Ven y enloquece

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miércoles, 24 de marzo de 2010

Y luego dicen que el pescado está caro b

Hasta los 14 años, me pasaba la vida jugando en Los jardines de la reina. Mi madre me vigilaba desde el balcón de casa. De niño siempre llevaba conmigo algún palo, gomeru, garbancero o piedras; por si alguien venía a pegarme, darle yo primero. Que seré cobarde pero no tonto.

El caso es que un domingo había ido al Cine Arango a ver Orca, la ballena asesina —un remedo de la peli Tiburón, protagonizado por Richard Harris—.

Ya de lunes, les estaba contando la peli a a mis amigos del parque. De aquella, se rulaba el pesacado en el muelle del Fomento, y muchas lanchas de menudeo y bajura atracaban en el Fomentín.

Yo había cogido un trozo de hierro —supongo que caído de la grúa que movía las barcas— y andaba haciendo el richarjarris por el embarcadero. Tan ensimismado estaba contando la peli, que en el momento en que una chalupa se movió repentinamente, le arrojé el palo, temeroso de que fuera el vengativo cetáceo. Aquella tarde descubrí que había nacido para arponero, pues se la clavé a la primera.

Cobarde pero no tonto, repito, así que marché escopetado para casa.

A la mañana siguiente, antes de ir al cole, me acerco al Fomento, y veo la chalupa a punto de hundirse. Ya en el Jovellanos, me dicen que la barca era del padre del “Madreñes” —un ruin de Cimavilla ,que ahora mismo cumple prisión por delitos de sangre—. Me entró tal tembleque que en el recreo escapé a casa y por la tarde no fui al cole. Solía comer tiza para ponerme malo y así impedir que malearan mi inocencia en exceso los dómines de aquél antro.

Otro recurso habría sido calzar calcetines mojados; pero requería el uso de agua. Y el agua, ni ras ni oxigenada. ¡Congelada y en un vaso!

El caso es que, durante mucho tiempo sólo jugué por la zona del quiosco de los Jardines, cuyo personal me conocía—¿Me da un pica pica y una barra de regaliz?, ¿Ya compró mi papá el Capitán Trueno?, ¿Puedo esconderme dentro, para que no me cojan?...— . Y del Hotel Pasaje —por entonces café— donde me tenían verdadero cariño de sentarme allí a leer tebeos cuando me “fugaba “ de casa, o de mimarme cuando me mancaba jugando e iba allí a que me curaran.

La primera vez que vi al “Madreñes” por los pasillos del cole, me puse tan nervioso que cogí un crucifijo de una pared y le arreé un cañonazo, sin fijarme en que lo hacía por la parte del cristo metálico. Sí, Lola, había crucifijos en el centro. Pese a ir a un colegio público nos obligaban a formar, llevarle flores a María y cantar el Cara al sol pese a estar ya muerto El Dictador.

Me echaron del centro por una temporada, y mis padres por poco me mandan al San Luís de Pravia —fue el primer intento, hubo más. Incluso llegué a estra preescrito.

Así que ya sabes, Lola, porqué cuando hablas de agua me ahogo en tus ojos.

Un pellizco.

Nino

Y ahora es cuando voy y te esclarezco:

Arponero, yo quiero ser arponero y pescar tus sentimientos
 
Contrabando, traficare contrabando de tabaco y oro para ti
 
muchas noches me veran en la frontera del gibraltar
 
toda lalinea conoceras que el tabaco y oro es para ti
 
y traere el ambar gris de un cachalote.
 
contrabando traficare contrabando de tabaco y oro para ti
 
arponero arponero uououooo.


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