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martes, 14 de febrero de 2017

Retorelato II: ELDE Reto 10: Historia que evoca niñez

Poco a poco, de manera perezosa, la ciudad va recuperando su ritmo. Mientras el corazón de Tino avanza de regreso a su nueva casa, su mente callejea por el pasado.
Las mañanas de sábado siempre han tenido un encanto especial para él. Ya de niño le gustaba levantarse temprano para aprovechar en su plenitud ese día sin colegio; mientras sus hermanas disfrutaban a pierna suelta de un par de horas más de sueño, él se levantaba en cuanto escuchaba abrirse la puerta del cuarto de sus padres.

Papá lo recibía con un gesto dormido, que no podía entumecer su sorpresa al ver que su hijo volvía a preferir su cercanía a la de las sábanas. Era en esos madrugones de sábado cuando Tino más gozaba de la compañía de su padre, al que acompañaba invariablemente en sus visita semanales al garaje donde dejaba la camioneta del trabajo para que le echaran un repaso.
A Tino no le gustaban los coches, ni siquiera los de juguete, pero sí que le fascinaba la expresión atenta e inteligente que su padre ponía al volante. Normalmente papá estaba muy cansado cuando lo veía por semana –su rostro estaba apagado y su mirada sin brillo; su energía se había mareado tras tantas horas al volante–; al regresar del trabajo apenas hablaba con su hijo, y sus conversaciones más largas ocurrían cuando Tino volvía con alguna nota de castigo escolar a casa.
Foto sin acreditar, tomada de Internet y remontada para esta ficción

El garaje olía a humo y aceite, por lo que Tino solía quedarse a la puerta del negocio, conversando con alguno de los mecánicos a los que sorprendía que el muchacho no mostrara ningún interés por los vehículos que había dentro. Tino sólo estaba pendiente de su padre y en cuanto lo veía acercarse, corría hacia él.
El taller mecánico distaba de casa un paseo de diez minutos, de ahí que solieran volver caminando, a menos que hubiera roto repentinamente a llover. Efectuada la visita de rigor al quiosco-estanco, donde papá se aprovisionaba de su suministro semanal de tabaco y él de sus lecturas regulares de tebeos, les tocaba detenerse en la pastelería.
Bueno, primero se paraban frente al escaparate del establecimiento, desde el que Tino seleccionaba su futuro botín. Papá le dejaba escoger los pasteles para todos, menos para mamá. A ella siempre se los elegía papá de entre los especiales, que estaban guardados en una vitrina refrigerada.
De vuelta a casa, mamá levantaba a las hermanas y la familia desayunaba junta.


Ya de adulto, las mañanas de sábado siguen teniendo un encanto especial para Tino. De la que cruza el portal, a la vuelta de su trabajo nocturno en el servicio de atención telefónica de un garaje, imagina la alegría de su hija tras encontrarse, a la hora del desayuno, media docena de croissants y el suplemento infantil del periódico. Confía en que el pastel que le ha comprado a su esposa no haya perdido frescura en esos minutos que lleva fuera de la vitrina refrigerada.
Al abrir la puerta de casa, el olor a café recién hecho lo saluda. Su paseo por los sábados de la niñez concluye con un presente de aroma similar al de su infancia.



martes, 7 de febrero de 2017

Retrato de un hombre a la espera

  
"Woman sitting in kitchen in the shadows" by Getty Images
Hola, este relato forma parte de la antología «Nada ha sido probado», disponible en Amazon por 0,99 €.

Gracias.

Este relato fue escrito inspirado por el primero de los "52 retos de escritura" que se nos proponen desde el blog "El libro del escritor":
Reto 01: Escribe un relato que comience en un día de Año Nuevo
http://blog.ellibrodelescritor.com/52-retos-de-escritura-para-2017/


ELDE: 52 retos de escritura para 2017

Me empeño en escribir sobre mi soledad, y lo contradictorio es que lo haga aquí, en este blog donde sólo encuentro compañía.


Hoy he leído en el blog «Fragmentos del alma» un nuevo relato sugerente, cuento que Alma ha escrito de bajo la inspiración temática de los “52 retos de escritura para 2017”, que se nos proponen en libertad desde el espacio El Libro del Escritor.

El único requisito que se requiere para participar en esta hermandad creativa, como podéis comprobar si pulsáis aquí, es apuntarte al “reto” en el blog «El Libro del Escritor».

El cómo, cuánto y cuándo escribamos, depende de nosotros. Yo aún no tengo decidido cómo abordaré los “retos”, aunque mi intención es la de publicar en lo que queda de año los 51 relatos que me quedan pendientes, pues acabo de escribir uno y, tras dejarlo reposar por un rato, lo corregiré y subiré.

Mi reto personal es el de subir los textos en el mismo día en que los escribo y hacer de la convocatoria un caprichoso diario creativo. El tema y número de cada sugerencia figurarán al final del cuento que han inspirado.



Vuelvo dentro de un rato (si no me vuelven a cortar el acceso a Internet)

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