Nuestros amigos primates no son tan primos como para someterse voluntariamente a ninguna esclavitud disfrazada de liberación, ni afirmarían que su vida no fue vida hasta que tocaron su primer ayfón!
Respuestas que sí son las nuestras.
Y que son paralelas –además de ser de lelos– a las que los científicos
hambrientos de conocimiento encontraban en los simios a los que sometían a
estimulación, en la época en que nuestra especie se supravaloraba como
inteligente y se dedicaba a experimentar con los demás, en vez de atender a los
suyos. Eso sí, con una gran diferencia que deja clara nuestra deficiencia:
Mejor nos iría de vivir en un
planeta de simios y no de nimios: ¡habría más primate y menos botarate!
Imagen tomada de Internet (no es un autorretrato)
