El desánimo es siempre una amenaza a la sombra de cualquier acto compartido. Muchas veces obtengo respuestas tan desatentas a mis inquietudes que me resulta inevitable sentir desencanto. Es más, creo que ese desencanto es una forma de protegerme, pues es un atajo para que el recuerdo inconsciente se convierta en olvido consciente.
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