domingo, 20 de febrero de 2022

Hay que vivir

Hola, amable Leyente, confío en que estés bien. Gracias por tu compañía lectora. Como probablemente sepas, hacía más de dos años que no actualizaba este blog.

Durante este infierno de latencias, a una mala situación personal, se unieron una crisis familiar y una pandemia mundial. Todo diagnosticaba que esa “crisis familiar” no viviría para comer las uvas del año 2019… y acabamos sobreviviendo tres nocheviejas en un paseo tortuoso por la vida y la muerte. Paseo endemoniadamente dramático durante el que padre e hijos nos trasfiguramos en Virgilio, Dante y Beatriz; y –al igual que los personajes dantescos– abandonamos toda esperanza a las puertas de un infierno de nueve círculos polares al que entramos tres y del que salimos dos.

Durante este invierno de ausencias, he sentido el calor del amor de mi hermana y de la amistad de Auroratris (hoy mismo me ha vuelto a animar a que retome la escritura y el blog).  No quiero eclipsar a ninguna otra de las contadas personas que me han destellado durante este eclipse; pero son ellas dos, Hermana y Amiga, quienes han traído la luz del amanecer a noches que temía eternas.



En agradecimiento a ellas y en recuerdo de quienes no olvido, intento no conformarme con sobrevivir y ambiciono vivir.

“Hay que vivir, Ninín” –me digo cada mañana al levantarme.

Hay que convivir, afable Leyente, con el dolor de la pérdida y el bálsamo del descubrimiento.

Disculpa la desmaña de este texto atrancado. Estoy bastante oxidado en lo comunicativo. Confío en ir ganando soltura expresiva a la par que recupero desenvoltura vital.

Salud y suerte, sublime Leyente.

 

ŋinO. Gijón. 2022.

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