Llevo vivida
una buena vida. En gran medida se
basa en una forma de vida que muchos
no aprecian por no ser lustrosa en la feria de vanidades de nuestro día a día.
Pese a mis trompazos contra la realidad, pese a mis problemillas de encaje
social, mi trayectoria vital ha sido
placentera. Mi vidavivida gusta en mí incluso a los desividos. Es como esa cazadora que no
vestirías, pero no puedes evitar reconocer que a otro le queda a medida –mientras
que tu ropaje es, de por vida, despersonalizado
a la moda de la maquinaria industrial–.
La vida cotidiana de una persona sana y cuerda puede ser
dura, terrible, inafrontable...
David Bowie - Ashes to Ashes
Entiendo que una persona que necesite canalizar su dolor lo
expíe de manera creativa, pero me parece inexcusable el que ciertas personas
agraciadas por la vida recurran al tremendismo para llamar la atención, para
darse ínfulas de artista comprometido.
Sé que la deformación académica me ha dotado de técnica para una “palabrería
de salón” que resulta en textos formalmente cuidados pero carentes de vida.
Debo frenar esta deformación creativa que produce el amaneramiento
academicista. Lo deploro desde que alcanzarlo dejó de ser un reto.
Mi personaje literario tiene
(aproximadamente) un 20% de ficción intencionada, un 30% de mi personalidad
pública, un 10% de mi personalidad privada y un 40% de ensoñación inconsciente.
Desde siempre, he sido un “ensoñador”,
alguien que no recurre a la imaginación para anular la realidad, sino que para
poder vivirla. Amenizo, embellezco o intensifico las vivencias cotidianas. Y
este ejercicio de supervivencia individual, tiene también su proyección social.
Soy una compañía entretenida, un interlocutor animoso y un escuchante templado.
Por eso sé que la voz de mi personalidad literaria debe tener el tono de mi
persona —para ser entretenida, animosa y templada—, y alejarse de declamaciones
pretenciosas. Y en ello estoy, intentando apalabrar mi voz ensoñada, entonando
evocaciones de realidad y deseo.
Viendo a nuestros
congéneres subyugados por su móvil, me parece estar ante un remedo actual de
los ‘Hansel y Gretel’ esclavizados por ‘La bruja What’sUp’.
Soy reticente a
nuestra histeria reciente de vender el alma por un ayfón!, prefiero comprarme
un helado y lamerlo al sol.
Las noticias informativas provocan desinformación. Gestores de servicios públicos
delinquen para su beneficio privado. Tenemos como presidentes de gobierno a
caraduras y/”and swindlers”.
Sin dudas que vivimos una realidad de cuento, de esas que protagonizaban los
héroes del pensamiento único y de motivación unívoca.
¡Nuestro ejercicio de la libertad de pensamiento es su kriptonita!
Sólo presto atención a lo que me
interesa, lo que hace que no repare en lo que a la mayoría os resulta evidente. De ahí que en este blog escriba sobre lo que para mí son ninadas y para muchos resulten "perogrulladas".
Desde mi percepción no nos
comunicamos, sino que representamos. No trasmitimos la realidad de nuestros
sentimientos. Sí que adecuamos nuestras palabras y actos a una imagen que
queremos dar en esta sociedad llena de de escritores que no escriben y
vividores que no viven.
Joaquín
Sabina - "Todos Menos Tú"
El caso es ser nosotros mismos con
nuestros ramalazos, mientras corretamos de rama en rama. Lo que nos consideren los desconsiderados, nos da de lado.
No cabe duda de que si uno quiere evitar quedarse aislado del mundo,
tiene que estar al día de los avances ténicos que lo rodean —de si lo acercan al
progreso o al involucionismo—.
El problema con la tecnología es que es también una herramienta de
opresión y control por parte de Los Poderes que Son, a los que ofrendamos
nuestra privacidad e intimidad lo mismo que los antiguos sacrificaban a sus
primogénitos o a sus hijas fértiles.
Creo que los sueños quedan enredados en la falsedad solidaria de las redes
sociales; y lastrados por la mezquindad que convierte al mediocre en tópico
tremendo.
Lo simple y desenfadado de mi “discurso” puede parecer que tiene un
encanto naif de evocación ludita; pero, sinceramente, creo que nuestro abuso de
“Las nuevas tecnologías” y muestra entrega al pensamiento único de Google nos
están vulgarizando.
Aunque mi torpeza internáutica convierte en diestro al zurdo Capitán
Sparrow, llevo 18 años manteniendo a flote esta chalupa chulapa.
Gracias por acompañarme en la singladura, amable leyente. 😉
La Blogosfera está repleta de espacios
donde la ignorancia tiene seguidores y la vulgaridad marca tendencia. De blogs
escritos que dan pena y en los que se presentan como “poemas” textos pergeñados
sin sentimiento, ritmo o expresividad. De blogs en los que se escriben
“relatos” con los que su escriba nos aburre un rato. De blogs en los que se
pegan reflexiones “personales” copiadas con desapego a otros. De blogs para los
que la existencia inquietante de la Inteligencia Artificial no conlleva ninguna
amenaza, ya que en ellos la inteligencia se pinta en lontananza y el artificio,
en el frontispicio.
Ni este blog es artificial ni este escriba
practica el artificio. Este blog —bajo cualquiera de los títulos que ha
conocido en sus casi 18 años de continuidad creativa— es un trabajo de
resistencia, no un ejercicio de resiliencia: soy tozudo, por lo que no me
adapto, sino que persisto. Y la
persistencia de este espacio se debe a que tú le das espacio en tu vida, amable
libreleyente.
Even
now, as the soil I’m standing on increasingly grips me, I find myself at night
gazing at the Moon, trusting that one day I will walk upon it, feeling my feet
barely touch the asphalt of the street I walk back from to your house.
The Police -
Spirits In The Material World
Continuing
with The Police, I believe we are
spirits trapped in a material world: the complexity of our feelings cannot be
reduced to the simplicity of binary code. Just as beauty is not a vulgar
accumulation of pixels reproduced by artificial intelligence.
To
reject technology or the Internet would be to reject the world we live in. But,
returning to The Police, the
solution to our troubled evolution does not lie in surrendering to a colossal
artifice: it helps no one to "like"
something on social media to support a cause if you do it so your "friends" will see it, and not out
of social conscience.
Our life
is in the heart, not in the ether. We will achieve progress as individuals, not
as cyber-users.
Aún ahora que
cada vez me atrapa con más fuerza La tierra, me sorprendo por la noche observando
La Luna, confiando en que en algún momento pasearé por ella, sintiendo cómo mis
pies apenas tocan el asfalto de la que regreso de tu casa.
Siguiendo con The Police, creo que somos espíritus
atrapados en un mundo material: la complejidad de nuestros sentimientos no
puede reducirse a la simpleza de un código binario. Al igual que la belleza no
es una vulgar acumulación de píxeles reproducidos por una inteligencia
artificial.
Renegar de la
tecnología o de Internet, sería renegar del mundo en que nos toca vivir. Pero,
volviendo a The Police, la solución
a nuestra evolución problemática no está en entregarnos al artificio ingente:
de nada ayuda dar a “me gusta” en una red social para apoyar una causa, si lo
haces para que lo vean tus ¿amigos? y no por conciencia social.
Nuestra vida está
en el corazón, no en el éter. El progreso lo alcanzaremos como individuos, no
como cíber-usuarios.
Siempre que concluyo la lectura de una obra de Irvine Welsh, decido que no volveré a leer otra. Mi ética me lleva
a considerar sus ficciones como banalizaciones del mal. Pero tanto en lo
ficticio como en lo real soy caprichoso, no moralista; por lo que siempre
acabo volviendo a leer al banalizador Irvine
Welsh.
La conclusión de esta miniserie belga
cumple lo que su título anuncia: no es una narrativa de ‘asesinatos misteriosos’.
Probablemente sus creadores —Hans
Herbots y MatthiasLebeer— nunca pretendieron que lo
fuera. Y desde el principio nos avisaron de lo que confirma el final incongruente
que dan a la trama de suspense.
Al igual que a sus autores, saber la
identidad y motivos del asesino amenazado me dejó de interesar con la
conclusión del 2º episodio. Me entretuvo su reflexión sobre el Arte y los
artistas; sobre las ínfulas creativas de
quien asume como profesión el oficio de ser ‘artista de vanguardía’ y el
artificio que requiere ungirte la condición de creador –de series o de blogueos–.
No es necesario ser un émulo de SalvadorDalí o del mulo de Ninín para saber que la convivencia humana
requiere de más arte y oficio que la creatividad artística. ¿Que habría sido de
Dalí sin Gala? Pues lo que ha sido de Ninín sin Sidonie: NADA.
Volviendo a la miniserie «Esto
no es un misterioso asesinato», este crítico que no lo es parecería
paranóico si calificase de surrelastas los casi 300 minutos que duran los 6
capítulos que la componen –el paso del tiempo apasionaba a Dalí, a Ninín lo apisona–. El diseño de
producción es logrado, bello y estímulante. La escenografía resulta sugerente e
inmersiva. La distribución de los actores en las escenas buca puntos de luz. El
dobaje al español es un guiño a lo absurdo: Salvo Dalí –al que se baña en sonoridad catalana– el resto de
personalidades y personajes son eco de la misma panlingua –ya sean belgas,
estadounidenses o británicos–.
Aunque no lo parezca, me ha gustado
realmente esta narración transfijada sobre la necesidad de ser reconocido como
lo que quieres ser, no como lo que eres. A ello ha influido la manera en la que
la persona de Magritte (pintor)
evoca –en la desintegración de la persistencia de mi memoria– al personaje de
Maigret –comisario de policía parisino, creado por el escritor belga GeorgesSimenon–.
“Cuando
el hombre quiso imitar la acción de andar, creó la rueda, que no se parece a
una pierna” (GuillaumeApollinaire).
Disimilitud similar a la de esta digresión con un manifiesto.
Creo que la vida es
un paseo. Trato de recorrerla a mi ritmo, siempre que el Destino no me juegue
malas pasadas.
Soy un soñador: no un
hombre de visiones, sino de ilusiones. Cada día, cada hora, cada segundo de mi
vida siento que estoy varado en una tierra sin esperanza llamada REALIDAD. Y
la noción de libertad que muchos perciben en internet es un espejismo para mí.
Y también un terreno de arenas movedizas donde nuestras ilusiones se desmoronan
y se convierten en delirios.
Sí, internet llegó
para quedarse. Es algo genial, pero no es lo real. El problema es que cada vez
más gente no presta atención a la alegría de vivir (tocar, reír, sudar...)
porque están demasiado ocupados mirando una pantalla donde fingen tocar, reír, sudar una
vida real.
Al igual que al caricaturesco
Homer Simpson, mi falta de cerebro me ha desdibujado en innumerables ocasiones
de acabar en plato ajeno (celebro ser un “descerebrado” cuando el gusto de
quienes me rechazan es el de unos sosos vegetarianos de vida desaborida)
Tengo claro que no
provengo de la estirpe “cromañona”: es un adjetivo vulgar, muy poco mono y
demasiado humano. “Neanderthal” es otro retal: suena a tela de la que se hacen
los sueños. Soy un “gijonensis soñadoris
universalis”, de los que sólo evolucionamos cuando revolucionan nuestro
corazón.
Hubo un tiempo en que deseé liderar
movimientos “avant-garde”. Ahora... me conformaría con ser un teléfono “avant”,
con el único móvil de aguardar para lograr escuchar su voz.
‘¿Pueden
los androides soñar con ovejas eléctricas?’ se preguntaba Philip
K. Dick; mi respuesta es: SÍ.
Este humanoide sueña con ser el
móvil inmóvil que duerme a su lado, sonriente y acariciado por sus texteos en
los que proclama su pasión.
Uno, que fue adicto a más cosas de
las que admitiría sin sonrojarse, ya sólo tiene una pasión: la ilusión.
La verdad es que soy un simio descreído, menos cuando estoy frente a un
espejo que siempre me veo “muy mono”
No busco la eternidad, sólo el placer del momento; y de sobra sé que todo
lo que sube acaba por bajar, salvo mis ganas de fantasear.
La Realidad que va más allá del plato de comida –que a día de hoy es algo
que no sé fantasear– se me indigesta o me parece más bien fea –es increíble que
la fealdad humana lleve de moda 25 siglos sobre la pasarela de la historia–.
Los únicos movimientos cíclicos que me llevan a la fascinación, son los
del universo de las caderas cadentes, el resto de ámbitos me son tan extraños como
desconocidos.
Until
recently, my heart was a three-ring circus, where emotional somersaults
alternated with blind shots at the bullseye of love and laughter; shots which I
used to mask my disillusionment.
Until
just a few months ago, I was determined to outpace time to avoid my growing
old. While riding the train of excess, I conmuted the stations of wild nights
and black-out days. I pushed my body and mind to such a breaking point that I
now teeter on the brink of nothingness.
I felt
superior to others: smarter, more resourceful, better…
To
disguise my mistakes, failures, or disappointments, I resorted to the persona
of the damned, the misunderstood, the scorned, the victim… I complained that my
friends or relatives bored me, made me overwhelmed by their presence.
I
accepted being seen as a bohemian –the different one or the odd one– out to
disguise my fear of being identified with a monster. I came to understand other
people's rejection as a sign of their envy; so I fueled it with feigned
indifference.
I
enjoyed watching how those who didn't respect me, feared me.
Just as
I accumulate books or films I'll never approach, I've piled up relationships. I
treated people like volumes you place on a shelf and trust they will always be
there, where you’ve left them, waiting for you to bless them with your
attention.
My
eternal flight forward and my feigned existential angst were sustained by a
constant stream of plans to improve upon what was lost: people to meet, books
to read, excesses to discover… If something hurt me, I complained until I got
sick of it, which fueled my resentment. I returned to my petty vices. Other
people's decisions were like winter's attacks against the spring of my spirit.
As of today, Spring has returned. I welcome it
with enthusiasm.
“Para decir adiós” – José Feliciano & Andrea Tessa
He aceptado ser visto como el bohemio, el
diferente o el raro para disimular mi miedo a que se me identificara con un
monstruo. Llegué a entender el rechazo ajeno como una nuestra de envidia; por
lo que lo azucé con pretendida indiferencia.
He disfrutado viendo cómo quien no me
respetó, me temió.
Al igual que acumulo libros o películas a
las que nunca me acercaré, he amontonado relaciones. Traté a las personas como
novelas que posas en un estante y crees que siempre estarán allí, donde las
dejaste, esperando a que las bendigas con tu atención.
Mi eterna huida adelante y mi pretendida
angustia vital, se sustentaban en un constante tener planes que mejoraban a lo
perdido: gente por conocer, libros por leer, excesos por descubrir… Si algo me
hacía daño, me quejaba hasta la náusea, y avivado por el rencor retomaba mis
vicios pequeños. Las decisiones de los demás eran ataques del invierno contra
la primavera de mi ánimo.
Hoy y ahora ha vuelto la primavera. La recibo
con ánimo.