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No consumiré ningún producto de empresas que patrocinen el Mundial de Qatar 2022.

sábado, 26 de febrero de 2022

La retórica del agresor

Hoy se cumple el tercer día en la nueva ofensiva criminal con la que el ejército ruso está asesinando a la población ucraniana.

No llego a imaginar lo que es sobrevivir durante un asedio militar. Pero sí que puedo pensar en lo tortuoso del vivir de mis iguales ucranianos no asediados: de enfermos que no pueden recibir tratamientos o adquirir medicinas, de discapacitados que no pueden acceder a los refugios antiaéreos, de infectados de COVID‑19 que no pueden buscar ese refugio por miedo a contagiar a otros…

Yo –que si puedo recibir, adquirir o acceder– puedo además ayudar a mis iguales ucranianos. Tú, amable leyente, también puedes: sólo tenemos que usar la palabra, sin necesidad de alzarla. Basta con que la empleemos de manera apropiada, sin permitir que se apropie de ella su ¿mal? uso en titulares periodísticos.

 


Creo inapropiado hablar de “guerra entre Rusia y Ucrania”. Lo encuentro impreciso, ya que no estamos ante dos países cuyas sociedades se enfrentan por una ambición común en ambas. Creo que –dentro de la economía del lenguaje que rige los titulares periodísticos– estamos ante “guerra de Rusia contra Ucrania” (este segundo titular sólo usa dos espacios más que el primero). La guerra la ejecutan los militares rusos, los ciudadanos ucranianos se defienden. Usar la retórica del agresor es aceptar sus excusas para asesinar.

La guerra la tienen ellos con la Libertad, nosotros luchamos por ella (y –por suerte– en España podemos hacerlo con palabras, no con balas).

Apalabra la Libertad, libre leyente.

ŋinO. Gijón. 2022.

domingo, 20 de febrero de 2022

Hay que vivir

Hola, amable Leyente, confío en que estés bien. Gracias por tu compañía lectora. Como probablemente sepas, hacía más de dos años que no actualizaba este blog.

Durante este infierno de latencias, a una mala situación personal, se unieron una crisis familiar y una pandemia mundial. Todo diagnosticaba que esa “crisis familiar” no viviría para comer las uvas del año 2019… y acabamos sobreviviendo tres nocheviejas en un paseo tortuoso por la vida y la muerte. Paseo endemoniadamente dramático durante el que padre e hijos nos trasfiguramos en Virgilio, Dante y Beatriz; y –al igual que los personajes dantescos– abandonamos toda esperanza a las puertas de un infierno de nueve círculos polares al que entramos tres y del que salimos dos.

Durante este invierno de ausencias, he sentido el calor del amor de mi hermana y de la amistad de Auroratris (hoy mismo me ha vuelto a animar a que retome la escritura y el blog).  No quiero eclipsar a ninguna otra de las contadas personas que me han destellado durante este eclipse; pero son ellas dos, Hermana y Amiga, quienes han traído la luz del amanecer a noches que temía eternas.



En agradecimiento a ellas y en recuerdo de quienes no olvido, intento no conformarme con sobrevivir y ambiciono vivir.

“Hay que vivir, Ninín” –me digo cada mañana al levantarme.

Hay que convivir, afable Leyente, con el dolor de la pérdida y el bálsamo del descubrimiento.

Disculpa la desmaña de este texto atrancado. Estoy bastante oxidado en lo comunicativo. Confío en ir ganando soltura expresiva a la par que recupero desenvoltura vital.

Salud y suerte, sublime Leyente.

 

ŋinO. Gijón. 2022.

 


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