Prueba de esta iteración es este blog simplón, donde el repetitivo canto a mí mismo lo disimulo como ‘ninismo’. Básicamente soy el que era cuando abrí «Ven y enloquece»: un enloquecido que pasa desapercibido salvo para cuatro gatos y cinco gatitas que tienen el buen gusto de frecuentar el tejado de Librelena.
