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Ojalá llegue un tiempo en el que a todos nos despierten versos de poetas. He perdido mi capacidad de ensoñar, al menos la de hacerlo sin temer que mis pesadillas se hagan realidad.Gracias por tu compañía durante todo este tiempo, amable leyente.

miércoles, 30 de enero de 2019

The Old Man & The Gun


«The Old Man & The Gun» es una película fascinante sobre un hombre incapaz de dejar de ser fiel a sí mismo. También es una reflexión sentida sobre la capacidad que tiene el amor para que nos planteemos empezar a ser fieles a alguien más que nosotros mismos. Pero ante todo, «The Old Man & The Gun» es un canto a vivir una vida rebelde frente al paso del tiempo. Aunque por rebelarte te llamen inadaptado, aunque al rebelarte te condenes a la soledad o te condenen a la cárcel.



“The Old Man & The Gun” es una adaptación cinematográfica de algunas vivencias de un inadaptado: Forrest Tucker. El señor Tucker se pasó más de la mitad de su vida encerrado en la cárcel por ser un trabajador excelso en una profesión denigrada en lo social: la de ladrón de bancos. Su éxito profesional habla por sí solo: según la página que le dedica Wikipedia, ganó cuatro millones de dólares atracando bancos con elegancia. Elegancia que aplicaba a todos los aspectos de su vida, incluido el de la convivencia marital: estuvo casado tres veces, y la primera noticia que tuvieron sus esposas de que su marido era un atracador fue al ver su domicilio conyugal asaltado por la policía.



El escritor y periodista David Grann a entrevistó a Tucker para la revista “The New Yorker”. El primer resultado de esos encuentros fue el artículo “The Old Man and the Gun” –“El viejo y la pistola”– publicado en enero de 2003. Dieciséis años después nos llega una sugerente traslación fílmica dirigida por David Lowery –quien firma el guión junto a Grann–.

 




La dirección de Lowery es rápida y elegante, todo un atraco a inteligencia armada contra el banco de los bostezos. Sus armas son unos planos ágiles y unos encuadres efectivos. Basta la primera escena –en la que la cámara abandona la persecución policial al atracador para acompañar a una niña en su caminar y cuando ésta alcanza a un amigo, el encuadre retoma al ladrón– para hacernos una idea del botín que nos espera: hora y media de realismo mágico, donde lo que parece ficticio es real.


Como ficticio parece que Robert Redford –protagonista y productor de la película– cierre con este film su carrera como actor. Todo indica que, mientras el cuerpo aguante, mantendrá su condición multitarea de director, productor y fundador del Festival de Sundance. Al igual que Tucker, Redford es un hombre incapaz de dejar de ser fiel a sí mismo. Lo mismo que el Narciso, mitológico, el Robert fílmico es un hombre incapaz de dejar de admirar su reflejo. Su personaje tiene el apodo de su persona “Bob”. Y en el paralelismo entre la vida rodada del actor y la robada del delincuente, Tucker es presentado como Redford en escenas de películas como «Brubaker», «Tal como éramos» o «Propiedad condenada».

Llamadme “venyenloquecido”, pero no me creo el adiós de “Bob”: Redford aún no ha interpretado su último acto interpretativo.


Último acto que confío en que aún esté muy lejos para Sissy Spacek, una actriz que convierte en oro todo lo que interpreta y que, al igual que el rey Midas mitológico, sufre las consecuencias de aislamiento que conlleva su poder mágico –no le veo otra explicación a la inanición de buenos papeles que sufre esta actriz sublime–. Su encarnación de una mujer que vive en la vida lo bueno con una sonrisa y lo malo con una mueca, es de naturaleza mágica. Realmente mágica.



«The Old Man & The Gun» es una película fascinante. Te animo a que la disfrutes en cuanto tengas ocasión. Al igual que te animo a que leas –si el idioma inglés no es tu anatema– el artículo que David Grann escribió para “The New Yorker”.






Gracias por armarme con tu compañía, amable leyente.

#MiércolesDePelícula

martes, 29 de enero de 2019

El mal de Montano, novela de Enrique Vila-Matas / MR


Muchas veces me he definido como un “ninotauro” refugiado en un laberinto de ensoñaciones. “Montano” tiene por mal en su deseo de convertirse en Literatura. Fueron muchas las veces en las que al leer la novela de Vila-Matas creí estar recorriendo un laberinto a espejo del mío.

Lo mismo que los paratextos hacen realidad un libro, entiendo mis actos como pretextos que aseguran mi presencia en el mundo de la Realidad. Paratextos y pretextos cobran vida para dar consistencia a una ficción. ¿Cuándo me muera, qué prueba habrá de que he vivido? Esa prueba serán mis ficciones. Cuando muera, sólo seré el Nino Ortea cuya existencia niego y en cuya persistencia confío.





He leído “El mal de Montano” en su edición de bolsillo publicada por Mondadori. Y es la maquetación que te recomiendo, mi amable leyente, por su presentación austera que permite realzar la voz del autor sin la distorsión que acompañan a publicaciones que se hacen coro de egos ajenos a la voz que quiere narrar.

Me gustaría llegar a escribir como Enrique Vila-Matas y  editar como Mondadori.



El gusto por llegar a hacerlo me dota de pretextos para hacer de mis ficciones una prueba de vida.

Contar con tu compañía, amable leyente, es una de las pruebas más gustosas de que he vivido, lo confieso.







lunes, 28 de enero de 2019

When Doves Cry – Prince / LCR


No puede ser otro y no puede ser con otra. Reconozco que éste es un caso claro de favoritismo:

    Prince es mi artista favorito.

   “When Doves Cry es mi canción favorita.



When Doves Cry”–“Cuando las palomas lloran”– aparece en el álbum Purple Rain”, publicado en 1984 a la par que se estrenaba la película homónima. Tanto el disco como el film funcionaron de maravilla en Estados Unidos –donde “When Doves Cry”fue la canción más vendida del año– y sirvieron para consolidar al artista en muchos mercados internacionales.

Pese a ser el sexto álbum de Prince, el estudio Warner Bros no había apostado fuerte por él hasta entonces. Y en mercados como el español nunca llegaría a hacerlo. En España, Prince fue prejuzgado por su aspecto extravagante. Su música fue oída de manera ocasional cuando se comercializó como éxito de “radio fórmula”, pero nunca fue escuchada dada la condición “cantante” de su intérprete.

No pongo en duda el aire “cantante” de Prince –sus modos y maneras eran inusuales, daban el “cante” por lo llamativo de su personaje público–. Quizá Prince fuera una persona soberbia –para grabar “When Doves Cry” no contó con ninguno de los miembros de su banda, aunque sí que aparecen como instrumentistas en el clip, dirigido por Prince–. De lo que no hay duda es de que su música es soberbia; y de que cualquiera que lo haya visto actuar en directo asistió a una experiencia musical grandiosa. Lo vi tocar en Londres, Madrid y Gijón. En los tres conciertos tuve la impresión de que se había entregado como si cada espectáculo hubiera sido aquél por el que quería ser recordado eternamente.



Es mucho lo que Prince significa para mí. Poco a poco intentaré compartir mis impresiones sobre él.



Gracias por venir y ayudarme a “principear”, amable bailante, en este primer #LunesConRitmo.


This is what it sounds like “When Doves Cry”, my dearly beloved venyenloquecidos.


viernes, 25 de enero de 2019

Sobre catarritos, dragoncitas y cuentacuentitos


Así me despedía de vosotros, amables leyentes, el pasado noviembre antes de que llegara el pesado diciembre, que me ha dejado con tal gordura que sería una locura el intentar medirme la cintura. Y es que estoy más gordo que el gran Thordo –orondo papá de Sygrid, nuestra pizpireta adalid–.

Imagino que, al igual que vuestro constipado narrador, muchos de vosotros habréis sobrevenido a diciembre y enloquecido en enero para encontraros con vuestro hociquito enrojecido.
Los sabiondos –legión de hombres sin alma y mujeres sin calma formada por los tertulianos engreídos y los blogueros descreídos– aseguran que el que nuestras naricitas estén coloraditas se debe a que en el presente invierno hace un frío que congela el Averno. Me refiero al lago, no al infierno. Que quizá sea el inframundo lo que miran los demás, pero no está de más recordar que nosotros –los venyenloquecidos– miramos por este mundo: no tiramos papeles al suelo, ni aceites al subsuelo… ¡pero sí lanzamos besos al cielo!
¡Muac, muac, remuac!
Venga, amiguitos, os invito a que regaléis una ronda de besos a queréis: entrareis en calor y saldréis del sopor.
 
Imagen tomada prestada de derpibooru.org
¿Ya está besuqueado todo vuestro personal adorado? Pues sigo con mi cuentacontado, gracias por seguir a mi lado.

Nosotros –que no vamos de sabios, pero nos gusta besar labios– admitimos que estamos resfriados e incluso congestionados. Aunque no lo estamos más este invierno que en pasados infiernos: que el frío no conoce de modas y todas las temporadas nos trae narices coloradas. Pero en este enero aprovechamos nuestra coloración nasal para hacer de nuestra nariz un fanal que nos de luz y así poder leer sin apagones las aventuras de Zänder y sus compañeros molones.
Y la que comenzará la próxima semana es una aventura que será pura divertura. La protagoniza Sygrid, la dragona más chisgarabí de aquí a Madrid.

¡Achis!
Disculpad el estornudo, de mi nariz haré un nudo para impedir que su goteo ahogue mis letras con su moqueo.
¡RequeteACHIS!
¡Moc! ¡¡Moc!! ¡¡¡MOC!!!

  
Lo ziento, amablez leyentez, pero zufro un gripazo tan congeztionado como mi tipazo. En cuanto me recuperre oz empiezo a contar la hiztoria, que de hacerlo hoy zonaría a hizteria.

¡Zalud y zuerte!

jueves, 24 de enero de 2019

Asturias, si yo supiera escribirte...


En mi intención estaba escribir hoy un cuento protagonizado por Sygrid. Una vez más la Realidad ha matado al Deseo.









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