Al igual que al caricaturesco
Homer Simpson, mi falta de cerebro me ha desdibujado en innumerables ocasiones
de acabar en plato ajeno (celebro ser un “descerebrado” cuando el gusto de
quienes me rechazan es el de unos sosos vegetarianos de vida desaborida)
Tengo claro que no
provengo de la estirpe “cromañona”: es un adjetivo vulgar, muy poco mono y
demasiado humano. “Neanderthal” es otro retal: suena a tela de la que se hacen
los sueños. Soy un “gijonensis soñadoris
universalis”, de los que sólo evolucionamos cuando revolucionan nuestro
corazón.
