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Mis mejores deseos para ti y los tuyos, amable leyente, ahora y siempre

martes, 26 de julio de 2022

Catorce años venyenloquecedores


 

LOS SECRETOS - Pero A Tu Lado (Video clip)

Warner Music Spain. © 2008 WMG

 

Hola, amable leyente:

Confío en que estés bien. Gracias por tu compañía.

Tengo que admitir que los palos del desprecio y las piedras del desdén llegan a dislocar huesos de mi armazón anímico; pero las palabras afables siempre alivian cualquier daño y me alejan de la condición de huraño.

Te agradezco el que leas lo que comparto y el que lo comentes, amablemente, con palabras dirigidas a mí: por favor respeta las opiniones ajenas. Quien te escribe soy yo; y sobre mis escritos puedes opinar lo que éstos despierten en ti. Pero las palabras de otros son impolutas para mí y no tolero que las mancillen esputos de insidia.

Por suerte, son pocas las veces en las que he recibido visitas groseras desde que abrí este blog el domingo 20 de julio de 2008. Catorce años desde entonces, con sus ganancias y sus mermas. Cada día estoy más viejo, con cada latido me siento más pellejo… y aún así me sonrojo ante el manojo de aprecios que me regaláis quienes venís bienintencionados a este blog.

Gracias, amable leyente. Gracias a ti y a todos los que me habéis hecho o me hacéis un hueco a vuestro lado. Aunque ya no estéis en mi vida; o aún no hayáis llegado a ella cuando escribo esta entrada para el blog.

Podemos estar desarbolados de toda gracia, pero nunca arriados en la desgracia. No podemos dejar que los océanos de miserables que nos salpican con sus aguas negras nos hagan sentir míseros. Valemos mucho más que eso. Tú no eres más ni menos que nadie, simplemente eres tu todo. Quiérete y, a tu manera, cuídate. Empieza por alejarte de las malas compañías. Gracias por unirte con buen ánimo a nuestra compaña.

Tal y como escribía entonces lo subscribo ahora en este julio de 2022 en el que nuestro blog ha cumplido catorce años. Catorce años después ya no persigo sueños rotos. Los coso con el hilo de tu compañía. Y los firmo con mi nombre de pila, no apilado bajo un anónimo: mi nombre es Nino Ortea.

¡Gracias por venir y enloquecer, amable leyente! Gracias por ayudarme siempre, espero haberte ayudado alguna vez.

 

Nino Ortea. Gijón. España. 26/ VII/ 2022.

miércoles, 20 de julio de 2022

No tuve una granja en África, pero sí un sueño

 

Out of Africa original score by John Barry - Track 01. Main Title (I Had a Farm in Africa)

Hola, amable leyente:

La que sigue es una serialización en cinco entregas de un capítulo del primer libro que autoedité en Amazon: «Sara y El Robasueños».

Ideé este libro como la primera entrega de las aventuras de un personaje “Calinka”, aventuras pensadas para ser publicadas en formato de libro ilustrado. Por desgracia, para cuando «Sara y El Robasueños» estaba finalizado también se había apagado el lustre del proyecto. Por lo que lo autoedité en solitario y di por acabadas, de manera abrupta, las narraciones de “Calinka”.

Y así fue y será: “Calinka” no vivirá nuevas aventuras de mi autoría. Pero…

…Me apetece comprobar si aún sé cómo maquetar un libro para su autoedición y me fastidia no haber acabado una historia que me ilusionó tanto idear, escribir y autoeditar. Así que he retomado la lectura y corrección del texto original, para sopesar si puedo/sé continuarlo. De ver viable su desarrollo, haré los cambios pertinentes en el texto: éste no aparecerá ilustrado y su trama central tendrá un final.

Bueno, mientras sigo sopesando la viabilidad del proyecto he decidido compartir el que fue su capítulo XVIII, de cara a intentar animarme a reiniciar el viaje creativo. El capítulo aparece sin otras correcciones que las de mis faltas y despistes. Confío en que su lectura te entretenga.

Gracias por tu tiempo de lectura, amable leyente.

Nino Ortea. Gijón. 2022.

Empezar a leer


viernes, 8 de julio de 2022

Sara y el Robasueños. Cap. XVIII (1 de 5)

Helena ha logrado ganarse la confianza del chamán de los Tinshalas, tribu en cuyo poblado establecen habitualmente su campamento base en sus periódicas visitas a El Congo.

Una tarde en la que Jack colaboraba con los lugareños en la construcción de un puente, el hechicero se acerca a ella. Normalmente Kalu, así se llama el brujo, le pregunta por detalles del mundo exterior. Siente gran interés por lo que pasa fuera de los bosques que han protegido a su tribu durante generaciones, ya que es consciente de que esa selva que los guarda también los aísla de los progresos alcanzados por otros pueblos. Además, los Tinshalas no sienten excesivo recelo hacia los europeos, dado que la dominación belga del país no tuvo ningún efecto en la comarca.

Todo intento de imposición colonial se redujo a la presencia de unos misioneros, que habían llegado medio perdidos al valle y ya nunca quisieron abandonarlo. Kalu aprendió francés de los religiosos. Al principio, su motivación para el estudio había sido estratégica. Si entendía su idioma, podría saber por sus conversaciones si tramaban guiar a su gran tribu blanca en una invasión de la zona. Luego continuó su perfeccionamiento del idioma llevado por el placer que le producía la compañía de los monjes y por curiosidad, despertada por las historias narradas en los pocos libros y revistas que los predicadores habían traído con ellos. Publicaciones que aún conserva y relee.

Su curiosidad continúa muy viva a sus casi 100 años, lo que hace que el hechicero asedie a preguntas a los escasos occidentales que llegan al poblado. Más allá de los trabajadores de Industrias Karloff, tan sólo algunos safaris se adentran en la zona, considerada un reducto salvaje incluso por otras tribus –ya que a la corporación industrial le interesa propagar las leyendas que se asocian a la zona con ritos crueles, como modo de mantener alejados de sus intereses a otros explotadores coorporativos–.

 

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jueves, 7 de julio de 2022

Sara y el Robasueños. Cap. XVIII (2 de 5)

Aquella tarde, Helena no está de ánimo para conversar. Se limita a regalarle a Kalu la última de las revistas que le habían enviado junto con los suministros. Hasta dentro de un par de semanas no recibirán más provisiones, por lo que aconseja al anciano que lea el semanario lo más detenidamente que pueda.

Kalu le agradece en silencio el obsequio. Sin mediar palabra, se sienta junto a ella y abre cuidadosamente la publicación, pasa las hojas con el mismo cuidado con el que un niño desliza un dedo sobre un pastel de crema, esperando no dejar ningún rastro delator de su acto. Se centra en observar fotografías, ya que su cultura sostiene que al retratar a alguien, su espíritu queda atrapado en la imagen.

Posa con cuidado la revista y se dispone a levantarse.

–Esta noche he tenido la misma pesadilla con mi hija. Sé que la amenaza algún peligro –Helena le habla sin mirarlo, para luego dirigirle una expresión que exterioriza su preocupación.

Añade que está a la espera de que el cese de las interferencias provocadas por la radiación solar le permita establecer contacto por radio con las oficinas de Industrias Karloff en Thula, para así poder saber si su hija se encuentra bien. Habitualmente habla con optimismo al anciano sobre sus hijos. Suele comentarle que no sólo le gustaría tenerlos junto a ella, también está segura de que allí podrían aprender muchas cosas de la sencillez con la que viven los tinshalas. Nico es decidido y generoso, como su padre, por lo que a los pocos días sería un niño más de la tribu; y Calinka desborda una sensibilidad que se avivaría con los colores y aromas que impregnan la zona.

Hasta esa tarde, nunca le había confiado al anciano ninguna preocupación por sus hijos. Kalu mantiene su silencio tras escucharla. Pasados un par de minutos, se levanta, le dice que luego hablará con ella y se va.

 

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miércoles, 6 de julio de 2022

Sara y el Robasueños. Cap. XVIII (3 de 5)

Horas después, Helena ya ha contactado con Thula. Su cara no muestra tensión. Los niños se encuentran bien. Aunque Calinka está cansada, le sigue costando dormir. Ahora, sólo le queda esperar por el regreso de Jack y confiar en que las cosas se mantengan como están. En un mes finaliza la expedición. En un mes y dos días estarán al lado de sus hijos y no volverán a separarse de ellos.

La llegada del hechicero la aleja de sus pensamientos. Cuando va a disculparse por su comportamiento anterior, el anciano le sonríe y la invita en su lengua nativa a acompañarlo a su choza.

Al entrar en la cabaña, el brujo le indica que se siente en un taburete al lado de su camastro. Helena había estado varias veces allí, pero nunca sola. Se siente ligeramente insegura, pues desconoce las razones por las que Kalu la ha invitado a su hogar. Por un momento, teme que le dé malas noticias sobre Jack, quién aún no ha regresado al poblado. Después de ofrecerle un cuenco con leche de cabra, el anciano deja la habitación. Vuelve inmediatamente y le da dos objetos: un colgante y una bolsa de piel llena de cenizas.

Helena agradece los regalos. El hechicero le indica que son algo más que objetos: son talismanes poderosos. Pide permiso a la mujer para tumbarse en su camastro. Le revela que está muy enfermo y necesita descansar. Teme que su muerte marcará también el final de la paz en su tribu. Los tambores que resuenan en la noche, hablan de que se están produciendo combates por todo el país. Kalu está seguro de que Industrias Karloff apoya económicamente esa revolución a cambio de futuros privilegios comerciales.

Tras preguntar a Helena sobre el origen y síntomas del malestar que sufre Calinka, el brujo empuña el colgante. Le atribuye propiedades mágicas. Es un protector de sueños que garantiza el descanso a quien lo lleva. Helena conoce la importancia que las tribus de la zona le dan al mundo de los sueños y sabe de la existencia de esos protectores, así que no se muestra muy sorprendida. Le preocupaban más las revelaciones del hechicero sobre la revuelta que asola el país y la implicación en ella de Industrias Karloff.

El espiritista le indica que acerque su taburete. Pese a que están conversando en francés, parece temer que alguien pueda estar escuchándolos.

 

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martes, 5 de julio de 2022

Sara y el Robasueños. Cap. XVIII (4 de 5)

Ahora hace balancear el colgante en su mano, le afirma que también es un “zori”, o localizador del mundo espiritual. Está hecho de madera de teca, lo que vincula la energía vital del portador con la telúrica de nuestro planeta. Eso hace que quien lo lleve colgado pueda contactar con otra persona en la distancia. Para ello, el “nakatu” –espíritu que camina– debe tener cerca un objeto que represente a la persona a cuyo encuentro manda su proyección astral.

El receptor no necesita hacer nada especial, basta con que esté dormido y con la mente alejada de sentimientos negativos. Las personas de espíritus puros, como los niños, son más proclives a mantener este contacto con los nakatus, pero también son víctimas fáciles de los “bintas”, espíritus que se alimentan de emociones ajenas y se convierten en señores de sus sueños. Kalu cree que Calinka está siendo acechada por un binta; por eso urge a Helena a que le envíe cuanto antes el colgante que le acaba de dar.

La mujer mira fijamente al anciano. Le explica que, pese a su formación científica, cree en la existencia de nakatus y bintas. Ha visto suficientes prodigios en África, que el hombre blanco tacha de supercherías, como para saber que lo sobrenatural forma parte de la naturaleza humana. Le mandará el colgante a su hija en el próximo correo que pasarán a recoger dentro de dos días, sin esperar a dárselo en persona.

Kalu asiente con satisfacción. Le explica que, al dormir, nuestra mente se libera de muchos vínculos con el mundo físico, “kunta”, y entra en contacto con el plano espiritual, “kinte”.

Los sueños premonitorios, aquellos en los que despertamos con la sensación de que algo malo va a pasar, o los resolutivos, tras los que encontramos respuestas a nuestras inquietudes, tienen una explicación sencilla para los tinshalas. Nuestro espíritu ha entrado en contacto con las fuerzas de la vida y el conocimiento que recorren la Tierra.

 

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Sobre la escritora Flor

 


Hola a todos:

Mi amiga Flor ha vuelto a dedicarme un relato en su blog El baúl de mis libros y juguetes.

Si en el primer caso el muso para su relato floreciente fue mi personaje “Minino Gatea” –el cual creé para promocionar mi novela gatuna «La gata vio al asesino»–, ahora Flor ha escrito un gran relato partiendo de uno de mis mantras literarios: “mi corazón de lata no me delata”. Esta metareferencia al personaje de Lyman Frank Baum y al relato de Edgar Allan Poe se convierte en excelencia al ser ficcionada por Flor.

Mientras escribo este texto, amable leyente, estoy intentando despojarme de las emociones que siento como escritor agasajado por Flor y plasmar las que siento como lector suyo. Lector que no es un delator “hombre de hojalata”, sino un hombre con un corazón lector muy latido.

Si algo sé hacer es leer. También soy bueno escuchando. La mayor parte de mis ingresos laborales han estado vinculados con prestar atención a lo que otros dicen o escriben; y con enseñar a decir o escribir según normas académicas o de uso reglado. Incluso se me ha pagado por valorar lo que otros escribían, dibujaban o filmaban.

Sirva este canto a mi mismo, con tanto “me” y “mi”, como preámbulo a una afirmación que temo que sorprenderá a Flor, dada la inseguridad que comparte en su blog respecto a la valía de sus textos: considero a Flor una escritora pura. Tiene una gran necesidad expresiva y una clara vocación comunicativa. Su imaginación es desbordante. Todos estos rasgos los aplica a la creatividad literaria en su blog, en un proceso constante de mejorar y depurar el aspecto formal de sus textos. Lagunas formales que la preocupan, pero no han logrado ahogar su voz literaria. Esas carencias formales que Flor tanto lamenta se subsanan. Los aspectos técnicos –los recursos literarios– se aprenden. Los fallos y despistes ortográficos se subsanan. Las limitaciones sintácticas pueden llegar a conformar un estilo literario.

Flor tiene aquello de lo que otros con ínfulas literarias carecemos: trata sus creaciones con cariño y aborda sus tramas con sencillez.

 

Este texto no tendrá activada la opción de comentarios. Te invito a que la leas y comentes, amable leyente, a la escritora Flor en su blog El baúl de mis libros y juguetes.

Gracias.

Nino Ortea. Gijón. 2022.


domingo, 3 de julio de 2022

Sara y el Robasueños. Cap. XVIII (5 de 5)

Calinka posa el relato de Helena, se incorpora y se dirige a la cocina a por un tentempié. Recuerda la mañana en que llegó la caja con el colgante y una nota de mamá en la que le ordenaba no quitárselo hasta que ellos volvieran de El Congo. Recuerda el alivio de Nico al ver que a él le enviaban algo tan guay como una flecha, y no una chiquillada como un collar. Se atraganta al recordar que horas después llamaron a casa; y la abuela les contó, desolada, que papá y mamá habían desaparecido.

De vuelta al sillón, Calinka come con una mano de una ensalada de pollo y con la otra sostiene el papel escrito por su madre, cuya relectura continúa.

Kalu sigue hablando. Informa a Helena de que la ingesta de ciertas hierbas potencia el poder mental de los nakatus. Y que la pureza de pensamiento al acostarse aumenta la capacidad de asimilar conceptos transmitidos por las fuerzas vitales.

De ahí que los niños tengan sueños tan vivos y aprendan tan pronto, ya que pasan muchas horas soñando y carecen de los prejuicios de los adultos. Por eso hay que cuidar el sueño de los niños, dado que su energía es preciosa para los bintas.

Helena le pregunta si un binta puede pasar del plano espiritual al material. El brujo la mira con ternura y asiente en silencio. Le explica que existe la posibilidad de proyectar un espíritu que actúe sobre la materia. Por eso al despertarnos encontramos por casualidad, en un sitio donde ya lo habíamos buscado, algo que necesitamos. O, por el contrario, hay objetos que desaparecen inexplicablemente, como si se hubieran escondido.

Las cenizas que contiene la bolsa de piel que le ha dado, sirven para bloquear el acceso de un binta a nuestro hogar, si las vertemos junto a la puerta de entrada y ventanas. En caso de que lo tengamos cerca, si se las echamos encima cuando está en trance, su kinte no podrá volver a su kunta.

Para que un espíritu alcance control sobre la materia, es necesario que tenga cerca un resorte que aumente su flujo de energía. Si busca proyectarla a una distancia corta, le sirve un bastón. Pero si necesita emitirla lejos, precisa un resorte más complicado. En el caso de Kalu, la cabaña donde se encuentran, construida con madera de ébano, es su herramienta para contactar en sus sueños con otros chamanes.

Una vez dicho esto, el brujo se incorpora. Lamenta tener que pedirle que se vaya, pero se encuentra indispuesto.

A la mañana siguiente, Kalu no está en su cabaña cuando, alarmados por su tardanza, sus discípulos van a buscarlo. Nadie encuentra explicación a su desaparición. Helena concluye el escrito reflejando su deseo de que el nakatu del anciano siga protegiendo a su pueblo.

Al acabar esta nueva lectura del texto, Calinka permanece sentada por unos minutos. Tiene los ojos cerrados y se acaricia la punta de la nariz. De repente recuerda que, entre los objetos personales de sus padres que les enviaron desde El Congo, está una bolsa de piel que mamá indicaba que no tocaran hasta su regreso. Con paso decidido se dirige a la buhardilla. Minutos después, regresa al salón con un saco lleno de cenizas. Aún de pie comprueba la hora: son las cuatro y cinco. Ya falta menos para su enfrentamiento con Karloff.

 

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