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Gracias por tu compañía durante todo este tiempo, amable leyente.

domingo, 21 de julio de 2019

Mi ausencia de aprecio


Frank Sinatra: My Way



Sé que mi ausencia de aprecio por lo que no atrae mi interés suele ser distraída como una presencia de desprecio. Y puesto a ser sincero, amable leyente, la verdad es que habitualmente no me importa esa confusión. Gracias a ella logro estar tranquilo a mis cosas y que me ignoren los ignorantes que me descosen a mis espaldas.
 
Fotografía sacada en Gijón de una ilustración mural callejera.
Pero me fastidia el descuidar de manera inconsciente a quienes me estiman. Aunque creo que poseo un buen nivel de empatía –característica que destacan mis superiores en trabajos de atención al público–, tengo más que comprobado que no descodifico bien las lamentaciones indirectas ni las verdades a medias. A esta carencia de perspicacia sociolingüística se une mi falta de mano izquierda a la hora de relacionarme socialmente. El resultado es que son muchas las veces en las que reacciono tarde –y a destiempo– ante peticiones/sugerencias/invitaciones encubiertas que me realizan mis afines.

Unámosle que la migraña crónica que padezco no es incapacitante, pero sí que resulta aislante. La convivencia me resulta agresiva en lo sensorial, dado que la mayoría de los olores, sonidos o luces que nos acompañan al relacionarnos en calles, bares y demás lugares de encuentro me alejan de los demás. Sufro notoriedad de “raro” por evitar lugares frecuentados, apenas usar el teléfono móvil o sentarme a contraluz y a favor del viento.

De ahí que prefiera estar solo a provocar involuntariamente que, a causa de mi excentricidad, las personas que tengo enfrente crean que las enfrento. La ventaja de la soledad es que mata lo absurdo de los tópicos sociales: no tienes que preocuparte por cómo malinterpreta alguien un acto que no va dirigido a él.
Supongo que es fácil consolarse ante la soledad impuesta si la concibes tan apuesta como el impostarte de libertad.

domingo, 7 de julio de 2019

Sin saber cómo ha venido, te ha cogido la tormenta

Fito & Fitipaldis - Soldadito marinero


Escribir ficción literaria me ayuda a inmortalizar la realidad sentida.
En mis fabulaciones vivirán por siempre mis evocaciones, esas experiencias que sustentan tanto mis relatos, como las “brevelas” o novelas. Independientemente del tiempo narrativo de mis cuentos o de la condición de sus personajes, hay un eco de lo sentido en todo lo que ficciono.
Eso sí: no entiendo el eco como una mera repetición de un estímulo original, sino que como una variación que muchas veces enriquece –y ocasionalmente mejora– su fuente primaria. Ahí está la belleza de la sonoridad que ciertas palabras comunes alcanzan en algunas voces extraordinarias, la energía que los estribillos confieren a las canciones o la calma que trasmite un latido pausado.
Mi corazón no es pausado, pero sí delator de mis sentimientos. Mi ficción literaria no es serena, pero sí relatora de mis sensaciones. Al hilvanar ficciones creativas con evocaciones recreativas siento que estoy creando vida. De ahí que me sienta vivo al fabular ficciones donde trato a los personajes como personas. He llorado al ver que mi “yo creador” les daba muerte. Me he acostado con incertidumbre sobre cuál sería el futuro que les depararía “mi inconsciente escribiente”.
Al igual que me ocurre con las personas que he amado, me resisto a condenar al olvido a los personajes que he fabulado.

Mientras escribo esta enninación, mi buen amigo Antón está luchando por su vida. Siento que una forma de mantenerlo vivo es seguir haciendo eco ocasional de él en mis personajes. Desde mi experiencia creo que sólo el silencio nos conduce a la muerte total en el olvido.

Etorri zenuela jakin gabe, ekaitza harrapatu zaitu. Bizi naizen bitartean, bai bizi gara, adiskide.


Fotografía identificada como zorroza-ria-6-4-12. La encontré en https://www.elcorreo.com/fotos/

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