Para saber más sobre «LA GATA VIO AL ASESINO» sólo necesitas pulsar en la imagen superior.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Zänder, el dragón acatarrado (V)


Encuentro con Gondra

Tras despedirse del rinoceronte volador y del bisonte alado, Zänder voló y voló sin reparar en que volaba y volaba; y se elevó y elevó, sin sentir que de sus temores se alejaba. Su instinto lo llevaba a aprovechar los vientos más favorables, para así poder avanzar sin apenas esfuerzo. Sus alas lo propulsaban fuerte sin que se sintiera débil, ya que la alegría le daba energía.
Al llegar la noche, tras tanto derroche de energía, se quedó dormido en cuanto se tumbó junto a un fuego reparador donde se había preparado un salteado de champiñones. Se despertó temprano, justo cuando se ponía la cuarta luna de Hauer. Supo instantáneamente que se encontraba más allá de Orión, cerca de la Puerta de Tannhäuser. Con sólo mirar al cielo mientras estiraba su nariz, podía calcular dónde estaba. E incluso saber la distancia que lo separaba en todo momento de Dragolandia.

Luego de prepararse un desayuno supervitaminante y mineralizante, retomó el vuelo. Se sentía confiado y seguro, no tardaría en encontrar a Gondra y, en cuanto él lo hubiera curado de su diferencia, podría volver junto a sus papis, Sygrid y sus amiguitos. Le apetecía regresar junto a ellos: pero mamá y papá lo habían educado para ser un dragón de palabra, y él había dicho y redicho que no volvería hasta haber encontrado a Gondra.
Al quinto día de su expedición, Zänder se sentía muy feliz y aún más expectante, confiaba en que tenía su destino delante de su nariz, que –por cierto– ya no estaba constipada y lo guiaba, con el acierto de un timón avezado, en su vuelo comenzado. Esa misma tarde reparó en lo mucho que se había alejado de Dragonlandia y en lo poco que le había costado hacerlo. Estaba contento con todo lo que le estaba pasando desde que había emprendido su búsqueda. Cuando quedaba poco para la medianoche, se zampó de un troche un cuenco repleto de fresas raspberreantes cubiertas por nata purplerain,
 
La imagen es un regalo de Sakkarah


Con el ánimo elevado, Zänder cayó en un sueño profundo. Luego de soñar con mamá y papá abrazándolo y con Sygrid sonriéndole, escuchó una voz que lo llamaba. Zänder abrió el ojo de su mente y vio a un dragón, de porte distinguido y expresión afable, que se le acercaba con seguridad. Zänder se sentía tan tranquilo que sólo se movió para incorporarse, ya que un dragón educado recive a sus visitas levantado.
—Hola, Zänder, hijo de Xana y de Cuélebre. Mi nombre es Gondra. Un rinoceronte y un bisonte muy salados me han dicho que estabas buscándome. Yo había acudido a su encuentro y ahora vengo al tuyo, amigo. Por favor, siéntate.
Zänder asintió con una sonrisa y se sentó en silencio. Estaba tan emocionado que permaneció callado
—No hay lugar para ti en mi refugio para marginados. No lo necesitas: eres diferente, porque eres especial. No sufres de ninguna mutación como el rinoceronte alado, o de alguna pigmentación, como la marciana rojiblanca. Tú eres un ser querido por quienes te rodean, pero eres tú el que no se acepta tal y como eres y quieres ser como los demás. Y ya lo eres, pues el amor te hace igual que las personas a las que amas: sufres y te alegras con ellos, vives su esperanzas y sus penas.
Y sí: eres un ser único. Pero lo somos todos corazón adentro. Únicamente necesitas aceptar que tu aspecto es diferente al de los de la mayoría de tu especie. Pero no del de todos: ya ves que yo tengo también una nariz roja y no voy por ahí alejándome de los que me quieren, sino que me acerco a quienes me necesitáis.
—Ya, pero tú… eres tan alto y tan elegante, la nariz te queda tan bien que…
Zänder, no admires en otros lo que está en ti y rechazas. Lo que hace de ti un ser especial no es tu hocico enrojecido, ni tu recién descubierta habilidad de vuelo… Es tu capacidad para ser amado por tus seres queridos. No pierdas tiempo buscando un refugio, cuando puedes pasar ese tiempo abrazando a tus padres o jugando con tus amigos. La vida puede parecer eterna, pero es tan frágil… El amor es una fortaleza. Tú lo sientes y lo concitas, refugiarte de quienes te quieren es huir de lo mejor de ti.
Zänder lo mira en silencio con sus ojos de color esmeralda muy brillantes, como si fuera a llorar.
—Ahora descansa, compañero. Sigue durmiendo. La vida es un sueño cuyo único dueño debe ser el amor compartido. Atrévete a ser tú y a ser tú mismo junto a quienes no te son indiferentes. La condición de diferente debe perfilar tu personalidad, no tu soledad.
Ahora te dejo. Si mañana quieres llegar a mi refugio, lleva esta runa a tu corazón. Si quieres volver a tu fortaleza, mira al cielo mientras estiras tu nariz.

Al despertarse, Zänder vio a su lado la runa. Se restregó los ojos y la piedra seguía allí. Se incorporó y, sin tiempo para desayunar ni asearse, miró al cielo y estiró su nariz. Calculó que si encontraba vientos favorables habría llegado a Dragolandia en cuatro días.


domingo, 2 de diciembre de 2018

Lo que sé de mí (02-XII-2018)


Hola:
Hoy tampoco publicaré una entrega del cuentacuento de Zänder. Mi pareja lleva pachucha toda la semana –un resfriado que, al igual que yo, no quiere despegarse de su lado–, con lo que mi imaginación no ha levantado el vuelo y está pegada a su piel.
Fotografía tomada hoy en Gijón, a las 9:45
En general este otoño ha sido poco productivo en lo blogueístico. Todos los planes que tenía para venir y enloquecer a vuestro lado tras la autopublicación de «La gata vio al asesino» se han visto menguados por la realidad –realidad que no ha sido ingrata, pero sí alterante–.
Llevo casi dos meses trabajando de teleoperador. Lo que de por sí conlleva una buena situación en lo económico, es también una actividad positiva en lo anímico: al trabajar en equipo conozco a personas, y con ello mi curiosidad se aviva. Pero, el trabajar frente a una pantalla cansa mi vista, aviva mi migraña y activa otros malestares –mi cuerpo está desgastado como si tuviera 180 años, y no soy un dragoncito como Zänder–.
Además, la vida no se detiene y yo fluyo con ella: con sus obligaciones, mis devociones y nuestros encuentros.
Aunque no bloguee aquí ni en vuestros espacios –os pido disculpas por esto último–, sigo ensoñando. Mi ánimo fabulador no se detiene.
La próxima entrega dragoncera será la que cierre este cuentacuento, al que seguirán otros ya en enero.
Durante el primer trimestre del año que viene, mi autoeditorial Librelena publicará la primera obra de autoría ajena. Proyecto ante el que estoy muy ilusionado. Ya os iré informando, pero sólo quiero agradecer la confianza que deposita en mí su autora: GRACIAS.

Confío en que os encontreis bien. Os deseo lo mejor.
Una vez más, os agradezco el estímulo de vuestra compañía.
Siempre libre, siempre vuestro:
Nino.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Zänder, el dragón acatarrado (IV)


La fuga de Zänder

Un día, hace unas tres semanas, Zänder oyó cómo dos dragones vetustos hablaban -al poco de haberlo visto pasar- de lo mucho que el jovencito es recordaba a Gondra, el dragón más molón de su generación. Como los dos dragoncetes ya eran abueletes hablaban entre sí en voz muy alta, por lo que Zänder pudo escuchar que el tal Gondra llevaba 81 años viviendo en la base derecha del arcoíris, en una colonia que había fundado para acoger a seres especiales cuyas sociedades los asociaban con asociales por estar disociados de los límites generales: marcianos azules en lugar de rojos, duendes sin barba, hadas sin vocecita acaramelada…

Enninamiento sobre imagen tomada de Internet little-dragon-clipart-baby-dragon-20

Zänder no sabía dónde podía encontrarse esa colonia y estaba seguro de que ningún adulto se lo diría. Pero, él necesitaba saber cómo aquel dragón diferente había llegado a ser el referente para los abueletes. Así que, luego de haberlo pensado mucho y haber rechazado siempre la idea de irse a buscar a Gondra; el notar de nuevo su sonrojo ante Sygrid le dio arrojo para irse más allá del arcoíris.
Sin despedirse de nadie, el muy locuelo levantó el vuelo. Sin otra intención que la de alejarse de su aflicción. Para su sorpresa se fue alejando más y más de la tierra y pronto dejó de oir las llamadas de sus amiguitos –y eso que los dragones tienen un oido tan fino que escuchan hasta el más leve trino–. Cuanto más batía sus alitas, menos abatido su sentía. Nunca antes había volado tan alto. Se sentía tan contento, tan liviano, que olvidó el peso de su tristeza y sonrió, en voz alta, con ese tono tan festejante que tienen los dragones cuando son felices cual perdices.

Zänder pensó en lo que le gustaría que lo pudieran ver sus papis y Sygrid. ¡Qué contentos se pondrían al ver que finalmente había superado su vértigo y podía dar trombos sin marearse y ascender sis austarse! Se planteó volver a Dragonlandia para contárselo y emprender juntos el vuelo. Pero estaba seguro de que sus papas le odenarían que pusiera sus patas en el suelo y dejase de hacerse el alegruelo: aún era un fragoncito y lo único que tenía que ahcer era ir a la escuela, no volar a toda suela. Y SygridSygrid… pensar en ella le hacía sentir mariposas en el estómago, quizá ésa era la razón por la que ahora volaba ahora tan alto: pensar en le daba alas a su ánimo.
Pero tenía que centrarse en encontrar en Gondra: ese dragón legendario podía ayudarlo a aceptarse a diario. Así que cruzó la línea del horizonte, allí saludó a un volador rinoceronte que charlaba con un alado bisonte. Ambos le dijeron que no conocían al tal Gondra, pero como ellos también estan cansados de que los suyos los discriminaran por ser diferentes, se ofrecieron a ayudarlo en su búsqueda de esa colnia acogedora situada en la base derecha del arociris.

Y ésta es la historia secreta de Zänder y de su fuga. No se la cuentes a nadie hasta que cumplas 180 años. Pero, sobre todo, hasta entonces: no margines a nadie por su condición diferente, amable leyente.

Pronto, muy pronto, más noticias sobre Zänder, Gondra y Sygrid.
Se feliz. Sé tu mismo. Sé fiel a tus raíces sin dejar que te enraícen. Vuela en sueños sin dueño.


Seguir leyendo

domingo, 11 de noviembre de 2018

Corría el 11 de noviembre de 1918


Hola:
Hoy se ha conmemorado en París el centenario de la firma del armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial.
Como probablemente ya sabéis, he publicado hace un mes una novela: «La gata vio al asesino». El citado conflicto bélico sirve de trasfondo ocasional a la trama de este melodrama minino, de ahí que me haya animado a compartir la parte final del segundo capítulo de mi novela.
Gracias por tu atención, amable leyente.

La Primera Guerra Mundial tratada en «La gata vio al asesino»

(…)
Corría el 11 de noviembre de 1918; y si bien en la intención de los generales aliados sólo estaba el aprovechar la debilidad del enemigo e invadir Alemania, los gobiernos de las potencias vencedoras decidieron poner una correa a sus perros de la guerra.
Los políticos en el poder se mostraban temerosos de que el actual descontento social se tradujera en una revolución similar a la orquestada por los bolcheviques en Rusia. Revuelta que ya había contado con ecos sofocados, tanto en Bélgica como en Portugal.


Una vez más, Raymond Tournier demostró atesorar esa suerte de mil demonios que sus compañeros de billar le envidiaban cada vez que lograba una carambola imposible gracias a un golpe diestro con su mano izquierda, “la mano del Diablo”.
El decreto de amnistía que acompañó al final de la guerra conllevó para él la expulsión con deshonor del ejército. Su acto de cobardía no llegó a ser juzgado en la región de Verdún durante el tiempo del conflicto, sino que la vista tuvo lugar una semana después de la declaración del armisticio. La causa del retraso en la celebración del juicio se debió a los días que los médicos especialistas necesitaron para desechar toda posibilidad de que el reo pudiera contagiar a cualquiera presente en la sala, como podría ocurrir en caso de que estuviera incubando un “tifus epidémico”.
Para cuando Raymond fue autorizado a ocupar el estrado frente a un tribunal militar, en las calles de Francia se sucedían las manifestaciones que solicitaban la desmovilización del ejército —cuyas tropas estaban sumamente desmoralizadas pese a la victoria bélica—, dado que los hombres eran necesarios en sus hogares y demandados en puestos de trabajo de cara a afrontar la reconstrucción nacional.

Casi un millón y medio de vidas de ciudadanos franceses se vieron truncadas durante un conflicto bélico resuelto en falso con una victoria marga. Gran parte del norte y este del país había sido devastado.
A pesar de lo reciente de su gloria militar, era tal el antimilitarismo que se respiraba en Francia, que incluso las cerriles autoridades castrenses comprendieron que la sociedad civil no toleraría que a sus conciudadanos, aún atrapados en las filas del ejército, se les administraran unas medidas represivas mucho más duras que las que se estaban aplicando a los combatientes enemigos capturados, los cuales estaban siendo liberados de los campos de detenidos y volvían a casa atravesando los caminos de Francia.
De ahí que la alta nomenclatura militar francesa se viera obligada a tragarse su bilis de venganza sobre la soldadesca díscola; y los procedimientos judiciales de carácter sumario fueron delimitados a los delitos de alta traición cometidos por la tropa en la primera línea del frente.



Para comprar mi novela, sólo necesitas pulsar sobre esta imagen.
GRACIAS.

https://www.amazon.es/gata-vio-al-asesino/dp/1723867829