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domingo, 25 de agosto de 2019

No luce la luna sin traerlas a mis sueños

Debo aceptar que me hago viejo –aunque me sienta rejuvenecer cada vez que me engalano de Nino Ortea–, y posiblemente por ello mi apasionamiento se ha vuelto más acomodaticio y cobarde. Muchos lo llamarán prudencia y madurez. En mi caso es puro vértigo al vacío de una vida que cada vez se escapa más deprisa. Vértigo que me lleva a alejarme de las instantáneas del Hoy y a cobijarme en las imágenes del Ayer.

Quizás por eso, más que un coleccionista de libros, películas o reprografía artística soy un acumulador: amontono sin ningún criterio fantasías ensoñadas por otras, sentimientos despertados en corazones ajenos o servilletas escritas por manos nerviosas de no tocarme. Quizá por eso más que redactor de historias, soy recolector de memorias asociadas a palabras de otros.

Fantasías, sentimientos o servilletas que se convierten en bofetones cuando quien me las dedicó yace en silencio eterno. Palabras que no luce la luna sin traerlas a mis sueños.




Videoclip de Radio Futura interpretando Annabel Lee. (C) 1987 RTVE/SONY MUSIC ENTERTAINMENT ESPAÑA, S.L.


viernes, 23 de agosto de 2019

Ceniza a las cenizas. David Bowie: la revolución visual de la cultura pop


Título: Ceniza a las cenizas. David Bowie: la revolución visual de la cultura pop
Autores: Rubén Paniceres y Víctor Guillot Monroy
Editor: Editorial Rema y Vive

Ante todo quiero agradecer a Rubén Paniceres y Víctor Guillot su mención en los créditos de “Ceniza a las cenizas”.
Los autores de este ensayo ofician alternativamente de “Beatriz” y de “Virgilio” para ejercer de guías del lector a lo largo de las siete esferas del paraíso cultural mesmérico y del purgatorio social dantesco que configuran las siete décadas de convivencia rocanroleante compartidas por el consciente David Bowie y subconsciente David Robert Jones.

El libro cuenta con un prólogo –escrito por Mario Cuenca Sandoval– del que reproduzco el siguiente extracto:
Los autores de esta exhaustiva genealogía han seguido el hilo de Ariadna de la personalidad de Bowie a través de las sucesivas máscaras en sus canciones, películas y videoclips, desentrañando la red de asimilaciones culturales que espolearon sus continuos gestos artísticos, desde Artaud hasta Foucault, y enlazándolo con otros creadores tan personales como David Lynch o Lindsay Kemp. Hermosa empresa en la que, estoy seguro, habrán sufrido y disfrutado a partes iguales, pues el genio huidizo de Bowie se retiró del escenario —en postrero clip de “Lazarus”— cerrando tras de sí la puerta de un armario-tumba, y sellando de este modo el misterio en que consistió su vida y su obra.


Mi canción favorita de Bowie.

domingo, 18 de agosto de 2019

El chispazo de la vida 3 de 3


https://venyenloquece.blogspot.com/2019/08/el-chispazo-de-la-vida-2-de-3.html

https://venyenloquece.blogspot.com/2019/08/el-chispazo-de-la-vida-2-de-3.html

Un 69 % de la población se oponía a la retirada del producto; y, en plena época de electoral, ningún irresponsable político quería cargar con el muerto de la impopularidad que conllevaría la medida. El consumo de la “Conga Mola” se impuso inmediatamente entre trabajadores necesitados de un empujón para comenzar su jornada laboral y desempleados precisados de un estímulo para afrontar su desmotivación vital.

Al empezar a correr por Internet los videos donde se denunciaban los efectos letales de la bebida, el efecto fue el contrario. Se puso de moda entre los jóvenes el movimiento “pata chunga” que distingue el caminar de los muertos chispeantes. Y, ¡¿qué decir de los ancianos!?. Nuestros mayores ven en el refrigerio ultracafeinado un elíxir de Lázaro, una oportunidad para refrescarse de sus problemas de artritis, de desmemoria o de próstata.

Nuestras calles se han llenado de zombies de cualquier edad que te acosan en su sed por beber un trago de “Conga Mola”. Eso conlleva que el desplazarme a trabajar conlleve dejarme una pasta en botes de refresco. Y ustedes me multan cada vez que llego tarde. Además, nos han congelado el sueldo aduciendo que la compra del cemento rápido encarece el coste de los servicios funerarios.


Así que, señor vicepresidente, por la presente le notifico mi intención de dejar este trabajo en el plazo de quince días que marca la legislación. En mi intención está aprender el oficio de taxidermista. Si en los planes futuros de esta empresa entra el empezar a ofrecer servicios fúnebres a mascotas, me sentiré honrado de contar con su confianza.

Siempre suyo:

Soponcio Sarcófago.



Deliranza inspirada por la teleserie recién fallecida iZombie.









El chispazo de la vida 2 de 3



Donairoso vicepresidente:

Sirva esta segunda misiva como ratificación definitiva de mi postergada iniciativa de dimitir del laborar y retomar el enamorar.

Tal y como le notifiqué hace más de una semana yo era un hombre feliz en mi badana.

¡¡Pero ahora estoy hasta el carajo de este trabajo!!


Ahora todo es caos y desorden. La improvisación es la pauta laboral de mis noches. De los días, mejor no hablar. Créame, señor intendente, mi alma en pena ha llegado al punto de odiar esta faena.

Y pensar que toda esta sequía de esperanza la ha desatado una bebida refrescante… ¡Maldita “Conga Mola”!


Desde que les dio por renovar la fórmula de su brebaje, cada trago de su “chispa de la vida” se ha convertido en un disparo letal. Nuestras calles se han llenado de muertos hiperactivos… ¡Y así no hay quién trabaje! Por muy buen profesional que seas, es imposible dar sepultura a alguien que no se está quieto. Si antes era un enterrador laborioso, ahora soy un encofrador patoso: acabo siempre la jornada laboral cubierto en cemento –lo cual debo admitir que me viene bien a la hora de volver a casa, ya que los espasmódicos no perciben mi olor y me dejan en paz–.

Imagen de autoría no acreditada.
Sé que no es culpa suya, apreciado jefe, pero ustedes me contrataron para dar sepultura a los fallecidos, no para meterlos en bloques de cemento antes de que les de la fiebre del “bailongo” y se revivan en la búsqueda temblorosa de refrescos que los mantengan chispeantes. La culpa es de los fabricantes de “Conga Mola”. A uno de sus ingenieros se le fue la mano con la cafeína. En lugar de retirar esa remesa excitante, se la quitaron de delante comercializándola bajo el lema “¡Revive a un muerto¡”.

Y así fue…

Pero se les olvidó añadir que primero te mata de un paro cardíaco súbito provocado por el exceso de estimulantes que contiene. Pese a que lo inmediato de su efecto propició que se asociara raudamente su consumo con una posibilidad elevada de muerte por taquicardia, las autoridades públicas no han retirado el mejunje de la circulación.



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