A mis 61 años me siento caducado.
Quizá más que de vejez, lo mío sea un problema de envejecimiento; de que
me siento obsoleto y paleto en este mundo donde lo mundanal es el ruido con el
que los medios deforman el mensaje. No me entero de nada y desconfío de todo:
donde no rezuma fango, mana lodo.
Imagen tomada de Internet.
La única manera que encuentro de dar forma al barro de mis ideas es
desinformarme.
