlo, fuese una renuncia al arte— que, por supuesto, muchos o la mayoría de los personajes de ficción están tomados de la vida.

Si esta selección –tan breve como personal– te ha resultado interesante, atentoLector, imagina todo el estímulo que te puede proporcionar la lectura completa de los tres textos escritos por James Salter. Para (re)leerlos con la atención debida sólo tienes que adquirir el volumen unitario El arte de la ficción.
Gracias. Feliz lectura. Un abrazo.


lunes, 16 de abril de 2018

A veces nieva en abril, aun así es primavera


Quizá la primavera se ha pasado de moda, como las americanas con hombreras o las inglesas sin tatuajes.

Quizá la primavera se ha pasado de largo; por lo que no debemos quedarnos cortos al venir a buscarla, fuera de los escaparates y dentro de nuestros corazones.

Quizá la primavera se sintió timada como una “prima” a nuestra vera, al sufrir que la usábamos para vestir a la moda y que no la aprovechábamos para sentirnos cómodos en nuestra piel.



Junto a ti he comprendido que cuando el desánimo deja de invernar en nuestro ánimo, Sidonie, llega la primavera. El deshielo comienza si permitimos que nuestro sentir se temple con esperanza, si dejamos que brote el fruto del afecto sobre una cotidianidad escarchada por la desconfianza. Tal y como canta Prince, a veces nieva en abril, aun así es primavera. A veces la vida no nos da lo que esperamos, aun así es vida.



Yo, que soy otoño, me siento primavera al pensar en ti.

Afuera llueve y sopla el viento, en mí no hay lágrimas y el aire templa mis pulmones.

Allí, puede que aun anide el invierno; pero aquí ya es primavera. Tú encarnas el entretiempo que disfruta mi ánimo, tú me ayudas a encontrar la razón para las nieves de abril.

Sometimes It Snows in April (2018)


Sometimes It Snows in April
Song composed and arranged by Prince Rogers Nelson / Lisa Coleman / Wendy Melvoin.



Tracy died soon after a long fought civil war

Just after I'd wiped away his last tear

I guess he's better off than he was before

A whole lot better off than the fools he left here

I used to cry for Tracy 'cause he was my only friend

Those kind of cars don't pass you every day

I used to cry for Tracy 'cause I wanted to see him again

But sometimes, sometimes life ain't always the way

Sometimes it snows in April

Sometimes I feel so bad, so bad

Sometimes I wish life was never ending

And all good things, they say, never last

Springtime was always my favorite time of year

A time for lovers holding hands in the rain

Now springtime only reminds me of Tracy's tears

Always cry for love, never cry for pain

He used to say so strong, oh unafraid to die

Unafraid of the death that left me hypnotized

No, staring at his picture I realized

No one could cry the way my Tracy cried

Sometimes it snows in April

Sometimes I feel so bad

Sometimes, sometimes I wish that life was never ending

And all good things, they say, never last

I often dream of heaven and I know that Tracy's there

I know that he has found another friend

Maybe he's found the answer to all the April snow

Maybe one day I'll see my Tracy again

Sometimes it snows in April

Sometimes I feel so bad, so bad

Sometimes I wish that life was never ending

But all good things, they say, never last

All good things they say, never last

And love, it isn't love until it's past

martes, 10 de abril de 2018

Hojas caducas


Nunca creí que iba a vivir tanto tiempo. Voy camino de los cincuenta y tres años. No sé cómo afrontar lo que me resta de vida. Y escribir sobre la desazón real que me produce una amenaza irreal no me ayuda. Pero no puedo evitar hacerlo. Me di por muerto hace tanto tiempo, que hay una parte que aún se sorprende cada amanecer que despierto. Y escribo sobre esa sorpresa, sobre la maravilla de seguir vivo. Sin planes, pero con ganas. Así afronto el resto de mis días, que confío en que aún sean muchos y, en gran número, estimulantes.

Sin embargo, es frecuente que lo que escribo en mi canto a la vida sean flujos subconscientes impregnados por una tristeza inconsciente. Es como si escribir me impidiera llegar a ser consciente de unos sentimientos de melancolía que desaparecen al ser convertidos en palabras.

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 Cuando escribo reflexiones introspectivas, o sencillos monólogos interiores, estoy solo. Y me siento aún más solo al acabarlas. Quizá eso hace que, al ser leídas por otro ánimo, transmitan una tristeza que no siento, ya que la soledad suele ser asociada con el abatimiento anímico. Las palabras exorcizan mis penas, y para hacerlo necesitan impregnarse de ellas. No sé qué me lleva a entregarme a momentos de profunda melancolía creativa. Sí sé que no me gusta trasmitir abatimiento. De ahí que suelo evitar compartir mis monólogos interiores.

Esas introspecciones, como la que ahora me he animado a publicar, son soliloquios que me ayudan a entenderme. No están pensadas como ejercicio literario, sino que son un canal de desahogo. Habitualmente no las releo, y las cabo relegando a convertirse en pila sobre mi escritorio. Con el paso del tiempo, la mayoría de ese papel acumulado se acaba convirtiendo en hojas que arrojo a reciclar. Son pétalos de una vida que ocasionalmente temo estar deshojando; pero que, por suerte, se convierten en hojas caducas cuando compruebo que mi vida sigue perenne.
Compartir este monólogos interiores como entrada en el blog es mi forma de darte las gracias por mantenerme vivo en tu atención, atentoLector.

¡Viva la vida!

jueves, 5 de abril de 2018

Relatos jueveros: Semana Santa

Hola:
Este jueves, es Lucía M. Escribano quien conduce desde su blog, “Sintiendo en la piel”, la convocatoria creativa bajo el tema “Semana Santa”.
https://lucia-m-escribano.blogspot.com.es/2018/03/convocatoria-juevera-4-de-abril-2018.html

Durante estos días, ando liadillo y más afectado por la migraña de lo habitual. Me apetecía participar en la convocatoria, pero la inspiración me ha sido esquiva. De ahí que haya recurrido a compartir un pasaje del cuarto capítulo de mi novela «Obligado a convivir», fragmento ambientado en Semana Santa y que he adecuado en su extensión a la estipulada para las convocatorias jueveras.

Confío en que el texto funcione como unidad narrativa. Aunque quizá lo haga mejor si os doy una información previa: el narrador es un niño huérfano que, en la España de la Transición democrática, vive con sus padrinos: Isabel y Zacarías.

Gracias por tu atención lectora.



«Obligado a convivir», (fragmento del capítulo 04)




Todos los sábados, cuando estaban a punto de dar las tres de la tarde, Isabel iba a la peluquería de Purita, un negocio situado en el entresuelo del portal vecino a nuestra tienda y que, en todos los años que permaneció abierto, nunca llegó a contar con licencia de apertura. Me gustaba acompañarla a la peluquería, veía toda una aventura en la posibilidad de que la policía irrumpiera en ese negocio ilegal para cerrarlo, tal y como veía en las películas de gánsteres.
(...)
El salón de belleza de Purita cerraba los sábados a las dos. Pasada esa hora sólo recibía a las clientas “especiales”: aquellas que trabajaban y no podían acudir en otro momento. La peluquería se reducía a una habitación, situada a la entrada de la casa donde vivía Purita. Resultaba un lugar acogedor una vez que te acostumbrabas al ruido destemplado que producían los secadores y al omnipresente olor a laca. Solía sentarme a leer algún tebeo junto a la puerta. Si sonaba el timbre tres veces, y Purita me hacía un signo de aprobación con la cabeza, mi misión comando era la de abrir la puerta e identificar a la desconocida.
Recuerdo en especial una tarde-noche de Viernes Santo en la que Isabel necesitó acudir a la peluquería (...). Entramos al establecimiento sigilosos cual espías. Para evitar que cualquier luz delatara que el negocio estaba abierto en un día de contrición religiosa, Purita peinó a mi madrina a la luz del alumbrado público que entraba por el ventanal. La peinó con mucha laca y nada de secador, por eso de evitar cualquier ruido delator.
Mientras tanto, mi cometido consistía en vigilar que nadie desde la calle reparara en el desarrollo de la “operación peinado”. A nuestra salida, Isabel cubrió su tocado reluciente con un enorme pañuelo. Sólo le faltaban un par de gafas para parecer una espía con un aire clavado al de Audrey Hepburn en «Charada».
Desde el cierre por denuncia anónima de su peluquería, Purita se dedica a peinar por casas. La de Isabel aún es una visita obligada los sábados por la tarde.

domingo, 1 de abril de 2018

Recortes de marzo, 2018

Hola, éstos son algunos de los comentarios que compartí en blogs amigos durante el pasado mes de marzo.
El criterio para su selección ha consistido en un ejercicio de mi capricho.
Gracias por tu compañía, atentoLector.


Buenos días, Carmen:
Mi corazón y mi cerebro hablan idiomas distintos. Son contadas las veces en las que mi ánimo logra comunicarse con ambos a la vez. Las pocas grandes decisiones que he necesitado tomar en mi vida las he tomado en su mayoría guiado por el corazón, o incluso las tripas. No sé qué me guiará ante las incertidumbres próximas.
Curiosamente, al envejecer mi cuerpo ha sido el cerebro el que ha empezado a operar donde antes campaban las ganas. Y, para mi sorpresa, este proceso cerebral se ha traducido en un progresivo aislamiento de mi entorno social, donde apenas encuentro estímulo intelectual.
Un gran abrazo, Carmen.



Buenas tardes, Clarisa:
Te escribo desde la emoción y el respeto, quizá como nunca lo había hecho antes.
Me emociona el anuncio de tu silencio, emoción dolorida ante la incertidumbre que me produce el temer que lo provoque alguna causa ajena a tu voluntad. No oculto Clarisa mi admiración por ti como escritora, y el aprecio sincero hacia tu persona.
Mi emoción se vuelve agradecida al leer que me invocas como “hermano”. Me siento honrado de formar parte de una estirpe literaria en la que me consideras un semejante.
El respeto hace que corresponda a tu voluntad de silencio en tu volver al blanco de las nubes. Entenderé ese silencio como un eco de tranquilidad, de calma y sosiego.

Aquí estoy para lo que me necesites, compañera, hermana.
Os deseo lo mejor.
Ahora y siempre:
GRACIAS, Clarisa por mostrarme tanto afecto.



Buenos días, Sylvia:
Gracias por tu introspección, escrita en tono personal y con un espíritu abierto que lleva a unirse a ti, en mi caso como aprendiz de funambulista.

Adoptar resoluciones trascendentales llevado por el impulso es algo habitual en mí; y la verdad es que no me arrepiento del resultado de la mayoría de estos arrebatos. Digamos que el impulso me ayudó a recorrer el alambre vital sin sufrir tantas caídas como anunciaba mi impericia.
Ahora, avanzado en la segunda mitad de mi vida, camino despacio. Curiosamente, la consciencia del vértigo de mis actos y las consecuencias de mis anteriores funambuleos inconscientes, me hacen temer una nueva caída que me desequilibre para siempre.

Feliz jueves, Sylvia.
https://turnback1.blogspot.com.es/2018/03/equilibrio-emocional-relatos-jueveros.html



Buenos días, Mucha:
Y el humo que exhalará mi mirada será lento, pausado, pues estaré absorto observándote. Mi mente estará llena de presente, del regalo de tu compañía. Mi vello se erizará al sentirme cerca de tu cama. A juicio de otros seré sólo un cartel, pero en nuestro delirio sabremos que soy un cartel enamorado.

Feliz jueves, Mucha.
http://recomenzar.blogspot.com.es/2018/03/la-pintura-ya-esta-terminada.html



Buenas tardes, Pitt:
Me he quedado maravillado por el ingenio con el que has construido tu reflexión: no es fácil, al menos no lo es para mí, hablar claro a la vez que uno se expresa de manera avispada.
El lenguaje, como la vida, está lleno de contradicciones. Por eso son muchos los vivales que se aprovechan de su lengua para sacárnosla (la lengua) mientras nos hablan de manera amable y conciliadora. Yo quiero ser uno de ellos (de los saca lenguas), pues por contar mi verdad me castigan por lenguaraz. Yo también quiero estar con los ganadores, para ver si recupero las ganas permanentes de revisar lo que afecta a los demás y a mí no me incumbe.

Espero no estar de más al darte la razón.
Un abrazo revisable. Lo permanente es mi aprecio.
http://elmisantropodigital.blogspot.com.es/2018/03/derogacion-de-la-ley-de-prision.html



Buenas tardes, AtHeNeA:
Me reconforta tu buena salud física y mental.

Es bueno ejercitar el ingenio, mostrar músculo cerebral sin tener intención de exhibirlo, dejarse llevar allí donde la creatividad nos lleve. Conocer la opinión que los demás tienen sobre nuestros actos sociales es algo beneficioso, siempre y cuando esa opinión les llegue desde los sentimientos, y no desde los prejuicios.
Hay mucho lector disfrazado de cordero, que es  en realidad un macho cabrío que enviste contra nuestras ilusiones con la testuz cornamentada de su realidad. No nos entienden, no se toman la molestia de intentarlo, y nos atacan por no ser como ellos quieren que seamos.
Las pieles humanas no son vestidos sintéticos para ajustarse a un patrón industrializado. Cada uno siente las cosas como las siente, y las cuenta como le parece. A quien tiene a bien aparecer por nuestros blogs, bienvenido. Pero que no espere que nuestra piel creativa enfunde su vida sin ilusiones, y que no nos despelleje por ser sensibles ante lo que a él lo embrutece.

Un abrazo de piel a piel, compañera.
https://athenea-isladeluz.blogspot.com.es/2018/03/reflexionario-1.html

lunes, 26 de marzo de 2018

Un sueño tonto y no más

Me gusta fabular historias positivas, que transmitan esperanza frente al desánimo. Eso es algo autoimpuesto, lo único a lo que me fuerzo cuando escribo ficción relatada. Ahora mismo, no sé cómo acabará la trama de la novela que estoy apalabrando; pero será un final con esperanza, o no tendrá un principio publicado.

En cierto modo, mi decisión de apostar por mi profesionalización como escritor, es un buscar profesionalizarme en la vida. Un querer seguir vivo, para así poder seguir escribiendo y dando vida compartida a mis sueños. Desde siempre, he sido un “ensoñador”, alguien que no recurre a la imaginación para anular la realidad, sino que para poder vivirla. Amenizo, embellezco o intensifico las vivencias cotidianas. Y este ejercicio de supervivencia individual, tiene también su proyección social. Soy una compañía entretenida, un interlocutor animoso y un escuchante templado. Por eso sé que la voz de mi personalidad literaria debe tener el tono de mi persona —para ser entretenida, animosa y templada—, y alejarse de declamaciones pretenciosas. Y en ello estoy, intentando apalabrar mi voz ensoñada, entonando evocaciones de realidad y deseo.



En mi próxima novela reaparecen creaciones de mi trilogía «Donde habita el recuerdo», y aparece mi yo real –Marcelino– tratado con un personaje por mi heterónimo, Nino Ortea. Realidad y ficción convergen en una trama que transcurre en buena parte en Gijón, mi ciudad vital, pero que también recorre las calles de la ficticia “San Agustín del Campo”.

Siento gran curiosidad por comprobar si sabré novelar una resolución positiva para esta convergencia. Pese a mi anhelo, he decidido para su escritura. Algo en mi ánimo estaba orientando mi creatividad hacia una conclusión más literaria que sentida. Estaba articulando un final trágico con ambición literaria, lo que lo habría convertido en un relato fallido, cuya lectura produciría frustración. Sé que mi formación académica me ha dotado de técnica para la “literatura de salón”, que resulta en textos formalmente cuidados pero carentes de vida. Debo frenar la deformación creativa que produce el amaneramiento academicista. Lo deploro desde que alcanzarlo dejó de ser un reto.

Y en éstas estoy, mi atentoLector venyenloquecido. Mi vida transcurre tranquila, lo inquieto está en mi ensoñar.

Gracias por acercar tu compañía animosa al patio de mi recreo. La soledad sólo suena bien en las canciones de Antonio Vega. Gracias, atentoLector, por no decirme que es mentira todo. Un sueño tonto y no más”.

jueves, 15 de marzo de 2018

Este jueves: Equilibrio Emocional

Buenos días:
Este jueves es la compañera  Rhodéa Blasón quien conduce la convocatoria creativa juevera:
https://rhodeablason.blogspot.com.es/2018/03/convocatoria-juevera.html
El sugerente tema propuesto por Rhodéa es Equilibrio Emocional. Confío en que mi “enninación” no te resulte aburrida, si tienes a bien leerla, atentoLector.
Un abrazo venyenloquecido.



No es tiempo de melancolías. Ahora no. Es tiempo de disfrutar de la sensación de plenitud que me invade. Y de hacerlo antes de que vuelva a ser tarde para todo, menos para desvivirme. Antes de que nada me entretenga, y de que incluso descansar me canse. Antes de que, de nuevo, prefiera la dulce expiración de la inacción, a respirar el aire impuro de la vida.
Vagabundear por el laberinto de la creación es reconfortante: las fuentes de la imaginación alivian la aridez de lo sufrido. El problema es adentrarme en este laberinto y convertirlo en aquella ratonera.
Hace años mi arrebato por el mundo creativo me alejó de la realidad. Creí firmemente en que si deseaba algo con fuerza se cumpliría… y acabé dejando de creer en mí. Como “Narciso” ante su reflejo en el estanque, me lancé al vacío en búsqueda de una quimera.
Sobreviví de milagro a la caída. El desequilibrio con que me incorporé me hizo culpar a los demás. Luego me inculpé de todos los delitos emocionales que había cometido en cada una de mis encarnaciones. Mi pecado original fue soñar que la fantasía podía mejorar mi mundo. La expiación conllevó la autoexpulsión del edén creativo. Deambulé desmemoriado por atajos de realidad, obsesionado con personas inexistentes y relaciones ilusorias.

Abrir «Ven y enloquece» conllevó volver a encarar parcialmente mi reflejo… y gustarme. Poco a poco, recuperé peso y me puse en forma. Aquí he ido ejercitando músculo y cerebro. Y el esfuerzo ha dado sus frutos. Vuelvo a disfrutar haciendo lo que me gusta. Pero debo evitar la demencia narcisista. El hedonismo creativo tiene su espacio en mi vida. Lo complicado es mantenerlo en armonía con la realidad monótona. Lo difícil es no recurrir al opiáceo del egocentrismo.
Me encuentro en un momento de fertilidad creativa y de recomposición afectiva. Temo volver a perder el equilibrio físico y emocional.
Para prevenir una nueva caída debo enloquecer lo justo y necesario. Debo escribir sin hacer memoria. Debo fabular sin creer mis ficciones. Debo hacerlo y lo haré.
Gracias por ayudarme a mantener el equilibrio, atentoLector. (350)

martes, 13 de marzo de 2018

Siete cuentos morales, por J. M. Coetzee




J. M. Coetzee, premio Nobel de Literatura en 2003 y primer escritor en ganar en dos ocasiones el Booker, publicará en marzo Siete cuentos morales (El hilo de Ariadna), un libro de relatos escritos entre 2003 y 2017, en su mayoría inéditos, sobre la familia, el envejecimiento y los derechos de los animales, en el que recupera la poderosa figura de la escritora Elizabeth Costello.

El crítico y autor sudafricano no debuta en el género; este es su segundo libro de cuentos. Lo que hace única la colección, es que verá la luz antes en español que en el idioma en el que está escrita. "No me importa que mis libros no aparezcan primero en inglés. No me gusta que el inglés se haya apoderado del mundo. Hago lo que puedo para resistirme a ese predominio", dijo tras reconocer que la lengua en la que vive le liberó en su juventud del "estrecho mundo del afrikáner". "Escribo en inglés pero nunca he sentido que el inglés me perteneciera".
Retrato de J. M. Coetzee
Siete cuentos morales, traducido por Elena Marengo, muestra la evolución del alter ego que Coetzee inventó en 1999 para unas conferencias sobre derechos humanos en Princeton. La biografía ficticia de esta escritora sudafricana y defensora de los derechos de los animales fue ampliándose en la mente de su creador. Con el tiempo, la imaginó ya mayor, instalada en un pueblo aislado en España, y muy reacia a aceptar la realidad que le plantean sus hijos: ya es demasiado mayor y debe elegir entre vivir con ellos o trasladarse a una residencia de ancianos.

Coetzee, afincado en Australia desde 2002, sitúa al lector con estas historias cortas ante los dilemas del mundo moderno, los colectivos, y también los individuales. "En este momento, mi vida me parece desacertada de cabo a rabo, y de ninguna manera interesante", lamenta la protagonista en uno de los relatos. "Me parece ahora que si una quiere realmente ser mejor, hay maneras de lograrlo dando menos rodeos que eso de llenar miles de páginas con textos en prosa".

El autor de Verano y Desgracia leyó El perro, uno de los relatos de Siete cuentos morales; anunció que hay sobre la mesa dos proyectos, aún en estado embrionario, para llevar su obra al cine -Esperando a los bárbaros, por el colombiano Ciro Guerra, y La infancia de Jesús y Los días de Jesús en la escuela por el argentino Tristán Bauer-.

Arttículo editado. Para leerlo completo, te remito al texto original escrito por Maribel Marín.



Gracias por tu tiempo de lectura.

domingo, 11 de marzo de 2018

Cuando ensoñar no es bastante

Cuando ensoñar no es bastante,
de nada te vale escuchar que tu escribir aviva sueños,
ni que con tus textos y acciones evitas en otros
que los titubeos se hagan sus dueños.

Cuando ensoñar no es bastante,
la clara risa que otros escuchan en tus palabras de ánimo
a ti te parece eco distante de una alegría
que temes se haya convertido en voz de desánimo.

Cuando ensoñar no es bastante,
llega para ti el momento de descansar,
de escucharte en la sonoridad del silencio,
de permitirte volver a soñar.

Y el silencio de la espera, se acompasará con la quietud de la esperanza. Pues la vida tiene sonidos, aún en su eco de silencios. ¿O acaso el aire sólo es vida cuando sopla como el viento?
Cuando el viento no silba, seguimos respirando.
Cuando la escritora no escribe, sigue viviendo.
Respetemos la paz de su silencio, deseémosle tranquilidad en su sueño. El que no escuchemos su voz, no significa que ésta no esté sonando, melódica y “libre, sobre corales de ojos dormidos...”

A Clarisa Tomás Campa.

En este momento en el que su voz se reconoce cansada, sus palabras siguen resonando en mí.
Ánimo, Clarisa. Las palabras, como el agua, siempre encuentran un cauce para fluir como río de vida.
Os deseo lo mejor, a ti y a los tuyos, compañera, amiga, hermana…

Disculpa que esté rompiendo el silencio respetuoso que merece tu decisión; pero ciertas palabras, si no las dices, acaban como el agua frenada: estancadas.
¡Salud y suerte, compañera!




lunes, 5 de marzo de 2018

El juego más delicioso


Resulta triste, aunque también lo encuentro curioso, el que ciertos actos que antes eran cotidianos ahora estén idealizados. Si el mero hecho de escribir una carta resulta inhabitual en nuestros días, ya nadie juicioso envía palabras de amor sencillas y tiernas. Y ya nadie talentoso compone canciones de amor como las que compuso Joan Manuel Serrat… El romanticismo ha quedado reducido a la Ficción, al igual que el heroísmo o la puntualidad. No en vano, encuentro mucho heroísmo en quien se atreve a enamorarse a tiempo y confía su corazón a intenciones ajenas.

En la vida real, quien bien te quiere siempre te aconseja que evites meterte en problemas. El sencillo acto de enamorarse lleva siendo el origen de muchas complicaciones desde que Adán y Eva desataron la ira de un dios intransigente ante el amor libre. Y es que a prejuicio de los cerebros más destacados —y de sus corazones enlatados— ¡¡el amor es el juego más peligroso!! Tenle miedo, mucho miedo, pues ese sentimiento hará de ti un tonto.

 
imagen de The Kid Brother, 1928, Harold Lloyd y Jobyna Ralston

Creo recordar que el contumaz Friedrich Nietzsche, en una de sus muchas reflexiones misóginas, venía a decir que el amor a una mujer es una encarnación de la pasión por el peligro que siente todo hombre de verdad. Para mí, que siempre me había temido un verdadero cobarde, fue todo un descubrimiento el saber que mi carácter enamoradizo no hablada de mi debilidad ante la belleza, sino que elogiaba mi poca pereza ante lo azaroso.

Imagino que de haber leído esta reflexión intolerante de Nietzsche en su original alemán, el pavor de mi libido habría dejado lívido a mi corazón—idioma curioso el germano, donde incluso cuando te susurran parece que te están riñendo—. Pero, en mi bendita incultura, no sé alemán ni hago ademán de aprenderlo. Y siempre he ojeado las máximas filosóficas con una atención mínima, traducida en una búsqueda de ingenio mundano, no de sabiduría filosófica.

Y es que, atentoLector, luego de haber desoído las advertencias de tanto Zaratustra frustrado con la vida, y de haber correteado por el edén junto a algunas de las hijas más arrebatadoras de Eva, sólo puedo transmitirte mi experiencia mayéutica sobre el juego más delicioso: Una vez acabada la partida, el peligro está en volverte miedoso ante la oportunidad de empezar otro juego. Lo demencial está en no saber perder.

Si en algo coinciden mi persona y mi personaje, es por su pasión por el juego de la vida. Y el juego más divertido es aquel que se disfruta compartido.



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Ich grüße dich, meine Liebe!