Muchas gracias por vuestro tiempo de lectura.
La Blogosfera está repleta de espacios donde la ignorancia tiene seguidores y la vulgaridad marca tendencia. De blogs escritos que dan pena y en los que se presentan como “poemas” textos pergeñados sin sentimiento, ritmo o expresividad. De blogs en los que se escriben “relatos” con los que su escriba nos aburre un rato. De blogs en los que se pegan reflexiones “personales” copiadas con desapego a otros. De blogs para los que la existencia inquietante de la Inteligencia Artificial no conlleva ninguna amenaza, ya que en ellos la inteligencia se pinta en lontananza y el artificio, en el frontispicio.
Ni este blog es artificial ni este escriba
practica el artificio. Este blog —bajo cualquiera de los títulos que ha
conocido en sus casi 18 años de continuidad creativa— es un trabajo de
resistencia, no un ejercicio de resiliencia: soy tozudo, por lo que no me
adapto, sino que persisto. Y la
persistencia de este espacio se debe a que tú le das espacio en tu vida, amable
libreleyente.
GRACIAS.
Even now, as the soil I’m standing on increasingly grips me, I find myself at night gazing at the Moon, trusting that one day I will walk upon it, feeling my feet barely touch the asphalt of the street I walk back from to your house.
The Police - Spirits In The Material World
Continuing
with The Police, I believe we are
spirits trapped in a material world: the complexity of our feelings cannot be
reduced to the simplicity of binary code. Just as beauty is not a vulgar
accumulation of pixels reproduced by artificial intelligence.
To
reject technology or the Internet would be to reject the world we live in. But,
returning to The Police, the
solution to our troubled evolution does not lie in surrendering to a colossal
artifice: it helps no one to "like"
something on social media to support a cause if you do it so your "friends" will see it, and not out
of social conscience.
Our life
is in the heart, not in the ether. We will achieve progress as individuals, not
as cyber-users.
Aún ahora que cada vez me atrapa con más fuerza La tierra, me sorprendo por la noche observando La Luna, confiando en que en algún momento pasearé por ella, sintiendo cómo mis pies apenas tocan el asfalto de la que regreso de tu casa.
Siguiendo con The Police, creo que somos espíritus
atrapados en un mundo material: la complejidad de nuestros sentimientos no
puede reducirse a la simpleza de un código binario. Al igual que la belleza no
es una vulgar acumulación de píxeles reproducidos por una inteligencia
artificial.
Renegar de la
tecnología o de Internet, sería renegar del mundo en que nos toca vivir. Pero,
volviendo a The Police, la solución
a nuestra evolución problemática no está en entregarnos al artificio ingente:
de nada ayuda dar a “me gusta” en una red social para apoyar una causa, si lo
haces para que lo vean tus ¿amigos? y no por conciencia social.
Nuestra vida está
en el corazón, no en el éter. El progreso lo alcanzaremos como individuos, no
como cíber-usuarios.
Siempre que concluyo la lectura de una obra de Irvine Welsh, decido que no volveré a leer otra. Mi ética me lleva a considerar sus ficciones como banalizaciones del mal. Pero tanto en lo ficticio como en lo real soy caprichoso, no moralista; por lo que siempre acabo volviendo a leer al banalizador Irvine Welsh.
La conclusión de esta miniserie belga
cumple lo que su título anuncia: no es una narrativa de ‘asesinatos misteriosos’.
Probablemente sus creadores —Hans
Herbots y Matthias Lebeer— nunca pretendieron que lo
fuera. Y desde el principio nos avisaron de lo que confirma el final incongruente
que dan a la trama de suspense.
Al igual que a sus autores, saber la
identidad y motivos del asesino amenazado me dejó de interesar con la
conclusión del 2º episodio. Me entretuvo su reflexión sobre el Arte y los
artistas; sobre las ínfulas creativas de
quien asume como profesión el oficio de ser ‘artista de vanguardía’ y el
artificio que requiere ungirte la condición de creador –de series o de blogueos–.
No es necesario ser un émulo de Salvador Dalí o del mulo de Ninín para saber que la convivencia humana
requiere de más arte y oficio que la creatividad artística. ¿Que habría sido de
Dalí sin Gala? Pues lo que ha sido de Ninín sin Sidonie: NADA.
https://www.blogger.com/blog/post/edit/50098526526147839/5515403460775253197
Volviendo a la miniserie «Esto
no es un misterioso asesinato», este crítico que no lo es parecería
paranóico si calificase de surrelastas los casi 300 minutos que duran los 6
capítulos que la componen –el paso del tiempo apasionaba a Dalí, a Ninín lo apisona–. El diseño de
producción es logrado, bello y estímulante. La escenografía resulta sugerente e
inmersiva. La distribución de los actores en las escenas buca puntos de luz. El
dobaje al español es un guiño a lo absurdo: Salvo Dalí –al que se baña en sonoridad catalana– el resto de
personalidades y personajes son eco de la misma panlingua –ya sean belgas,
estadounidenses o británicos–.
Aunque no lo parezca, me ha gustado
realmente esta narración transfijada sobre la necesidad de ser reconocido como
lo que quieres ser, no como lo que eres. A ello ha influido la manera en la que
la persona de Magritte (pintor)
evoca –en la desintegración de la persistencia de mi memoria– al personaje de
Maigret –comisario de policía parisino, creado por el escritor belga Georges Simenon–.
“Cuando
el hombre quiso imitar la acción de andar, creó la rueda, que no se parece a
una pierna” (Guillaume Apollinaire).
Disimilitud similar a la de esta digresión con un manifiesto.
Gracias por tu compañía, amable leyente.
https://www.filmin.es/serie/esto-no-es-un-misterioso-asesinato
Creo que la vida es
un paseo. Trato de recorrerla a mi ritmo, siempre que el Destino no me juegue
malas pasadas.
Soy un soñador: no un
hombre de visiones, sino de ilusiones. Cada día, cada hora, cada segundo de mi
vida siento que estoy varado en una tierra sin esperanza llamada REALIDAD. Y
la noción de libertad que muchos perciben en internet es un espejismo para mí.
Y también un terreno de arenas movedizas donde nuestras ilusiones se desmoronan
y se convierten en delirios.
Sí, internet llegó
para quedarse. Es algo genial, pero no es lo real. El problema es que cada vez
más gente no presta atención a la alegría de vivir (tocar, reír, sudar...)
porque están demasiado ocupados mirando una pantalla donde fingen tocar, reír, sudar una
vida real.