Recorte de la historia “Cider in Asturias” © Eddie Campbell

viernes, 18 de enero de 2019

Locura virtual




Hay veces en las que no vemos cercana una posibilidad de escape de una realidad macilenta.
Ocasiones en las que resulta difícil mantener la confianza. Y más cuando en nuestro entorno personal el triunfo vital se asocia a rendirse ante las imposiciones sociales. Imposiciones que reducen el aliciente de vivir a sobrellevar una existencia ridícula. Existencia azuzada por autoimposiciones como la de anhelar en que algún día substituirás tu ocultable teléfono actual por un exhibible iPhone.
A los cuerdos de apatía social les faltan ganas de conocerse y descubrir a los demás. A estos acordados con el tedio impuesto, les sobra tiempo para descuidar a los discordes, para hacernos de menos o intentar inocularnos sus miedos.
—¿Qué vejez te espera de seguir así, Nino? Ya va siendo hora de que sientes la cabeza.
—Yo me tengo que levantar todos los días para ir a trabajar, no como tú, vividor.

Muchas veces llevo oído que soy un hombre sin ambiciones, pues no deseo un trabajo estable ni una vida acomodada. Tantas como las veces que llevo afrontando sus desmerecimientos por mi carecer de su nivel de su consumo económico.
—“Tanto tienes, tanto vales”.
—“Chi non lavora non fa l'amore”.
Se equivocan si creen que los escucho. Se equivocan al prejuzgarme desde su adocenamiento. Mi vida no es acomodada, pero si confortable; y tengo una gran ambición, la de ser feliz. Valgo lo que importan mis actos. Y no necesito hacer amor, ya existe y simplemente lo comparto.
Para vivir tenemos que sobrevivir a los caprichos del destino que nos maneja cual marionetas. Eso es cuestión de suerte vital. Pero también necesitamos determinación para atrevernos a ser quienes sentimos que somos y no lo que se espera que seamos. Eso es cuestión de rebeldía social.

Hay momentos, amable leyente, en los que no vemos posibilidad de escape de las arenas movedizas de la Realidad. Pero eso no quiere decir que no haya gente aquí fuera, en el éter de Internet, dispuesta a tendernos su brazo para liberarnos de la apatía que nos irrealiza.

Una vez más, gracias a todos los que confiáis en mí como escritor. Y, ante todo, gracias a quienes me aprecias como persona: primero soy Nino; luego, Nino Ortea.
El ánimo es algo que se puede compartir. Seguro que al alcance de tu voz tienes a alguien víctima del desasosiego.
Ayúdalo.
Con el tiempo, sólo recordará a quienes lo ayudaron y se habrá olvidado de los imperdonables que intentaron arrinconarlo mientras lo señalaban y le gritaban:
—¡Vete y delira!

Con el tiempo, esa persona reconfortada –a la que por su vivir diferente denostaban como “ido”– al encontrarse a un igual le dirá:
Ven y enloquece.
Tu sito está a nuestro lado, en un callejón creativo donde liebres y tortugas correteamos a nuestro ritmo. No te sientas un desheredado en las avenidas del pavoneo, date el lujo de ser tú mismo en la travesía que va de la Realidad al Deseo.


Quiero dedicarle este texto a Flor. Gracias compañera por todo el afecto que me dedicas. Gracias por pasarte a mi lado y avivar un fiestón en cada callejón.
¡Salud y suerte, Flor! ¡Ojala tus deseos confluyan en realidades!