Cada vez tengo más claro que esta nueva sociedad de comunicación entre máquinas inteligentes nos está volviendo más tontos.
Ya sé que ése no es tu caso, amigo lector; pero sí que es
el mío y probablemente también el de muchos que te rodean –temo que sea el de
demasiados; por lo que tengo observado, en mis ratos de malsana envidia, en los
que espío a los demás acechando a que desatiendan su ayfón! y poder robárselo
–. Dame un segundo para acabar de apptualizar mi telefonino y sigo con mi
cuento, eso sí: ¡gracias por tu compañía!
Imagen tomada
de la web https://www.freepik.com/
Si un hambriento marcianito devoracerebros viniera a la
tierra en prospección de material nutritivo, estoy seguro de que desaconsejaría
la invasión de nuestro planeta, ante el riesgo de intoxicación alimentaria que
la ingestión de nuestros cerebros supondría para su pueblo.
Y es que donde quiera que nuestro visitante se detuviera,
vería alelados que, entre atontados y babeantes, no despegan sus ojos de unas
pantallas palmarias. Inmediatamente comprobaría cómo respondemos los entontecidos a las órdenes
sonoras e indicaciones visuales que emanan de esas pantallas: tocándolas con un
dedo, profiriendo sonidos guturales o quedándonos boquiabiertos.
