Ven y enloquece

Ven y enloquece
Aunque este blog lo firme Nino Ortea, pertenece a quienes lo sentimos nuestro al leerlo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Fíjate en eso que brilla (1X03)


Las seis temporadas de Perdidos, en conjunto, convierten el título de la serie en calificativo especificativo de los minutos a ella dedicados.

Fallida, torpe, pretenciosa y falsa. No me estoy refiriendo al nombre de las islas que forman el archipiélago donde varan nuestras ilusiones perdidas. Ése sería mi epitafio a la producción televisiva tras su final zafio. Finiquito con el que se cerró una narración que ahora quebranto como aparatosa y pretenciosa. Insuflada de sugerencias tan vacías como las promesas de amor en unos labios de compra-venta. Algo parecido a ese derrumbe que te invade cuando, tras pasar del twuiteo al tuteo, descubres que la sugerente, cuando ausente, pertenece, ya presente, a la tribu del Kúalo?, versión vulgo / vulgaris ¿qué haces tú por estos laris?


Del devocionario al bestiario justo cuando menos lo esperaba.

Vuelta a empezar.

Vuelta a emocionarme.

Vuelta a enamorarme.

Life is a rollercoaster, just gotta ride it.


Sin embargo, con esta serie me ocurre como con esos amores a contratiempo entre la pasión y la desgana. Una vez superado el desencanto, no puedo renegar de la manera en que Perdidos atrapó mi atención, hilvanó lo sugerente con lo sugestivo y me hizo sentirme menos raro en mis rarezas.

Al igual que los protagonistas allí serializados, tiendo a abandonar la seguridad de continentes vitales, tan cartografiados como previsibles, por la insularidad de la inseguridad de sentirme vivo. Lo hice; y lo volvería a hacer. Lo mismo que ellos, también he viajado en el tiempo para revivir un pasado que me es tan esquivo como la luz del sol en un atardecer de diciembre. Todo es efímero; pero lo volvería a sentir. No he visto naves de ataque en llamas más allá de la nebulosa de Orión; pero sí que he saltado en pleno vuelo de lo que se me había ofrecido como nave de rescate. Superé mi vértigo; y lo volvería a hacer. Es cuestión de técnica. Aunque no he aprendido a caer, sí que voy sabiendo cómo levantarme.


Puestos a admitirlo, lo admito:

También he leído a John Steinbeck buscando olvidarla.

También creo que el amor es algo que se vive una vez y se revive toda una vida.

Sé que la tierra es redonda y lo único plano que me guía a ella son mis pies romos.

Sé que soñar despierto es la manera de mantener cerca a los seres queridos perdidos.

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