En principio, lo de ver desaparecer mis palabras no es algo novedoso; aunque no por ello deja de ser doloroso el que ni siquiera se lleguen a leer. Todo es efímero –menos la cuesta de enero que, cada año, dura hasta diciembre- y más en la irrealidad de Internet, donde nuestra huella digital es tan pretérita como las pisadas de un dinosaurio.
Ineskapable portada del disco "Missing Words", por The Selecter.
¿Dónde resuenan los ecos de nuestras navegaciones por Netscape, los paseos por Second Life o las conversaciones por Messenger? Al igual que en nuestra vida tenemos que deshacernos de objetos que ahora son trastos, encuentro lógico que nuestros ceros y unos en desuso se diluyan en el éter de La Red.
