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domingo, 4 de noviembre de 2018

Zänder, el dragón acatarrado (III)


Hola, amables venyenloquecidos.
¿Cómo estáis, atentas venyenloquecidas?
Confío en que ésta no haya sido una mala semana para vosotros. Yo he estado un poco “trostélido” –quizá por la llegada del tiempo gélido–, pero el calor de vuestra compañía siempre me reconforta.
Gracias sinceras y sentidas por venir y enloquecer, amables leyentes.

Pero bueno, no estamos aquí para hablar sobre mi “trostelidad” recurrente, ¿verdad?. Nos hemos reunido para conversar sobre nuestro dragoncito favorito: Zänder. Hoy os contaré el origen de su nariz enrojecida. Pero debéis mantener en secreto lo que os diga, al menos hasta que cumpláis 180 años –para lo que deben de faltar bastantes lustros, ¿verdad ilustres leyentes?–.
Bueno: acercaros, por favor, y dejad que os cuente en voz baja el secreto mejor guardado de toda Dragonlandia.


Cuentan las leyendas que cada mil años nace un dragón acatarrado o una dragona friolera. Y mira tú por donde, año arriba-año abajo, a Zänder le ha tocado ser el milenarista resfriado. El único de su especie que siente con tanta intensidad las corrientes de aire –lo que hará de él el mejor dragón piloto desde tiempo remoto– que se pone acatarrado con sólo estar destapado. Es levantare de la cama y llenársele la nariz de agüita.
Como quizá le ocurre también a tu hermanita, amigo lectorcito, de la que te burlas por su rinitis alérgica. O como le pasa a tu compi de pupitre, del que te pasma que sufra de asma. No te burles de ellos. Son especiales. Tienen una sensibilidad maravillosa para sentir lo microscópico y percibir lo invisible. Como lo son los ácaros o las corrientes. Así quer no seas vulgar. Aprende de ellos y de su capacidad para vivir con naturalidad cotidiana aquello que a ti te manda ocasionalmente a la cama –que cuando a ti, amiguito, se te pone la nariz rojita bien que tus papis te dejan quedarte en casita, ¿verdad?–.

Desde pequeño, Zänder ha sido amado por sus papis y querido por sus compis. De hecho, toda la república de Dragonlandia recibió con emoción su nacimiento. Pues consideran una bendición el haber sido distinguidos con el contar con un dragón estornudante. Cuando sea adulto, los guiará en expediciones que ahora les parecen inimaginables. Gracias a él descubrirán nuevas rutas en viajes comerciales que ahora les resultan arduos, o llegarán hasta el infinito y más allá. Pero…
La tradición, esa traición a la innovación, establece que el dragón afortunado no debe tener presente su condición de futuro benefactor de su pueblo hasta que alcance la mayoría de edad –que en el caso de los dragones, especie longeva ella– se alcanza a los 180 años.
¡¿Te imaginas, amable leyente, tener que ir al cole con 100 años o que tus papis te obliguen  a comer lentejas hasta que no dejas atrás las 179 primaveras?! ¡PUFF! Hay días, semanas y hasta décadas en las que me alegro de no ser un dragón volador, sino un humano soñador. Sinceramente: prefiero mi vida breve cual tono arpegio, a su laaaarrrrgooo desvivirse en el colegio.

Pues bien: Zänder aún es un dragoncito pequeñito. ¡Sólo tiene 81 años y apenas mide 5 metros¡ De hecho aún no proyecta llamaradas, sólo unas chispitas con las que no logra siquiera calentarse la nariz.
Zänder ha crecido sin saber de su condición de elegido, y lamentando su situación de diferente. Y mira que cada mañana su mamá está a punto de desvelarle su secreto, al verlo marchar cabizbajo al cole. Y mira que cada atardecer su papá está a punto de revelarle su desvelo cuando lo ve llegar triste del cole. Como no le pueden hablar de su futuro espacial, le mencionan su presente especial. Pero Zänder no quiere ser diferente, quiere ser igual que cualquiera que se le pone en frente.

Si no surgen inprevistos o brotan “tardeoidos”, el próximo domingo os contaré más cosas sobre Zänder.
Os dejo con vuestra imaginación ensoñando, amables leyentes.




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23 comentarios:

  1. Ay Nino... me ha encantado este cuento, qué ternura en la narración y qué mensaje más claro a través de tus palabras. Te felicito, compañero por este cálido cuento.

    Mil besitos que te abracen y muy feliz semana.

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    1. Buenas tardes, encantadora Auroratris:
      Gracias. Ese mensaje es mi lucha constante: hay que aceptar al diferente y al débil. Por suerte, siempre he tenido un carácter firme (gracias al amor con el que crecí, imagino). Y mi lenguaje corporal hace que los abusones se lo pensaran mucho antes de abusarme. Pero me afecta el que esos bravucones se sientan fuertes abusando del débil. Siempre acabo saltando contra ellos.
      Un abrazo, compañera.

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  2. A mi me afecta bastante el cambio, todavía no me he integrado en el otoño... Me cuesta mucho esta estación.

    Me da pena del dragoncito y su catarro. Lo cuentas de una manera muy tierna.

    Uno se siente mal al verse diferente hasta que comprende que eso no es malo, que incluso puede ser bastante bueno. En el caso del dragón, al pobre aún le queda un tiempo para poder averiguarlo...

    Me encanta este dragón acatarrado y la dragona friolera tiene que ser lindísima también.

    Muchos besos, Nino.

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    1. Buenas tardes, Carmen:
      El otoño es una estación que nos gusta a muy pocos (como sabes, no soy muy veraniego). La vuelta a la rutina diaria, la perdida de luz solar, las alergias… sois muchas las personas que tardáis en integraros en este tiempo.

      Zänder es un luchador, como lo somos tú y yo. Ahora está en guerra con su destino, no le preocupa su futuro, sino su presente. Creo que encontrará una manera de dejar de sentirse abatido por su condición de diferente. Imagino que lo sabremos pronto (calculo acabar el cuentacuento en dos entregas más).
      Sygrid es muy muy guapa, como lo sois todos los seres vivos que tenéis un corazón hermoso, Carmen.
      Un gran abrazo, compañera.

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    2. Sí, y aparte de que no me gusta, he cogido un buen catarro... :)

      Con seguridad que sí encontrará la manera, me encantan los dos dragoncitos. Hay mucha ternura en tu cuento.

      Muchas gracias por tus palabras

      Un beso grande, Nino.

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    3. Buenas tardes, Carmen:
      Confío en que te estés recuperando de ese catarro. Como te puedes imaginar, aquí en Gijón con el frío y la humedad hay muchas personas que se pasan resfriadas de octubre a marzo. Por suerte no me resfrío con facilidad; pero vivo en un barrio muy húmedo y eso hace que me mantenga siempre bordeando el catarro.
      Esa ternura que encuentras la cuentas tú con tus sentimientos.
      Muy feliz tarde, Carmen.
      Un abrazo cálido.

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    4. Ya estoy bien, menos mal que me duró poco, aunque tuve fiebre y demás.

      La humedad no es muy buena, o sea que cuídate :)

      Muchas gracias por tus palabras.

      Un beso grande.

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    5. Hola, Carmen:
      Me alegra tu recuperación. Sí, estos primeros rigores otoñales son peligrosos, ya que arrastramos la posibilidad de pasar resfriados casi hasta el fin del invierno.
      Aunque soy un apasionado del clima norteño, sé que la humedad me quita calidad de vida. Quizá llegado el momento pase mis últimos años de vida en el sur, en Málaga, aunque me gustaría morir aquí donde siempre me he sentido vivo. Confío en que falten años para tomar esa decisión.
      Disculpa el tono crepuscular de mi comentario. El sábado murió una de las mujeres a las que más amé y estoy abatido.
      Un abrazo cálido, Carmen.

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    6. Siento mucho lo que dices... Sé que no hay consuelo; pero las personas no mueren cuando las llevamos en el corazón.

      Málaga... Allí viví muchos años, adoro Málaga y siempre que puedo, voy.

      Un beso grande y cuidate.

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    7. Buenas tardes, Carmen:
      Gracias por tus palabras.
      Pienso como tú, que la inmortalidad está en pervivir en el recuerdo de otros. Pero, obviamente, la muerte física es siempre un hecho doloroso.
      Sí, Málaga es mi segunda provincia favorita de España. Quizá sea el lugar donde pase a vivir si mi salud empeora.
      Feliz tarde, Carmen.

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    8. Sí, siempre es muy doloroso la falta de un ser querido... Y las palabras no sirven de consuelo.

      Yo adoro Málaga.

      Muchos besos.

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  3. Hola Nino , lo primero decirte que mi receta se hace sin olla express , la cazuela es tipo paellera por lo demás no sabía que tuvieses un padre que le gustase cocinar , eso esta muy bien eres muy afortunado.
    En cuanto a tu entrada , del Dragoncito Zänder es muy especial por lo que cuentas , y deseo de todo corazón que todo le vaya de fabula , ¿ Volverá a ver a su amiga Dragoncita ? , te deseo una feliz semana amigo mio , besos de flor.
    pd , Ahhh antes de que se me olvide , te doy las gracias por prestarme la foto de Minino , yo te pregunto ¿veo que el dibujo es como un ilustración pintada con pinceles , y va firmada por " Darling Lola" la pintaron para ti o fue un encargo que tu hiciste ? cuando tenga la idea , vendré y te avisare de que mi entrada con Minino ya esta lista vale , hasta entonces toca esperar.

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    1. Muy buenas, Flor:
      Sí, mi padre cocina bien. Es una suerte el que a mis 53 años aún tenga un padre que cocina para mí. Mañana comeré con él, lo veré luego para ir a hacer la compra juntos.
      Tu receta la prepararé yo este jueves, y más seguro después de saber que no es necesaria la olla a presión. Ya te cuento.

      La historia de Zänder tendrá un final feliz (es todo lo que te puedo anticipar).
      La imagen de Minino la tomé de Internet (la personalicé un poco simplemente). Gracias por avisarme sobre esa futura entrada, tengo mucha curiosidad respecto a lo que nos regalará tu creatividad inquieta.

      Un gran abrazo, Flor.

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  4. Aplaudo tu defensa de los niños que sufren alergias o asma, como profesora sé que algunos de sus compañeros los ridiculizan y ellos lo asumen como lógico.
    Besos!!

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    1. Buenas tardes, Ángela:
      Como le he comentado a Auroratris, mi alegato es más bien una autodefensa: yo soy uno de ellos: siempre he sido diferente y ahora empiezo a ser débil.
      Sí, el colegio fue para mí todo un aprendizaje de esquivar a miserables.
      Feliz tarde, Ángela.

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  5. Caro Nino io mi complimento sempre per le tue storie perchè sei molto bravo a scriverle e farle "arrivare" a chi come noi le legge. Era un pò che non passavo qui, spero che la scrittura dei tuoi libri proceda bene, un abbraccio.

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    1. Buenas tardes, cara Angeloblu:
      Confío en que tu silencio creativo no sea eco de una mala época en lo personal. Leerte es siempre un estímulo, compañera.
      Sí, el libro marcha muy bien. Muchas gracias.
      Un gran abrazo, Angeloblu.

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  6. Te siento feliz
    te leo y leo los comentarios
    hay paz alrededor de tu rincón
    gracias por siempre estar

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    1. Buenas tardes, Mucha:
      Siempre tienes palabras animosas en lo personal y de aprecio en lo creativo.
      No sabes cuánto te lo agradezco, compañera. Gracias a ti, ante todo.
      Te deseo lo mejor.

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  7. Hola Nino, ese dragoncito con apenas 81 pirulos y 5 metros ya está haciendo de las suyas con su nariz enrojecida y sus tempranas cuestiones existenciales. Me quedé con ganas de saber más de su asmático compi de pupitre. ¿será dragón? ¿qué será exactamente?

    Abrazo grande camarada!
    Y si lo ves a Zänder pasar volando por allá, les dejas también saludos de mi parte

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    1. Hola, Frodo:
      Sí, Zänder es un dragón molón (a mi me mola escribirlo y me requetemola que os guste leerlo).
      Esta semana no habrá cuentacuento. Ando un poco tocado de salud, así que voy a publicar un fragmento de mi novela.
      Un abrazo rocanroleante, Frodo.

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  8. Estás inspirado en ternuras y te has hecho un encantador contador ce cuentos, je. Me gusta mucho tus "salidas". Ir al cole con 100 años... interesante. Ese juego de intenciones con el dragoncito es un lujo...
    Une bonne journée mon ami!

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    1. Buenas tardes, Clarisa:
      Gracias por la gracia de tus palabras agraciadas, compañera.

      Créeme que cada día en el colegio devenía en una eternidad, encerrado en aulas donde se ponía en jaulas a la inteligencia. Un curso escolar me convertía en centenario en sueños. En mi necesidad de alejarme de la “trostelidad” escolar nació mi actitud escapista ante lo amargo y ensoñadora con lo dulce,
      Dulce tarde, Clarisa.

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Gracias por venir y enloquecer, amable leyente.