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Mis mejores deseos para ti y los tuyos, amable leyente, ahora y siempre

miércoles, 10 de abril de 2024

Abracemos toda esperanza

Tras tanto mareo provocado, llega el momento avocado de bailar abrazados.

Sin entrar en muchos detalles —que luego me desoriento y convierto mis reflexiones en laberintos— debo reconocer que mi más preciada creación, lo más cercano que nunca he tenido a un hijo, es mi personaje de Nino Ortea.

Cual Gepetto, me gusta tallar figuras con mis palabras e insuflarles vida con mis ilusiones. A falta de madera —que aunque haya sido un pirata malo, no tengo ninguna pata de palo— me baso en experiencias ajenas y propias para repujar escenarios ficticios recubiertos del barniz de la realidad. Un poco de esto, un algo de eso, sombra aquí, sombra allá, unos polvos mágicos y, en lugar de un conejo, saco un personaje de mi chistera.

En el caso del asombrosamente menguante Nino Ortea, su nombre es resultado de la nada original conjunción de mote por el que me llamaba mi madre –ni cuando me reñía me llamaba por mi patronímico– con mi apellido paterno. La idiosincrasia de mi heterónimo, su vita operandi y su modus vivendi son un mero juego de espejos y humo, articulado sobre las fallidas percepciones de quienes creen conocerme bien, y como mucho me prejuzgan por mis apariencias o sus carencias. Habitualmente es él quien viene al rescate de mi persona en desiertos de misantropía. Ocasionalmente, soy yo quien acudo al rescate del personaje en naufragios en tierras extrañas al afecto.

Gustaf Adolf Tenggren - Pinocchio & Geppetto

Del King Kong virulento con que me animalizan quienes me violentan, al Peter Pan irredento con el que fantasean las Wendys que me niegan. Del pendón irredento –enamorador de damas de alta cuna– al romántico irredento –enamorado de lozanas de cama accesible–, hay una diferencia basada en que el latido de quien me atienda de corazón lo haga al compás de una sístole o al destiempo de una diástole.

Pinocho es el mismo, lo que varía es la percepción ajena. En ti, afable leyente, está ese toque vital –como el de un hada azulada– que le confiere su vida anhelada.

Lo que debe pasar, pasa. Y un día, ya no estamos

Cuidado al reproducir este clip, contiene la escena final de «Pinocho» Guillermo del Toro (2022)–.

¡Gracias por venir y enloquecer!

Nino. Gijón. 10-IV-2024.


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