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Mis mejores deseos para ti y los tuyos, amable leyente, ahora y siempre

lunes, 18 de marzo de 2019

Y santas pascuas




A fin de intentar encontrar una salida al laberinto creativo en el que me he enclaustrado, he decidido dejar de avanzar por sus pasillos. A lo largo de un tiempo tan indeterminado como preciso me mantendré, de nuevo, alejado de la publicación en este blog.
Este dejar de venir no conllevará un parar de enloquecer. Aunque no actualice «Ven y enloquece», seguiré escribiendo ficción; y mi intención de mantenerme distante de Internet y sus enredos, no me impedirá seguir correspondiendo tanto a vuestros posibles comentarios en el blog como o a la correspondencia personal. No me marcho, simplemente me alejo para analizar con perspectiva mi figura literaria.

Este alejamiento es un acto cíclico, como bien sabéis los veteranos en leer mis entusiasmos caprichosos. Confío en que esta vez me muestre más consecuente que en las ocasiones anteriores –en las que no tardé en olvidar las decisiones que había tomado durante esos lapsos de ausencia–.
La llegada de la primavera siempre ha tenido un efecto revitalizante en mi creatividad. Nada apunta a que este año vaya a ser una excepción.

Una vez más, amables leyentes, os agradezco vuestra compañía estimulante.
Ha sido un privilegio el venir y enloquecer a vuestro lado.

martes, 12 de marzo de 2019

Sombras


Aviso a blogueantes: se avecinan cambios.

Me encuentro en una intersección creativa. No sé bien qué camino tomar, pero no será el habitual. Tengo dos novelas empezadas, varios relatos por culminar y bastantes textos a medio escribir para este blog –esto último es habitual, ya que muchas veces no sé convertir los destellos de inspiración en figuras creativas, y los relego a sombras–.
Para salir del bloqueo al que me reduce el encontrarme en esta encrucijada me planteo tomar un camino diferente, que empieza por asumir un heterónimo que no sea el de Nino Ortea –mi intención no es condenarlo a la sombra, pero sí que quiero sacar a la luz otras personalidades literarias–.


No me apetece escribir siempre de la misma manera. No quiero ser uno de esos autores de innumerables libros pero de una única obra. Y es un hecho que amanero lo que firmo con mi, hasta el momento, único seudónimo. El que esté escribiendo esta introspección sobre un tema reiterativo en el blog –“Nino ante Nino Ortea”– es prueba de ello.
Creo que el problema en el desarrollo de mi personalidad literaria está en las restricciones a las que la somete mi persona. Si quiero avanzar como escritor, necesito liberarme de las sombras que mi ser proyecta sobre mi personaje creativo. Pero no sé cómo hacerlo. No puedo recurrir a estimulantes químicos para liberarlo. He intentado escribir en lugares distintos, redactar a horas prefijadas o hacerlo en horas brujas. Pero mi heterónimo sigue escribiendo con alguno de los registros previsibles. Y más en cuanto corrijo lo que escribe, ya que esta función la realiza mi parte consciente.
El que recurra a la escritura automática y a la publicación directa de esos automatismos tampoco es solución: cuando me posee la voz creativa mi discurso es tan intenso como impuro, diría que es de temperamento febril.

Confío en encontrar la manera de escribir pronto algo que me parezca una innovación en lo creativo. Si cuando hablo puedo modular mi voz, también puedo hacerlo cuando escribo.
Se acercan cambios, para mejor.
Gracias por tu compañía en este divagar, amable leyente.

Por cierto, la palabra “sombra” siempre me acaba evocando a Javier Solís.



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