Tras dieciocho años novelescos, aún no he probado mi valía creativa como novelista. Y, objetivamente, a mis 61 septiembres me considero demasiado viejo para ser un fabulador novel. A este hecho, a este cúmulo de trabajos añejos –son 15 las obras que llevo autoeditadas en Amazon–, se une la consciencia de que mi actitud creativa ha sido inconscientemente una ineptitud iterativa.
