Confío
en que estés bien. Gracias por tu compañía.
Tengo
que admitir que los palos del desprecio y las piedras del desdén llegan a dislocar
huesos de mi armazón anímico; pero las palabras afables siempre alivian cualquier
daño y me alejan de la condición de huraño.
Te
agradezco el que leas lo que comparto y el que lo comentes, amablemente, con
palabras dirigidas a mí: por favor respeta las opiniones ajenas. Quien te
escribe soy yo; y sobre mis escritos puedes opinar lo que éstos despierten en
ti. Pero las palabras de otros son impolutas para mí y no tolero que las
mancillen esputos de insidia.
Por
suerte, son pocas las veces en las que he recibido visitas groseras desde que
abrí este blog el domingo 20 de julio de 2008. Catorce años desde entonces, con
sus ganancias y sus mermas. Cada día estoy más viejo, con cada latido me siento
más pellejo… y aún así me sonrojo ante el manojo de aprecios que me regaláis
quienes venís bienintencionados a este blog.
Gracias, amable leyente. Gracias
a ti y a todos los que me habéis hecho o me hacéis un hueco a vuestro lado. Aunque
ya no estéis en mi vida; o aún no hayáis llegado a ella cuando escribo esta
entrada para el blog.
Podemos
estar desarbolados de toda gracia, pero nunca arriados en la desgracia. No
podemos dejar que los océanos de miserables que nos salpican con sus aguas
negras nos hagan sentir míseros. Valemos mucho más que eso. Tú
no eres más ni menos que nadie, simplemente eres tu todo. Quiérete y, a tu
manera, cuídate. Empieza por alejarte de las malas compañías. Gracias por
unirte con buen ánimo a nuestra compaña.
Tal
y como escribía entonces lo subscribo ahora en este julio de 2022 en el que
nuestro blog ha cumplido catorce años. Catorce
años después ya no persigo sueños rotos. Los coso con el hilo de tu compañía. Y
los firmo con mi nombre de pila, no apilado bajo un anónimo: mi nombre es Nino
Ortea.
¡Gracias
por venir y enloquecer, amable leyente! Gracias por ayudarme siempre, espero haberte
ayudado alguna vez.
Hay veces en las que no vemos cercana
una posibilidad de escape de una realidad macilenta.
Ocasiones en las que resulta difícil
mantener la confianza. Y más cuando en nuestro entorno personal el triunfo vital
se asocia a rendirse ante las imposiciones sociales. Imposiciones que reducen
el aliciente de vivir a sobrellevar una existencia ridícula. Existencia azuzada
por autoimposiciones como la de anhelar en que algún día substituirás tu ocultable
teléfono actual por un exhibible iPhone.
A los cuerdos de apatía social les
faltan ganas de conocerse y descubrir a los demás. A estos acordados con el
tedio impuesto, les sobra tiempo para descuidar a los discordes, para hacernos de
menos o intentar inocularnos sus miedos.
—¿Qué vejez te espera de seguir así,
Nino? Ya va siendo hora de que sientes la cabeza.
—Yo me tengo que levantar todos los
días para ir a trabajar, no como tú, vividor.
Muchas veces llevo oído que soy un
hombre sin ambiciones, pues no deseo un trabajo estable ni una vida acomodada. Tantas
como las veces que llevo afrontando sus desmerecimientos por mi carecer de su
nivel de su consumo económico.
—“Tanto
tienes, tanto vales”.
—“Chi non
lavora non fa l'amore”.
Se equivocan si creen que los
escucho. Se equivocan al prejuzgarme desde su adocenamiento. Mi vida no es
acomodada, pero si confortable; y tengo una gran ambición, la de ser feliz.
Valgo lo que importan mis actos. Y no necesito hacer amor, ya existe y
simplemente lo comparto.
Para vivir tenemos que sobrevivir a
los caprichos del destino que nos maneja cual marionetas. Eso es cuestión de
suerte vital. Pero también necesitamos determinación para atrevernos a ser
quienes sentimos que somos y no lo que se espera que seamos. Eso es cuestión de
rebeldía social.
Hay momentos, amable leyente, en los
que no vemos posibilidad de escape de las arenas movedizas de la Realidad. Pero
eso no quiere decir que no haya gente aquí fuera, en el éter de Internet, dispuesta
a tendernos su brazo para liberarnos de la apatía que nos irrealiza.
Una vez
más, gracias a todos los que confiáis en mí como escritor. Y, ante todo,
gracias a quienes me aprecias como persona: primero soy Nino; luego, Nino
Ortea.
El ánimo es algo que se puede
compartir. Seguro que al alcance de tu voz tienes a alguien víctima del desasosiego.
Ayúdalo.
Con el tiempo, sólo recordará a
quienes lo ayudaron y se habrá olvidado de los imperdonables que intentaron
arrinconarlo mientras lo señalaban y le gritaban:
—¡Vete y delira!
Con el tiempo, esa persona reconfortada
–a la que por su vivir diferente denostaban como “ido”– al encontrarse a un
igual le dirá:
—Ven y enloquece.
Tu sito está a nuestro lado, en un
callejón creativo donde liebres y tortugas correteamos a nuestro ritmo. No te
sientas un desheredado en las avenidas del pavoneo, date el lujo de ser tú
mismo en la travesía que va de la Realidad al Deseo.
Quiero
dedicarle este texto a Flor. Gracias
compañera por todo el afecto que me dedicas. Gracias por pasarte a mi lado y avivar
un fiestón en cada callejón.
¡Salud
y suerte, Flor! ¡Ojala tus deseos
confluyan en realidades!
Ha fallecido el
escritor estadounidense Harlan Ellison.
Más allá de sus trabajos literarios, probablemente hayas disfrutado de muchos
de sus guiones cinematográficos o televisivos.
Por otro lado, hoy me
he decidido a despedirme por el momento de este blog.
Han pasado casi diez
años desde que abrí «Ven y enloquece». Y,
sinceramente, estoy desmotivado para continuar blogueando. Tanto lo vivido como
lo fantaseado aquí durante esta década son actos de ilusión de mi persona y
actuaciones de ilusionismo de mi personaje. Pienso que, en gran medida, esa combinación
entre Realidad y Deseo habla de cómo he vivido estos casi 3650 días de
navegación en Internet: como un náufrago que nunca ha estado solo. Gracias por
no haber hecho de las vuestras unas costas extrañas para este Gulliver.
Incluso en el caso de
textos aparentemente livianos, simefijo en la foto que los acompaña, en
su título o en la fecha de publicación, veo matices muy personales. Y es que, a
base de topetazos con la Realidad, este proyecto artístico se fue convirtiendo
en un libreto expresivo de mis deseos: encontrar tranquilidad, aislarme de los
excesos y dejar que mi personalidad ensoñadora —la que firma como Nino
Ortea—diera cuerpo a su anhelo literario.
Atrás fueron quedando
mis fantásticas intenciones para ese blog, impregnadas de la sinceridad que permite
la inmediatez en Internet. Siempre vi en «Ven y enloquece»
un valor instrumental: lo entendí como una mera herramienta de aprendizaje del
proceso de creación literaria. Mi heterónimo no era del mismo sentir: él tenía
para este blog grandes planes, de ahí que siempre que yo me proponía dejarlo
atrás, él lograra que los dos acabáramos volviendo aquí. A este escenario que
para él siempre ha tenido esa magia comunicativa que conlleva la ruptura de la
cuarta pared y hace que el personaje se convierta en escritor, y los lectores
en coautores. Muchas de sus “enninaciones” son resultado del efecto exultante
que en él ha producido el privilegio de contar con la compañía lectora y
recreativa de personas como Clarisa,
Demiurgo, Carmen… O más
recientemente Mujer Virtual, cuyos
comentarios frescos en entradas que temía marchitas me han hecho darme cuenta
de que, en gran medida, las decisiones que he ido tomado respecto a «Ven y enloquece» acabaron resultando
acertadas.
Pero, es un hecho que
—a medida que mi condición de ficcionador se ha ido asentando en el mundo del
papel— me he ido alejando del universo digital. No miento cuando afirmo que,
como persona, recelo de Internet; pero mentiría aún más si no admitiera que mi
heterónimo es feliz aquí junto a vosotros, amables leyentes.
A mí —Nino— me gusta
el mundo del papel, abordar el reto que conlleva la realización de un libro. La
explicación es sencilla: a la parte creativa, se une el aliciente de solventar
el enigma que supone el emprender cada autoedición. Elegir el tipo de
paginación, la tipografía, la cubierta… No voy a cometer la boutade de comparar
cada uno de mis libros con un hijo, pero han sido fuente de ilusión y lo son de
esperanza.
En mi constante
persecución del cambio, me había propuesto para este año el reto de lograr que
una de mis novelas o antologías fuera editada por otros. Ésta es mi idea de
profesionalización: lograr que un profesional literario muestre su interés por
publicar mi obra. Y no desisto de ella, aunque soy consciente de que su
materialización no depende de mí, sino de un capricho del destino. Pero soy tan
caprichoso como tozudo, y no me llevo mal con el Destino. Por lo que me
mantengo en la intención de que mi ficción sea editada por otro.
Pero Nino Ortea
necesita este blog. Y si quiero que esté contento no puedo quitárselo. He
llegado al siguiente acuerdo con él: nos tomaremos unas semanas alejados de
Internet. Sólo me conectaré por motivos personales al correo electrónicos.
Durante este tiempo, buscaremos una nueva manera para bloguear de acuerdo con nuestras
inquietudes —el blog no es sólo suyo, también es mío y vuestro—.
Tanto mi heterónimo
como yo nos reconocemos fascinados por el “decadentismo”—embellecemos una vida
afeada por la Realidad— y coincidimos en querer evitar la decadencia de «Ven y enloquece».
Hace casi diez años,
la entrada “El porqué de las cosas” supuso el punto de arranque de este blog.
Hoy, estos porqués suponen un punto y aparte.
Aquí continúo escribiendo mi informe sobre el inexistente Nino Ortea. Por si se
le había olvidado, este ilustre escribiente no es otro que el Doctor en
Egomanía Alex Zorka. Doy por sentado que me conocerá por mi anterior tratado
“Sobre
la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos”.
Como
supongo que ya no se encontrará usted alterado tras haberle desvelado ese
primer misterio desninante, comienzo en este informe la gloria de mi magisterio.
Nunca sabré
lo que llevó a Tino Portea –al que usted,
lector, conoce bajo el infantil alias de Nino Ortea–a llamar a las puertas
de mi centro; aunque todo indica que era víctima de un estado pasajero de desorientación
mental, resultante de un cúmulo de tensiones emocionales y privaciones físicas.
A)Estaba
afectado por una pérdida muy dolorosa en su entorno afectivo.
B)Era una persona
con una necesidad incontenible de ser escuchado.
C)La falta de
un trabajo estable lo había llevado a tener un exceso de tiempo indolente, en
el que se había obsesionado con su situación emocional.
D)Su mente
había reaccionado frente a esta frustración vital creando la figura de “El Otro”. En su caso, había desarrollado
una persona que encarnaba sus fantasías; mientras Nino proyectaba todas sus
penas y culpas sobre su verdadero yo.
Decidí permitirle quedarse en mi centro durante esa
noche. A a la mañana siguiente se levantó muy servicial: ayudó en todos los preparativos
para disponer el salón de cara al turno de desayuno de mis usuarios; y mostró
una gran facilidad para interactuar tanto con el personal como con los
huéspedes. Especialmente con las damas de cierta edad, que se mostraban
embelesadas por su palabrería.
O, más bien debería decir por el encanto de su alter
ego: Nino Ortea.
Tras el desayuno se dispuso a dejarnos, pues debía regresar
a su casa. Se ofreció en voz alta a pagar por el desayuno y la cama, para lo
que sacó la tarjeta de un videoclub, mientras me preguntaba si podía pagarme
posando como modelo para mis clases de anatomía.
Atraído por la curiosidad sobre su caso –que me recordaba
al "Síndrome Drakul" padecido por el gran
Bela Lugosi– me ofrecí a darle trabajo
como chico de los recados, confiando en que al tenerlo cerca podría ayudarlo
sin que su egocentrismo rechazara mi favor.
Ajustándome a lo relativo a este blog, les contaré su
génesis:
Tino se veía
como un escritor maldito, víctima de la incomprensión ajena; por lo que lo
había animado varias veces a abrir un blog en el que volcar su creatividad frustrada.
Cuando en la noche del 18 de julio de 2008, me pidió permiso para usar mi
conexión a Internet para abrir “el blog
que convertirá a los demás en meros blocs”, accedí encantado. Así que
olvídese de esa fantasía recurrente en la que dice que piratea la señal a un
vecino: Tino postea desde
este centro con su portátil, usando la red wifi que YO pago religiosamente.
Disculpe pero me esperan en la sala de tratamientos,
debo comprobar los efectos lisérgicos de dar penicilina a los alérgicos.
Mañana continuaré con mi exposición de la inexistencia
de Nino Ortea.
Le escribe
el Doctor en Egomanía Alex Zorka. Doy por sentado que me
conocerá por mi participación ausente en la programación televidente de espectáculos
tan turgentes como Gran Hermano VIP.
Imagino
que se preguntará la causa de las multiplicadas ausencias de Nino Ortea
de este blog. Si usted es de los que se tragó lo de su viaje a Oslo o lo de sus
ausencias para contactar con “musas creativas”, permítame asegurarle que inocencia
como la suya explica el que Rajoy denigre
nuestra paciencia al sisear que la crisis ya se ha acabado.
En
este domingo tan frío confío en no dejarlo helado, venyenloquecido lector; pero
me veo obligado a comunicarle un par de realidades en lo imaginado desde este
blog. Triquiñuelas que ya resultaba locuelo intentar hacerlas colar por más
tiempo:
1) Nino Ortea no existe.
2) “Trostélido” no es tan siquiera un palabro
lingüístico, más bien nos encontramos un descalabro ninístico. No aparece en
ningún diccionario ni manual de uso, ni siquiera en el del luso.
Antes
de que usted también retuitee el hastag #loDeNinoEraUnTimo me va a permitir que me
explique, a fin de evitar que su alegría tras leer esta confirmación lo lleve a
unirse a los ataques de histeria colectiva que imperan entre la legión de detractores
de este pésimo blog y de su optimista creación: Nino Ortea. Para ello, permítame
que haga historia:
En
la noche del 16 de noviembre de 2006, un por entonces desconocido rompió la
tranquilidad de mi centro de reposo para todo aquel que cree ser un oso, siendo
sólo un soso, o un yogui, sin hacer yoga.
Extremadamente
delgado, ligeramente desaliñado e incapaz de centrar la mirada, expresiones
como “¡jar¡, chanchi, trostélido o
pellejuda” llamaron la atención del recepcionista de noche de mi centro, a
quien se había dirigido para preguntarle si podía fotocopiarle el último número
de la revista Super Pop para así
poder recortar el original.
Fui
avisado por el conserje a fin de que le diera mi consentimiento para telefonear
a las fuerzas del orden. Inmediatamente adiviné que me encontraba ante un
posible cliente, y ante el aliciente crematístico Tras verlo, me llamaron la
atención su mal olor, su soberbia y su capacidad para simular estar cuerdo,
recurriendo a una verborrea rimbombante de petulante.
Fumador
compulsivo, bebedor impulsivo, insomne e indecente. Esos rasgos enseguida me resultaron
evidentes con sólo verlo frente a mí desnudo, con un gorro de dormir en la
cabeza, una colilla en la boca y una botella de brandi en la mano derecha, en
la izquierda estrujaba una revista con portada de Los Pecos.
Tras dejarlo hablar de sí mismo –resultaba ameno pese a
su discurso monotemático– fui descubriendo una serie de realidades evidentes,
ocultas bajo su desvarío.
Como
supongo que se encontrará usted alterado tras haberle desvelado este primer
misterio, dejo para un segundo informe la gloria de mi magisterio.